Opinión de Julia Carabias
En los primeros días de febrero ocurrió un fenómeno meteorológico natural que consistió en la combinación de una masa de aire frío del norte con una masa húmeda sobre el Pacífico, lo que provocó una inusitada precipitación pluvial en una gran parte del país.
Para dimensionar la magnitud del agua precipitada, bastan los siguientes ejemplos: en El Berro, estado de México, en un solo día, el 3 de febrero, llovió la cantidad de 169 milímetros, casi equivalente a la lluvia promedio en todo el estado durante el mes de julio o el de agosto (los más lluviosos del año); o bien el caso en la delegación Tlalpan, Distrito Federal, en donde, ese mismo día, llovió 96 milímetros, casi 12% de la lluvia anual en el DF; o en El Bosque, Michoacán, en donde la precipitación fue de 144.5 milímetros. Estos datos contrastan con la precipitación promedio de febrero entre 1945 y 2005, la cual, para el estado de Michoacán es de 6.1 y para el DF y el estado de México es de 4.4 milímetros.