COMPARTE SU HOGAR CON 200 PERROS
10.11.08 - Leído 17 veces. Enviar esta notaCristóbal puede definirse como un amante de los perros, en su hogar brinda albergue a 200 canes, los alimenta y busca que los adopten
MÉXICO, D,F; 11 octubre 2008.- Al abrir los ojos, lo primero que ve es la peluda faz de uno de sus cerca de 200 protegidos que, con insistentes ladridos, le recuerda que es hora de iniciar otra jornada laboral.
Cristóbal Suárez, de 46 años de edad, se incorpora del catre y camina sobre los periódicos que protegen el suelo de las heces caninas; sale al patio de la casa de 12 cuartos, ubicada en las faldas del Cerro del Chiquihuite y se encuentra con sus demás mascotas, las cuales esperan las atenciones de su amo.
A pesar de que Cristóbal, quien ha venido recogiendo perros desde el año 2000, tiene que limpiar el terreno, alimentar, bañar, pelar y vacunar a sus canes, asevera, ellos son el motivo de su felicidad
Mi vida fue siempre vacía, nunca hice nada de provecho, pero, desde hace ocho años, día con día puedo decir qué he hecho, me siento pleno”, afirma, “con nada me quitan la satisfacción de ver a un perro que estaba sufriendo en la calle y que lo traigo aquí y se siente seguro”.
Las críticas de quienes piensan que está a un paso de rebasar la línea de la cordura, así como las de su familia que le cuestiona cómo es que teniendo una carrera se sacrifica cuidando animales, no afectan su convicción de proteger a sus lanudos amigos.
Administrador de empresas turísticas, Cristóbal rememora los tiempos en que viajaba y tenía dinero, gracias a su trabajo; sin embargo, la pérdida de “Puchi”, la perrita con la que, asegura haber convivido durante 18 años, cambió su vida.
Cristóbal la encargó con una sobrina en Puebla, donde radicaba, para viajar a la Ciudad de México debido a una oferta laboral; cuando regresó, descubrió que la habían tirado a la calle.
La buscó y aunque no la halló, otros siete perros callejeros regresaron con él al departamento que rentaba en el DF, lugar que después de un año tuvo que dejar por la inconformidad de su casera.
El terreno rentado que habita actualmente, en una pedregosa privada ubicada en medio de cerros y grises casas de tabique en la Colonia Cuautepec Barrio Alto de la Delegación Gustavo A. Madero, es el sitio en el que otros canes desvalidos encontraron un hogar.
Durante una de sus ausencias, hace seis años, cuando tenía 30 perros, “Duquesa” fue atacada por los demás. La muerte de la perrita lo llevó a renunciar al trabajo para consagrarse a sus mascotas de tiempo completo.
Ahora, quienes conocen su labor, le llevan canes que ya no quieren o encuentran en la calle en condiciones deplorables; ejemplo de ello son “Strong”, quien padece cáncer, y “Dolly”, la cual por su vejez apenas puede caminar.
“Una persona a la que de verdad le gustan los perros no piensa si se va a complicar la vida, si es más trabajo, si no va a encontrar alimento, si ve a uno sufriendo lo tiene que ayudar”, recalca Cristóbal.
En promedio, recibe 12 canes mensualmente, de los cuales aproximadamente 10 son adoptados; hace un año, por ejemplo, ocho fueron acogidos por una mujer quien ahora les brinda una lujosa vida en su casa de campo en Querétaro.
En la actualidad, alrededor de 15 personas lo apoyan, algunos con croquetas, pues los animalitos consumen 85 kilogramos diario; otras con dinero u objetos para su venta o con difusión para lograr “adopciones”; además, baña y corta el pelo de perros a domicilio para generar ingresos.
Cristóbal sigue las recomendaciones de la Secretaría de Salud para evitar enfermedades y problemas con sus vecinos, con quienes lleva una buena relación, incluso asegura que frecuentemente lo invitan a comer pues carece de estufa y refrigerador. Sus únicos muebles son un catre, un tubo para colgar ropa y dos repisas.
“Yo siempre lo veo apurado, anda aseándoles, los baña, los rapa, los opera y les da de comer. Es un buen hombre laborando”, opina Guadalupe Suárez, su vecina.
A los aprietos económicos, cansancio y hasta una que otra mordida debido al nerviosismo de algunos canes que han sido objeto de maltrato, se suma la tarea de bautizar y aprender el nombre de cada uno: por ejemplo, “Mística”, llamada así por sus ojos grises que recuerdan a los de cierto luchador, y “Rudo”, por su carácter de pocos amigos.
Soltero, Cristóbal afirma no sentirse solo, ya que la compañía de familias enteras, como la de “Lucky” con sus seis cachorros; el agradecimiento de los enfermos, como “Robert”, a quien le amputaron su patita tras ser atropellado, o el cariño de “Fly”, el cual sufre de atrofia muscular, son los motivos para continuar su labor.
(Reforma)
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