INTELIGENCIA PUEDE SER PELIGROSA PARA ANIMALES
06.5.08 - Leído 28 veces. Enviar esta nota“¿Por qué los humanos son tan inteligentes?”, es una pregunta que fascina a los científicos. A Tadeusz Kawecki, biólogo de la evolución en la Universidad de Friburgo, en Suiza, le gusta invertir la pregunta. “Si es tan maravilloso ser inteligente”, pregunta Kawecki, “¿por qué ha permanecido tonta la mayoría de los animales?”
MÉXICO, D,F; 5 junio 2008.- Kawecki y científicos que opinan igual intentan descubrir por qué los animales aprenden y por qué algunos han evolucionado para ser mejores en aprender que otros. Un motivo para la diferencia, encuentra su investigación, es que ser inteligente puede ser malo para la salud de los animales.
El aprendizaje es algo sorprendentemente generalizado en el reino animal. Incluso el microscópico gusano Caenorhabditis elegans puede aprender, pese a tener sólo 302 neuronas. Se alimenta de bacterias. Mas si come una cepa que provoca algún mal, puede enfermarse.
Los gusanos no nacen con una aversión innata a las bacterias peligrosas. Necesitan tiempo para aprender a notar la diferencia y evitar enfermarse.
Muchos insectos también son buenos para aprender. “La gente pensaba que los insectos eran robots pequeños que hacían todo por instinto”, dijo Reuven Dukas, un biólogo en la Universidad McMaster, en Ontario, Canadá.
Dukas ha descubierto que las larvas de uno de los animales favoritos de todos los tiempos en los laboratorios, la mosca de la fruta o Drosophila melanogaster, podía aprender a asociar ciertos olores con comida y otros olores con depredadores.
Dukas tiene la hipótesis de que cualquier animal con un sistema nervioso puede aprender. Aunque aprender podría ser algo generalizado entre los animales, Dukas se pregunta por qué, para empezar, se molestaron en evolucionar. “No se puede decir simplemente que aprender es una adaptación a un entorno cambiante”, dijo.
El aprendizaje también resulta tener efectos secundarios peligrosos que hacen que su evolución sea incluso más desconcertante. Kawecki y sus colegas han producido evidencia sorprendente para dichos efectos secundarios al estudiar moscas al tiempo que mejoran su aprendizaje en el laboratorio.
Kawecki y sus colegas enfrentaron a larvas de moscas entrenadas para ser inteligentes con una variedad diferente de moscas, al mezclar a los insectos y darles un suplemento escaso de levadura para ver quién sobrevivía. Los científicos realizaron luego el mismo experimento, pero con los parientes comunes y corrientes de las moscas inteligentes compitiendo con la variedad nueva. Aproximadamente la mitad de las moscas inteligentes sobrevivió; de las comunes, lo hizo el 80 por ciento.
“No sabemos cuál es el mecanismo de esto”, dijo Kawecki.
Hay una pista proviene de otro experimento, en el que Kawecki y sus colegas encontraron que el acto en sí de aprender tiene un precio. Los científicos entrenaron a algunas moscas que aprendían rápido a asociar un olor con vibraciones poderosas. “Estas moscas murieron aproximadamente un 20 por ciento más rápido que las moscas con los mismos genes, pero que no fueron obligadas a aprender”, dijo.
Formar conexiones neurológicas podría provocar efectos secundarios dañinos. También es posible que los genes que permiten que el aprendizaje se desarrolle más rápido y dure más pudieran provocar otros cambios.
Kawecki sospecha que cada especie evoluciona hasta que alcanza un equilibrio entre los costos y los beneficios del aprendizaje.
Kawecki y Dukas coinciden en que los científicos necesitan precisar los sacrificios y que tendrán que calibrar el papel del aprendizaje en las vidas de muchas especies. A medida que su propio conocimiento aumente, entenderán más sobre el don de los humanos para aprender.
Los cerebros extragrandes de los humanos requieren un 20 por ciento del total de calorías que se queman en inactividad. El cerebro de un recién nacido es tan grande que puede crear riesgos graves para madre e hijo en el parto. Sin embargo, los recién nacidos saben tan pocas cosas que son completamente indefensos. Se necesitan muchos años para que los humanos aprendan lo suficiente para valerse por sí mismos.
Kawecki dice que vale la pena investigar si los humanos también pagan costos ocultos por el aprendizaje extremo. “Podríamos especular que algunas enfermedades son un derivado de la inteligencia”, señaló.
Los beneficios de aprender deben haber sido enormes para que la evolución haya superado dichos costos, argumenta Kawecki. “Si utilizas tu inteligencia para superar a tu grupo, entonces hay una carrera armamentista”, dijo. “Entonces no hay un nivel óptimo absoluto. Simplemente hay que ser más inteligente que los demás”.
(The New York Times)
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