EL EJEMPLO ECOLÓGICO DE BRASIL
02.20.08 - Leído 85 veces. Enviar esta notaBrasil utiliza fuentes de energía alternativa y menos contaminante, como el etanol. Esta nación ha demostrado, con logros, su alto compromiso
CARACAS, Venezuela; 20 febrero 2008.- Cuando 100 legisladores de los países que conforman el Grupo de los Ocho (G8) y las economías emergentes de Brasil, China, India, Suráfrica y México se reúnan el 20 y 21 de febrero en Brasilia para abordar, junto con líderes del ámbito empresarial, un acuerdo post 2012 (cuando expire el Protocolo de Kyoto), seremos testigos de un cambio en la forma en que se conducen las negociaciones globales.
Es fundamental que los legisladores de economías de alto consumo energético se reúnan para alcanzar un consenso en torno a las medidas prácticas a emprender y así avanzar en esa dirección. En el mundo interconectado de hoy, ello puede tener impacto positivo sobre quienes han de tener la responsabilidad de negociar un acuerdo futuro.
Organizado por Globe Internacional, una red mundial multipartidaria de legisladores, este dialogo se inició luego de la Cumbre del G8 en Gleneagles, Escocia, y ha logrado influir en los gobiernos del G8 y en los de economías emergentes. Después de las fructíferas reuniones en el Parlamento Europeo en Bruselas, en el Senado de Estados Unidos en Washington y en el Bundestag alemán, se alcanzó el consenso de que es el momento preciso para involucrar a las economías emergentes en el debate. Por esa razón, legisladores de todo el espectro político asistirán a la reunión de febrero, que auspicia el Congreso de Brasil.
Pero, ¿por qué Brasil? Porque la comunidad internacional reconoce que Brasil debe ser de la solución global al cambio climático. Esta nación de América del Sur ha logrado abordar sus propios desafíos de desarrollo y al mismo tiempo se ha convertido en líder mundial en algunas áreas del ámbito medioambiental.
Brasil es el principal ejemplo al tener una matriz energética no contaminante, mucho menos contaminante que la de la mayoría de los países ricos. Gracias a ello, ha podido dejar atrás la dependencia energética por medio de la expansión del uso de fuentes de energía alternativas, como la producción de energía hidroeléctrica, etanol y bio-combustibles. Brasil lleva la delantera en el uso de etanol a partir de la caña de azúcar, una fuente de energía agrícola no contaminante y renovable, que puede convertirse en una importante fuente complementaria, especialmente si se eliminan las barreras comerciales en países desarrollados y se genera un mercado mundial. La tecnología brasileña se ha transferido a países africanos en un intercambio de conocimientos “sur-sur”.
A pesar de la gran complejidad y obstáculos a enfrentar en relación con el uso sostenible y la protección de los recursos forestales más grandes del planeta, mucho más grandes que toda Europa occidental, Brasil ha demostrado un compromiso claro y ha alcanzado enormes logros. El país ya ha apartado 25% de su territorio (más de dos millones de kilómetros cuadrados) para destinarlo a áreas protegidas, gracias a la creación de aproximadamente cien millones de hectáreas de zonas protegidas municipales, estatales y federales, y la demarcación de una superficie equivalente de tierras indígenas.
El programa Zonas protegidas en la región del Amazonas, de diez años de duración, ha iniciado la creación de un sistema de protección a unos 500.000 kilómetros cuadrados, lo que equivale a una superficie más grande que todo el Sistema de Parques Nacionales de Estados Unidos. El programa comenzó hace cuatro años y ya se han creado 13,5 millones de hectáreas de nuevas zonas de protección estricta, estatales y federales, como el magnífico Parque Nacional de las Montañas Tumucumaque, de 3,5 millones de hectáreas. Además, el programa incluye otras ocho millones de hectáreas de parques ya existentes, que cubren una superficie más grande que la del Reino Unido.
Otro ejemplo del avance que ha alcanzado Brasil es que hoy en día 15% de la madera del país se extrae mediante técnicas sustentables de gestión forestal, mientras que hasta hace 15 años la cifra era casi cero. No muchos países del mundo pueden exhibir resultados similares.
Los países en desarrollo, y en particular Brasil, reconocen que el cambio climático es una amenaza mundial y les preocupa su impacto en la economía, los medios de subsistencia y la calidad de vida de su población. No obstante, ninguna solución será plausible si se vislumbra que la tal solución resulta en un obstáculo al crecimiento de los países en desarrollo.
Las inversiones necesarias
Según la ONU, para que los países en desarrollo transiten hacia una economía con bajo consumo de carbono en 2030, se requieren inversiones por el orden de 100.000 millones de dólares por año, además de entre 28.000 millones y 67.000 millones de dólares para adaptarse al daño que ya ha causado el cambio climático. Siendo optimistas, una buena parte de estos fondos provendrán del sector privado; no obstante, el financiamiento del sector público todavía seguirá siendo crucial.
Para reducir las emisiones de carbono es necesario un sistema global más justo, donde países desarrollados y en desarrollo puedan crecer en igualdad de condiciones. Las naciones ricas saben que si contribuyen financieramente a un desarrollo ecológicamente sostenible en los países en desarrollo, ello beneficiará a todo el planeta. Es posible avanzar hacia una solución que reconozca que el uso sostenible de recursos naturales es fundamental para el desarrollo y por ello los países en desarrollo no deberían ver penalizados sus esfuerzos de crecimiento y lucha contra la pobreza.
El Banco Mundial, como cooperativa global de países desarrollados y en desarrollo, contribuye hacia el logro de dicho objetivo. El Banco ha comenzado a diseñar mecanismos financieros innovadores y concesionarios para el desarrollo de energías no contaminantes y la adaptación al cambio climático, con el apoyo del Reino Unido, Estados Unidos y Japón.
En un futuro próximo, los fondos fiduciarios que administra el Banco Mundial, para reducir las emisiones de carbono llevarán el financiamiento para disminuir las emisiones a sectores de la economía, como el transporte, en lugar de solamente realizar contribuciones por proyectos. En la reciente conferencia de Cambio Climático en Bali, Indonesia, se lanzó el Fondo para reducir las emisiones por medio de la protección de los bosques, un mecanismo de financiamiento pionero para combatir la deforestación tropical y el cambio climático. Estos proyectos ampliarán el alcance del mercado de emisiones y las herramientas para futuras negociaciones sobre el cambio climático.
Los legisladores que se reunirán en Brasilia tendrán la oportunidad de avanzar en una agenda positiva basada en soluciones, de manera de ponerse a tono con las expectativas del público. Junto con el sector privado están en una posición única para decidir qué soluciones son a la vez prácticas y políticamente viables.
* Pamela Cox es vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.
(AFP)
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