SIN FRENO LA DEMANDA MUNDIAL DE GRANOS
04.30.08 - Leído 30 veces. Enviar esta notaLos precios están a más del triple, impulsados por la sequía en Australia; además, en los últimos años el consumo de trigo superó la producción
LAWTON, Dakota del Norte; 30 abril 2008.- Cualquier cosa que Dennis Miller decida sembrar este año en su rancho de mil 110 hectáreas, el mundo lo necesita. Los precios del trigo se han duplicado en los últimos seis meses. Los del maíz también están aumentando. La cebada, los girasoles, las semillas, la canola y el fríjol de soya han subido drásticamente.
“Por una vez, hay mucha razón para ser optimistas”, dijo Miller.
Sin embargo, los precios que han renovado la fe del agricultor estadunidense ahora están causando aflicción por todas partes. Un sastre en Lagos, Nigeria, llamado Abel Ojuku indicó hace poco que se vio obligado a reducir el pan que tanto les gusta a él y su familia. “Si querías comprar tres barras, ahora compras una”, destacó Ojuku.
En todas partes, el costo de los alimentos se está elevando drásticamente. Que el mundo esté entrando en un periodo prolongado de aumentos continuos se ha convertido en uno de los temas más urgentes de la economía.
Muchos factores contribuyen a estas alzas, pero el mayor es la demanda desbocada. En los últimos años, los países en desarrollo han crecido en alrededor de siete por ciento al año, un índice inusualmente rápido, según estándares históricos.
El alto índice de crecimiento significa que por primera vez cientos de millones de personas están teniendo acceso a las cosas básicas de la vida, incluida una dieta mejor. Ese salto en la demanda está ayudando a que suban los precios de los productos básicos agropecuarios.
Agricultores de todo el mundo están produciendo en forma exhaustiva. Las reservas de granos del mundo han caído a sus niveles más bajos en décadas.
“Todos en este mundo quieren comer como un estadunidense”, señaló Daniel W. Basse de AgResource Company, una consultoría en Chicago.
“Pero si lo hacen, vamos a necesitar dos o tres mundos más para cultivar todo.”
En contraste con los aumentos sustanciales de los años de la década de 1990, en esta ocasión los inversionistas apuestan —mientras compran y venden contratos para entregas futuras de bienes básicos— que la escasez y precios altos durarán años.
Si eso llega a suceder, es probable que presente problemas grandes en todo el mundo. Los incrementos que ya ocurrieron están privando a los pobres de alimentos, desatando descontento social e incluso fomentando disturbios en algunos países.
Es probable que en el largo plazo se engrosen las reservas de alimentos. Se podría usar más tierra para la producción, así como mejorar métodos de cultivo antiguos en algunos países. Más aún, los precios en aumento podrían obligar a más personas a restringirse. La gran pregunta es si tales cambios serán suficientes para tener un mejor equilibrio entre la oferta y la demanda.
“La gente está tratando de responder: ¿Se trata de una era nueva?”, cuestionó Joseph Glauber, principal economista del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, “¿siempre serán altos los precios?”.
La única mancha es que los propios costos de los agricultores están aumentando con rapidez. Los gastos en el diesel que se usa en los tractores y cosechadoras, así como los de los fertilizantes esenciales en la agricultura moderna se han ido a las nubes. Miller, el agricultor de Dakota del Norte, no sólo quiere precios altos, necesita que paguen sus cuentas.
Hasta hace poco, podía esperar cerca de tres dólares la fanega de trigo —mucho menos de lo que recibieron sus padres y abuelos, cuando se toma en cuenta la inflación. El consumo en Estados Unidos estaba bajando conforme los estadunidenses rehuían los carbohidratos. El mercado de exportaciones, aunque saludable, se enfrentaba a la competencia.
Ahora, los precios están de más del triple, en parte debido a una sequía en Australia y cosechas malas en otras partes del mundo, así como a una demanda global sin reducción de galletas, pan y fideos. En siete de los últimos ocho años, el consumo mundial de trigo ha superado la producción.
