COMERCIO Y PESCA, BLASFEMIA ECOLÓGICA
09.29.08 - Leído 31 veces. Enviar esta notaOpinión de Gabriel Quadri de la Torre
La crisis de inseguridad, la olimpíada, y el chantaje de nuestros políticos reaccionarios (opuestos a toda reforma) impusieron en México un velo de indiferencia al colapso de las negociaciones en la Organización Mundial de Comercio (OMC) ocurrido apenas hace unas semanas. De la liberalización del comercio global, en muchos sentidos, no sólo dependen las posibilidades de desarrollo y abatimiento de la pobreza en el mundo, sino, a pesar de numerosos ecologistas trasnochados, la conservación de ecosistemas y recursos naturales. (Es increíble pero real la obcecación antiliberal en nuestro país; aquí existe una respetable ONG llamada Red Mexicana de Acción Contra el Libre Comercio. ¿Podría entonces fundarse una Red Mexicana contra la Libertad de Tránsito y de Expresión, sin que nadie respingue?).
La pesca y la ecología marina son un caso palmario que contradice a la ideología antiliberal que profesan conspicuos ecologistas, y a su condena cacofónica de la OMC. Aunque ellos lo celebraron en una parroquia doctrinaria, el último fracaso en la ronda de Doha de la OMC significó un revés trágico para la conservación de los ecosistemas marinos y recursos pesqueros. La FAO estima que más de la cuarta parte de las pesquerías en el planeta se han derrumbado y agotado por sobreexplotación, y que más de la mitad se encuentran explotadas al máximo y ante un umbral inmediato de debacle. Esto se debe, en buena medida, a los subsidios a la pesca otorgados por los gobiernos de países costeros. Por ejemplo, México subsidia con varios miles de millones de pesos anuales el diesel para los motores de embarcaciones pesqueras.
El resultado es el crecimiento monstruoso del esfuerzo pesquero, la sobrecapitalización de las flotas y su alcance cada vez mayor en número de embarcaciones, tecnología, cadenas tróficas marinas, geografía y profundidad oceánicas. Casi el 40% de la producción pesquera mundial se exporta; las exportaciones pesqueras de países en vías de desarrollo se han multiplicado por cinco en los últimos veinte años. En ausencia de reglas, un esfuerzo pesquero exponencial sólo augura el saqueo terminal de los océanos.
En noviembre de 2007, la OMC asumió como iniciativa un conjunto de reglas en materia de subsidios a la pesca, que contemplaba la prohibición de una vasta gama de apoyos gubernamentales, en especial de aquellos que causan sobre-explotación pesquera, además de sistemas científicos de monitoreo y evaluación de pesquerías relevantes al comercio internacional. Tales reglas implicaban también transparencia en los contratos o rentas de aguas oceánicas a flotas pesqueras europeas, chinas, japonesas y coreanas, que representan ingresos considerables para gobiernos de países africanos, asiáticos y latinoamericanos. Recordemos que desde 1982 (con la Convención de Naciones Unidas sobre la Ley del Mar) las naciones son soberanas sobre 200 millas de mar patrimonial. Pero todo fracasó. Si la iniciativa hubiese fructificado en las negociaciones dentro de la OMC , la pesca mundial habría sido sometida a una reestructuración drástica orientada a la rendición de cuentas y la sustentabilidad.
Cuando, como en el caso de la pesca, prevalece el oportunismo (free riding), casi la única alternativa es un régimen internacional de regulación. La OMC lo había ofrecido, en una iniciativa muy valiosa de compatibilidad y reforzamiento mutuo entre un comercio más libre y transparente y la conservación de los ecosistemas y recursos marinos. No se supo nada de los ecologistas; parece que pasaron de moda, o que gustan más de los reflectores en temas políticamente correctos, y de la autocomplacencia doctrinaria. ¿O acaso ya no existen?
(El Economista)
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