ES PEZ CEBRA MODELO PARA TOXICOLOGÍA
12.4.07 - Leído 178 veces. Enviar esta notaSe trata de un prototipo práctico, porque resulta fácil sostener y reproducir a esta especia
MÉXICO, D,F; 4 diciembre 2007.- Especialistas de la Facultad de Ciencias (FC) de la UNAM utilizan el pez cebra, que normalmente es de ornato, como modelo para Toxicología. La idea, explicó Humberto Olvera Quezada, es emplear ese animal acuático como bioindicador de aguas contaminadas.
Precisó que si bien esta especie ya se ha usado en áreas como la Biología Molecular y la Genética, ahora se traslada toda la información sobre él para aprovecharlo como indicador de teratogénesis, es decir, malformaciones producidas por ciertos agentes químicos a los que se exponen diferentes formas de vida durante el desarrollo embrionario.
Olvera destacó que este trabajo se realiza en colaboración con las universidades autónomas del Estado de Hidalgo y de Morelos.
Se coloca al organismo dentro de un medio que contiene algún tipo de sustancia química; a la hora de someter el embrión (cuyo huevo es transparente, lo que permite seguir su desarrollo), se observa en qué momento aparecen esas deformaciones. Los resultados pueden extrapolarse a los seres humanos, detalló.
Entre las ventajas del modelo se encuentran la sensibilidad que ese organismo muestra a dichos elementos, como metales pesados, clorofluorocarbonos y derivados de petróleo, entre otros.
También, consideró, es un prototipo práctico, porque resulta fácil sostener y reproducir esos peces. Asimismo, es económico, pues no se requiere de infraestructura y condiciones sofisticadas para su mantenimiento.
De los resultados obtenidos, Olvera Quezada mencionó que manejan ya algunas partes del cuerpo de estos animales como marcadores, siendo las más sensibles la columna vertebral, las aletas ventrales y dorsales sobre todo, y el corazón.
En la FC, indicó, han analizado metales pesados como mercurio, cadmio y cromo, así como algunos herbicidas que se emplean para control de plagas en cultivos que, a la hora del riego y la lluvia, se deslavan yéndose a los ríos. La cuestión, resaltó, es que aún cuando se diluyen, la persistencia de esos agentes en el medio ambiente puede ser por un mínimo de siete días y durante ese tiempo dañar la biota natural.
Adicionalmente, hay muchos casos, comentó, sobre todo de organismos acuáticos, donde hay bioacumulación de agentes químicos, como por ejemplo, los camarones, los ostiones y la jaiba. A éstos no les pasa nada, pero cuando una persona los ingiere “es una pequeña cápsula de metales pesados que puede afectar su salud”.
Por ahora, sostuvo, falta confrontar este modelo con otros ya probados y ver qué tan bien responde. Hay muchos organismos que se usan como bioindicadores, como la trucha y algunas algas. De ahí que convenga hacer una estandarización de todos los métodos y especies empleados.
(Reforma)
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