REFORMA ENERGÉTICA, POLÍTICA INDUSTRIAL Y CAMBIO CLIMÁTICO
03.31.08 - Leído 92 veces. Enviar esta notaOpinión de Gabriel Quadri de la Torre
México perdió en la revolución informática, no fue capaz de soportar y nutrir a una incipiente industria de electrónicos, ésta se marchitó ante nuestros ojos impávidos. Muchas otras oportunidades nos rebasan y se alejan, en buena parte, debido a la ausencia de reformas institucionales, y de una política industrial inteligente. Seguimos pagando tributo a prejuicios ideológicos, tal vez sólo como pretexto que encubre nuestra mediocridad. Estamos concentrados en la auto contemplación umbilical, ciegos a las experiencias exitosas de otras países (el mejor ejemplo es el no debate sobre la reforma energética, y la sola reiteración de frases huecas por parte de políticos aldeanos).
El cambio climático y los nuevos regímenes regulatorios y de mercado – vigentes y por establecerse en el mundo – incuban ya una nueva revolución económica global, en la cual resultaremos también perdedores, a menos que reaccionemos de inmediato y de manera lúcida. Puede ser una nueva carrera en que se refrende el rezago mexicano, o una alternativa para acelerar el desarrollo del país. El desarrollo económico tiene mucho de virtuosismo para conjugar capacidades endógenas con oportunidades externas, con la reproducción de empresas medianas dinámicas y altamente productivas, y con superar problemas públicos de infraestructura, coordinación e información. Significa también acoplar la inversión extranjera directa a la inversión doméstica, a través de nuevos encadenamientos productivos hacia arriba, hacia abajo y lateralmente a las cadenas troncales de valor. ¿Pero qué tiene que ver todo esto con el cambio climático? Mucho.
Las restricciones a las emisiones de gases de efecto invernadero impuestas por el Protocolo de Kyoto a los países desarrollados, y el mercado de carbono han abierto una vasta frontera de cambio tecnológico y estructural en las economías del orbe. Es un mercado que ronda ya los 40 mil millones de dólares, de los cuales casi 7 mil corresponden a proyectos de reducción de emisiones llevados a cabo naciones emergentes. Evidentemente, se trata de inversión extranjera directa (IED) en energías renovables y eficiencia energética en un amplio espectro de sectores, desde la generación de electricidad, hasta el sector industrial, municipal, vivienda, agropecuario y el transporte. Para el mediano y largo plazo, las actividades forestales adquirirán un inusitado dinamismo, por su capacidad para capturar y almacenar carbono.
No es extraño que China, la India y Brasil, grandes receptores de IED, también encabecen la lista de países que acogen inversiones y proyectos para combatir el cambio climático, a través del Mecanismo de Desarrollo Limpio del Protocolo de Kyoto. Esto les reporta, además de ingresos cuantiosos derivados de la venta de bonos de carbono, la oportunidad de aprovechar ventajas asociadas a la IED : acumulación de capital humano, acceso a nuevas tecnologías, aprendizaje local y conocimiento, alianzas entre empresas locales e internacionales, mayor productividad y capacidad de innovación.
El mercado de carbono crecerá inexorablemente en los próximos años, especialmente, después del 2012 cuando entre en vigor el régimen de regulación internacional que sustituya al Protocolo de Kyoto. Tanto el nuevo régimen de obligaciones (que seguramente incluirá a México) como el nuevo sistema de precios relativos que se prevé, configurarán una reestructura de la economía global. Ganarán quienes estén preparados, quienes tengan instituciones eficientes, mercados competitivos, empresas de vanguardia, y una política industrial activa de innovación, atracción y absorción de IED, de alianzas público-privadas, distribución eficaz de riesgos, incentivos fiscales, y desarrollo de capacidades tecnológicas. Sin políticas industriales lúcidas, y sin reformas estructurales, sobre todo en el sector energía, volveremos a perder.
(El Economista)
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