BIOCOMBUSTIBLES AMENAZARÁN ZONAS PROTEGIDAS: ENKERLIN
10.16.07 - Leído 109 veces. Enviar esta notaLas áreas naturales se verán sometidas a presión agrícola si se dispara la demanda de caña de azúcar y maíz. El presidente de la CONANP pide que haya prudencia en la adopción del etanol
MÉXICO, D,F; 16 octubre 2007.- Emigrar demasiado rápido o de manera desordenada desde los actuales motores de combustibles fósiles, como la gasolina y el diesel, hacia nuevos motores para biocombustibles, como el etanol de maíz y caña de azúcar, puede representar una amenaza para las áreas naturales.
Debido al gigantesco tamaño del parque vehicular en México y el mundo, la demanda de biocombustibles podría dispararse, estimulando que los monocultivos –en este caso el maíz y la caña—desplacen a otros cultivos alimenticios y estimulen entre los campesinos el desmonte de bosques y selvas para dedicarlos a la agricultura.
Ernesto Enkerlin, Presidente de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), indica que, desde la óptica de los conservacionistas latinoamericanos, este es uno de los temas más serios y preocupantes para el futuro próximo.
“No hay que decir que todos biocombustibles son malos, ni que se deberían prohibir, yo creo que es un área que se debe desarrollar, y qué bueno que se desarrolle, sin embargo, tiene que ser dentro de ciertos límites donde no produzca, ni escasez de alimento para los humanos, ni degradación del patrimonio natural de toda la humanidad”, indica en entrevista con Milenio el también coordinador latinoamericano de la organización Red Parques.
“Es importante que América Latina –que alberga el 18 por ciento de todos los parques naturales del planeta— se exprese de manera importante. Si seguimos con los actuales modelos de altísimo consumo de energía, únicamente estaremos cambiando de droga. Retenemos la adicción que tenemos sobre los combustibles fósiles, pero ahora pasando a una adicción sobre biocombustibles, que no son combustibles sostenibles”, apunta el biólogo regiomontano.
La preocupación por la posibilidad de que en los próximos diez años ocurra una explosión en la demanda de maíz y caña de azúcar fue una de las preocupaciones compartidas por los biólogos, economistas y sociólogos que se reunieron en Bariloche, Argentina, durante el Segundo Congreso Latinoamericano de Parques Nacionales y Reservas Naturales.
El encuentro, al que México acudió con representantes de universidades, varias ONG e instituciones públicas, sirvió para analizar los datos que hacen prever una fuerte presión de la frontera agrícola hacia las áreas naturales: el último año ya se dedicó un millón de hectáreas de tierra, en todo el mundo, al cultivo de maíz para etanol; la expectativa de que siga aumentando el precio de los granos –como ocurrió en 2006— estimula que se expanda la migración hacia los monocultivos, y cada vez hay más productores en países que son potencia en cultivo de granos, como Estados Unidos, que destinan su producción a los biocombustibles.
“El potencial de que en los próximos 5 ó 10 años haya una presión tremenda para el cambio de uso de suelo, en búsqueda de producir más biocombustibles es realmente gravísima. Esa es una de las grandes razones por las que México acudió al Congreso Latinoamericano, para hacer bloque con los países de la región para evitar ese tipo de prácticas”, dice Enkerlin.
En su versión final, preparada a lo largo de una semana de talleres y debates, la Declaración de Bariloche identifica a la agricultura a gran escala como la principal amenaza para la biodiversidad latinoamericana, en la cual están algunos de los países megadiversos del planeta: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, México, Perú y Venezuela .
“La incorporación de los biocombustibles debe hacerse de manera ordenada, dentro de una visión más amplia en la que también se modifique el actual patrón de consumo de energía, que es desbocado”, dice el Enkerlin. El problema no es sólamente cuáles combustibles utilizamos, sino las enormes cantidades en que lo hacemos.
“Necesitamos combustibles sostenibles y migrar a nuevas formas de energía y pero también necesitamos ser más eficientes en el gasto. Necesitamos una política más creativa en términos energéticos”, concluye el presidente de la CONANP.
El peligro
En los próximos cinco o diez años, la demanda de biocombustibles puede estimular que los campesinos desmonten desordenadamente bosques y selvas para sembrar granos y caña.
La Declaración de Bariloche, avalada el 7 de octubre por más de dos mil 200 biólogos, sociólogos y economistas, indica que la agricultura de granos a gran escala puede arrinconar a las áreas naturales.
Premio Nobel de Química los desaprueba
El Premio Nobel de Química 1991, Richard R. Ernst, advirtió “de la tragedia que se avecina” si se promueve la utilización de alimentos, como en el caso de granos básicos, para la generación de los combustibles y la energía del futuro.
En contraste, en conferencias en Mérida para la Universidad Autónoma de Yucatán, el Centro de Investigaciones Científicas de Yucatán y el Cinvestav del Politécnico Nacional, aplaudió los planes de ayuntamientos yucatecos para instalar quemadores de gas metano para la venta de bonos de carbono, ya que consideró que es una medida inteligente para impulsar la economía local y minimizar el impacto al medio ambiente.
A pesar de que considera que lo ideal sería que esa medida fuera general, incluyendo a los grandes contaminantes del mundo, como son las grandes potencias, reconoció que para que eso suceda tendrían que eliminarse “los deseos de competencia y poder que provocan que se degenere la ecología y disminuya el grave impacto ambiental que se padece en la actualidad”.
(Milenio)
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