RÍOS DE VENENO
11.30.07 - Leído 145 veces. Enviar esta notaAlejandro Balaguer
Expertos opinan que la minería de tajo abierto en bosques tropicales causaría serios impactos en la biodiversidad y en la salud humana. El triste ejemplo de la minería en los Andes peruanos llama a reflexionar a los panameños sobre el caso de Minera Petaquilla
PERÚ; 30 noviembre 2007.- A más de 4,500 metros de altura el aire escaso y el paisaje no puede ser más desolador. Registro las huellas trágicas de una minería que ha contaminado importantes ríos y valles, pero, sobre todo, que ha deteriorado seriamente la salud de millares de familias andinas que viven en estos campamentos mineros bajo la influencia nefasta de las canchas de relave.
Donde alguna vez hubo saludables lagunas, veo inmensos bancos de mineral licuado que van devorando aguas y riberas, sembrando muerte a su paso, y compruebo que -en menos de siete años- estos relaves hicieron desaparecer varios kilómetros de lagunas. Las que sobreviven lucen verdes, pero de muerte. Como es el caso de la laguna de Huascacocha que agoniza por los relaves rodeada de cerros desgarrados por la erosión que produce la extracción y el transporte del mineral.
La pobreza, también, se aferra a las laderas de La Oroya. Bajo la sombra de la lúgubre chimenea de la empresa Doe Run Perú, cientos de casas de adobe están desteñidas por el aliento amargo de la lluvia ácida, agobiadas por nubes de gases mortales que se han filtrado por la ventanas del pueblo durante décadas. Recuerdo un sabor amargo y nocivo en mi boca, el adormecimiento de la lengua y una alergia respiratoria sufrida durante la toma de las fotografías que acompañan este testimonio. Y puedo dar fe de los efectos poco saludables de una actividad minera cuando no logra llegar los estándares permisibles de impacto al medio ambiente. Pero hay otros hechos. Por ejemplo, los resultados de varias muestras tomadas a madres gestantes y a niños, son más que alarmantes: el 90 por ciento de la muestra arrojó una cifra elevada, fluctuó en rangos entre 20 y 45 microgramos de plomo por decilitro de sangre. Es decir, sangre contaminada.
La Oroya ha practicado la minería por más de un siglo ajena a la conservación de la naturaleza y de los humanos. El hecho es que ha sido escogida -de acuerdo a la National Geographic- entre los diez sitios más contaminados del planeta, y el único elegido de América Latina. -“ Es que aquí el veneno está en todas partes”, me dice Paloma, educadora de una ONG local -conocida como las Filomenas- que agrupa y defiende los derechos de las mujeres de familias de mineros. -“Nosotras morimos por el plomo, arsénico, cianuro, mercurio y otros metales pesados que se manifiestan en los relaves, efluentes, humos y contaminación, producto de una intensa actividad minera que contamina y mata. Por ejemplo yo me estoy quedando ciega por el plomo en mi sangre- cuenta entre lágrimas la representante de Las Filomenas.
La Oroya ha recibido este triste galardón con justicia, la población -casi en su totalidad- posee altísimos niveles de plomo metales pesados en la sangre. El agua que baja de los asentamientos mineros fluye hacia el Valle del Mantaro, que es el granero, la gran despensa de la capital que alimenta a millones. -“Aquí tenemos problemas respiratorios, problemas en la piel, y abunda la anemia en los más pequeños”- explica el doctor Hugo Milla del Hospital de La Oroya, un poco abastecido pero muy concurrido hospital principal ubicado en las calles polvorientas de la capital minera del Perú. -“Y además, esos metales pesados son llevados por las aguas que luego contaminan las tierras de cultivo, las plantas de las cuales nos alimentamos, y que llegan a contaminar a los propios animales. Pero lo peor es que existen problemas de arsénico, y eso nos lleva al cáncer”- señala Milla.
De acuerdo a un informe publicado ésta semana en las noticias diarias del PNUMA (Programa de las Naciones Unidas del Medio Ambiente): “el arsénico, probadamente lesivo para la piel, además de causante del cáncer a la misma y al hígado, supera (en la Oroya y valle del Mantaro) hasta en 393 veces el nivel permitido por los estándares internacionales”.
Atrás quedan la imágenes de la desolación. He llegado de esa región triste de los Andes peruanos, a la verde Panama, y veo una tormenta desatada ya que una minera llamada Petaquilla está arrasando con grandes y valiosos parches de bosques del Corredor Biológico Mesoamericano. Pero, todavía están frescos los testimonios reveladores que muestran que la vida saludable se hace muy difícil y peligrosa cuando se desarrolla minería a tajo abierto sin contar con extremas medidas de seguridad.
-“Porque hay países que guardan mejores condiciones geográficas que otros para hacer minería a tajo abierto. No es lo mismo hacer minería en el desierto de Atacama que en los bosques tropicales, porque este caso hay un impacto irreversible en los ríos y en la vida”- opina Oliver Page, un ingeniero del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), experto en temas de minería.
He sido testigo en las dos últimas semanas del envenenamiento en los andes por la minería irresponsable, también de la amenaza del desarrollo minero en los valiosos e irremplazables bosques istmeños, y es momento de hacerse varias preguntas: será ya hora que los individuos tomemos decisiones sobre nuestro futuro?, son los gobiernos y las empresas las más apropiadas para garantizar la reducción de impactos al medio ambiente?, es hora de que los pueblos escojan por sí mismos los modelos de desarrollo que desean?.
Datos claves
-La Organización Mundial de la Salud establece un máximo permisible hasta 10 microgramos de plomo por decilitro de sangre. Porcentajes sobre esa medida se consideran contaminación seria.
-Actualmente, el estado peruano enfrenta un proceso en la Corte Interamericana de Derechos Humanos por el caso de contaminación con plomo en la población de La Oroya.
-Esta semana, ambientalistas en Panamá pidieron al presidente Martín Torrijos detener las concesiones mineras en el país, y llevar la decisión a consulta pública y democrática.
(La Prensa)
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