Las reservas están en su punto más bajo en décadas.
En todo el mundo, el trigo se está volviendo un producto básico precioso. En Pakistán, se han desplazado miles de tropas paramilitares desde enero para proteger camiones que transportan trigo y harina. Malasia, tratando de mantener dentro sus productos básicos, ha hecho que sea un delito exportar harina y otros productos sin autorización. El otoño pasado, grupos de consumidores en Italia organizaron una huelga de pasta de un día, lo cual fue muy publicitado (aunque en general se desatendió).
Conforme los recién urbanizados y nuevos ricos buscan más proteínas y más calorías, está ocurriendo un fenómeno llamado “globalización de la dieta” en todo el mundo. La demanda de puerco está aumentando en Rusia, la de carne de res, en Indonesia y la de productos lácteos, en México. El arroz está cediendo el paso a los fideos y los alimentos cocinados en casa, a la comida rápida.
Aun cuando arruinado por los disturbios de años y con muchos millones aún asentados en la pobreza, Nigeria tiene una clase media en crecimiento. El ingreso promedio por persona se duplicó en la primera mitad de esta década, a 560 dólares en 2005. Gran parte de este incremento se está gastando en alimentos.
Nigeria cultiva poco trigo, pero el pueblo ha desarrollado el gusto por el pan, en parte debido a la comercialización de exportadores estadunidenses. Entre 1995 y 2005, el consumo de trigo per cápita en Nigeria aumentó más de tres veces, a 20 kilos por año. El pan ha estado desplazando alimentos tradicionales como la eba, unas bolitas hechas de masa de yuca.
Se había pronosticado que las importaciones de trigo de Nigeria en 2007 aumentarían diez por ciento. Sin embargo, la demanda también se ha incrementado en muchos otros lugares, desde Túnez hasta Venezuela e India. Al mismo tiempo, las sequías y la competencia de otros cultivos limitaron la oferta.
Así es que los precios del trigo subieron mucho y el último año, los del pan en Nigeria dieron un salto de 50 por ciento. En medio de reclamos públicos, los panaderos empezaron a hacer barras más pequeñas con la esperanza de que los clientes que no pudieran comprar las grandes pagaran más o menos lo mismo para comer menos. Han bajado las ventas de los buhoneros que ofrecen barras de pan. Debido a que se han reducido las importaciones, los molinos operan a la mitad de su capacidad.
En los molinos de harina Honeywell, de los más grandes en Nigeria, hace poco, los ejecutivos estaban centrados en el movimiento en el mercado de los productos básicos. El precio del trigo iba siempre al alza.
“Aun cuando se ve un ligero descenso, uno espera unas cuantas horas o un día, y antes de que uno se dé cuenta ya volvió a subir mucho”, dijo el director de producción, Nino Albert Ozara.
A pesar de la crisis, hay pocos indicios de un retroceso permanente del trigo en Nigeria. Los molinos están aumentando su capacidad esperando el día en que la oferta sea suficiente para estabilizar los precios.
“Una vez que se desarrolla el gusto, uno se queda enganchado”, mencionó Muyiwa Talabi con confianza, el director de una oficina de una comercializadora estadunidense de trigo en Lagos.
Ojuku, el hombre que compra menos barras de pan, y uno de sus compañeros sastres en Lagos, Mukala Sule de 39 años, están tratando de adaptarse a la nueva era.
“Debo comer pan y beber té por las mañanas. De otra forma, no me siento feliz”, comentó Sule sentado en una banca de un café a la orilla del camino hace unas cuantas semanas.
Por un desayuno que incluye una pequeña barra, paga cerca de un dólar diario, el doble de lo que le habría costado la eba tradicional.
Para ahorrar unos cuantos centavos, decidió abstenerse de la mantequilla. El pan es lo importante.
“Aun si sube el precio”, resaltó Sule, “si tengo el dinero, lo voy a comprar de todas formas”.
(Excélsior)
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