EMPRESARIOS Y CULTURA POLÍTICA
06.30.08 - Leído 29 veces. Enviar esta notaOpinión de Gabriel Quadri de la Torre
El fallecimiento de Don Eugenio Garza Lagüera, el pasado sábado, obliga a una reflexión no sólo sobre la figura del extraordinario personaje, sino sobre la imagen popularmente incomprendida de los empresarios en este país. Más allá del obituario, la motivación sería confrontar una persistente animadversión a la categoría de empresario que aún transpira en amplias franjas de nuestra cultura política, y cuya acritud se percibe en la oposición atávica a toda reforma modernizadora que se intente en México. Basta con advertir el contenido injurioso que han adquirido los conceptos de “empresas privadas” o “privatización” para los nuevos conservadores – quienes quieren que todo siga igual, o el grotesco estereotipo del empresario gordo y codicioso que campea en las caricaturas de medios impresos.
Algunos dirán que es un estereotipo bien ganado en no pocos episodios de corrupción y abuso; pero, extrapolar la condena y nutrir con ello el resentimiento social hacia la única fuerza en la sociedad capaz de crear riqueza y empleo, además de estúpido, es terriblemente autodestructivo. Al final, son las instituciones las que encauzan en un sentido o en otro, y promueven o inhiben la impetuosa energía del interés y la racionalidad individual. En México la lastramos y pervertimos a través de abstrusas ideologías anticapitalistas en sistemas de educación básica y universitaria, de leyes que debilitan los derechos de propiedad, de normas formales e informales de conducta que diluyen la autonomía y la responsabilidad individual, de la celebración de demagogos, y de nuestra devoción por un pasado mítico poblado por violentos héroes justicieros, mártires, y redentores iluminados.
De la historia, y del reconocimiento y la admiración públicos se excluye o relega a verdaderos creadores y constructores, quienes podrían aportar la savia de inspiración y emulación que el país necesita para salir de su marasmo, y para ofrecer a sus ciudadanos actuales y futuros oportunidades amplias de crecer y prosperar. La pobreza se repliega y aún se derrota con crecimiento económico y empleos bien remunerados. El ahorro, las utilidades de las empresas, y el capital externo, en sinergia, financian la inversión que genera empleos e innovación tecnológica. Sólo los ciudadanos con capacidad de agencia, actuando como empresarios en busca de oportunidades de beneficio privado, y distribuyendo riesgos en redes contractuales y de cooperación, son capaces de hacerlo; nadie más. La remuneración en cada empleo es decidida por la productividad y la contribución que cada uno hace a la rentabilidad de la inversión; la productividad, a su vez, resulta de una educación de calidad y de adecuadas infraestructuras y otros bienes públicos. El desarrollo económico es un movimiento virtuoso sobre al menos cuatro ruedas: la primera está ensamblada por empresarios de carne y hueso. Las otras son el imperio de la ley, un gobierno lúcido y competente, y una población bien educada y capacitada.
Eugenio Garza Lagüera fue engrane notable de la rueda empresarial regiomontana que ha movido a México, a pesar del patente atasque del resto. En la industria y en la banca, y como patrono del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, su contribución es tangible y vital para explicar cosas, que las hay en este país a pesar de todo, de las cuales sentirnos orgullosos. Eugenio Garza Lagüera merece mucho más de México. El reconocimiento y la admiración pública para él no sólo son imperativos de nobleza colectiva, sino oportunidad para repoblar nuestro panteón nacional con figuras que simbolicen un México capaz de cambiar, comprometido, emprendedor y moderno.
(El Economista)
Enlaces Relacionados


