PEMEX Y UNA IDEOLOGÍA ANAL
04.29.08 - Leído 40 veces. Enviar esta notaOpinión de Gabriel Quadri de la Torre
Freud describió ciertas conductas individuales que hoy observa colectivamente la izquierda mexicana. Se relacionan con una ideología anal – retentiva, propia de personas cuyo goce se centra en retener a toda costa objetos poseídos con pulsión fetichista. Esta fijación resultaría de alguna experiencia traumática, resentimientos y frustraciones profundas. Sería fascinante un estudio de psicología política que nos explicara las conductas destructivas y vandálicas de nuestra izquierda vernácula, y del rencor narcisista y mentiroso del Gran Líder aldeano que la representa en México, especialmente frente a la posibilidad de una reforma energética.
Es inexplicable el delirio por mantener un ineficiente monopolio estatal autista. Lo curioso es que el objeto del fetichismo anal de nuestra izquierda es una simple mercancía (el petróleo) que además reúne todos los atributos de un bien puramente privado (exclusivo y rival). En un mercado competitivo, por más renta económica que genere esta mercancía, el Estado, si lo desea, podría apropiarse de ella a través de distintos medios contractuales y fiscales. Como carece de argumentos racionales para sostener su fijación, hay varias preguntas de diván para la izquierda mexicana: ¿Porqué el petróleo y sus derivados han de ser retenidos en un monopolio estatal? ¿Porqué Pemex no debe asociarse con nadie en contratos de riesgo? ¿Porqué la obsesiona una caricatura anacrónica y obtusa de “soberanía”? ¿Porqué no prestar atención a los ejemplos internacionales de NOC´s exitosas – como Petrobrás y Statoil? En esta hipotética exploración del inconciente de la izquierda, tal vez nos toparíamos con algunas claves reveladores de la idiosincrasia política nacional, que podrían esclarecer nuestra endémica veneración victimista del subdesarrollo.
Interesante sería también buscar las motivaciones de la neurosis rentista de la izquierda, de pensar en el petróleo como “palanca de desarrollo” en la medida en que engrosa el bolsillo y el gasto del gobierno. Sobre todo, siendo sabido que ningún país se ha desarrollado explotando un recurso natural (por más valioso que este sea). De hecho, los países ricos y competitivos en general, carecen de tales rentas, y más bien son lo que son gracias a una combinación afortunada de educación de calidad, alta productividad, imperio de la ley, mercados eficientes, gobiernos y políticas lúcidas, confianza y alianzas entre sectores, incentivos correctos para los actores económicos, y bajos costos de transacción. Además, como consta también, la democracia liberal y la probidad y eficacia de los gobernantes exige la rendición de cuentas, a partir de que los ciudadanos financian con sus impuestos y controlan al Estado. Los estados rentistas petroleros promueven un déficit de ciudadanía, dependencias paternalistas, rent seeking, corrupción, tiranías, y crisis económicas. Entre Venezuela y Costa Rica hay un abismo, al igual que entre Nigeria e Irlanda. Noruega e Inglaterra ya eran ricos cuando encontraron su petróleo en el mar del Norte.
La izquierda anal sólo busca transferencias a culpables, no explicaciones racionales, y menos soluciones practicables a problemas como las importaciones estratosféricas de petrolíferos, caída estrepitosa de las reservas, reducción drástica en la producción, y perversiones sindicales. Menos le importan la obscena ineficiencia energética en la economía nacional asociada a emisiones excesivas de gases de efecto invernadero, y la ausencia de una estrategia a largo plazo de diversificación hacia las energías renovables (tal como lo hacen Shell, BP, e incluso Exxon Mobil, además de numerosos países civilizados). No tiene corteza cerebral ni propuesta. Su lenguaje es la violencia verbal y física de un fascismo anal y pueblerino; sólo cierra su esfínter y agita su puño amenazante.
(El Economista)
Enlaces Relacionados

