LA SUPERFICIE DE LA TIERRA
04.24.08 - Leído 26 veces. Enviar esta notaAl inicio del siglo XX ya estaba claro que el relieve terrestre es una expresión de la actividad interna de la Tierra
José Lugo Hubp
MÉXICO, D,F; 24 abril 2008.- El concepto de la superficie terrestre ha sido muy diverso a través del tiempo. Sólo a partir de la llegada de Colón al nuevo continente fue que el hombre empezó a tener conciencia de las dimensiones del mundo en que vive. Precisamente, en 2007 se cumplieron 500 años de la publicación del primer mapamundi en que aparece nuestro continente con el nombre de América.
El hombre fue conociendo la superficie terrestre y gradualmente se fue elaborando el mapa global de la tierra firme y sus rasgos: ríos, lagos, montañas, hielos, planicies. Predominaba la idea que todo era cómo había surgido, con pocos cambios en el tiempo. Fue a lo largo del siglo XIX que gradualmente se fue estableciendo la edad de la Tierra que pasó de los pocos miles a las centenas de millones, al tiempo que el relieve terrestre se fue entendiendo como algo dinámico, cambiante, en transformación permanente.
Hacia la mitad del siglo XX había un buen conocimiento de la superficie de la tierra firme y parte de los fondos oceánicos, y fue sólo hace medio siglo que empezaron a darse a conocer los nuevos mapas del fondo oceánico, se fue armando el rompecabezas.
Al inicio del siglo XX ya estaba claro que el relieve terrestre es una expresión de la actividad interna de la Tierra. Continentes y océanos, montañas y planicies se deben a la energía proveniente del interior. Y fue a fines de los años sesenta que se estableció la teoría de las placas litosféricas, lo que hizo de la Tierra un sistema mucho más dinámico de lo que siempre se había considerado. Lo que crea la actividad interna lo modifica la opuesta, los procesos exógenos de la erosión y la acumulación de sedimentos, controlados por la gravedad y el clima. La geomorfología es la ciencia del relieve de nuestro planeta, y por extensión, de los planetas vecinos que se van conociendo día a día.
Hace 40 años los textos de geomorfología incluían un capítulo breve sobre la influencia del hombre en la modificación del relieve terrestre. Hoy día es indudable que es el agente modificador más importante. El ejemplo lo tenemos principalmente en los asentamientos humanos, las megaciudades, cada una ocupa fácilmente más de mil kilómetros cuadrados, como la zona metropolitana de la ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Mérida, Puebla, San Luis Potosí. La importancia radica no sólo en lo cuantitativo, sino en los efectos dañinos que tiene en las aguas de la superficie y el subsuelo, la vida vegetal y animal y la atmósfera.
De la urbanización resulta una reducción permanente de los suelos cultivables, y también de aumento de los peligros. Los terrenos favorables para la construcción fueron ocupados hace mucho tiempo, por lo que ahora el crecimiento se da hacia las zona desfavorables como laderas inestables y planicies inundables. En los últimos 10 años vimos daños sin precedente en nuestro país, en Puebla, Veracruz, Chiapas y Tabasco, por mencionar lo más notable.
En los años sesenta iba en aumento entre la comunidad científica mundial la preocupación por el futuro del planeta, la población había pasado de 1,600 millones en 1900 a 3,000 millones en 1960 y a 6,000 millones en 2,000; la contaminación en general, se traducía en muchos casos a cifras alarmantes, lo mismo la extinción de especies de flora y fauna; graves problemas se predecían para el nuevo siglo, al que llegamos con mayor preocupación. Las predicciones para 2050 no son optimistas. Hay un consenso en el sentido de que la ciencia puede hacer mucho en el futuro: reparar, remendar, rehacer las partes de la casa dañada, pero no sólo la ciencia, sino los humanos: los políticos, los empresarios, la sociedad en su conjunto y cada individuo.
José Lugo Hubp, es investigador del Instituto de Geografía de la UNAM
(Reforma)
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