HONDURAS YA PROVEE DE MAÍZ TRANSGÉNICO
08.28.07 - Leído 152 veces. Enviar esta notaMéxico compra maíz transgénico proveniente de Honduras sin saberlo. Maseca, la compradora principal
EL CEDRAL, Honduras; 28 agosto 2007.- Los agricultores del departamento de Olancho, en Honduras, aseguran que la empresa mexicana Maseca les compra la producción transgénica, puesto que la procesadora no tiene manera de diferenciar un grano natural de uno modificado.
Este país centroamericano es el único del continente que permite “liberar” los organismos genéticamente modificados, pero no manda etiquetar los productos trasgénicos, por lo que ambos tipos de gramínea son empacados sin un sello que distinga cuál es cuál, y llegan a México indiferenciados.
En nuestro país, al contrario, la la Ley de Bioseguridad exige rotular claramente todo producto genéticamente modificado para que los mexicanos sepan qué están consumiendo, pero en los productos importados es fundamental la declaratoria del país exportador, que en el caso de Honduras no expresará si el cultivo es transgénico.
En 2005, no obstante, el informe anual de Maseca (productora de harinas y derivados de maíz) reconoció que existía la posibilidad de que hubieran utilizado maíz y trigo alterado genéticamente sin quererlo.
“Es posible que involuntariamente hayamos adquirido maíz y trigo modificado genéticamente, mismo que no está aprobado para consumo humano. Lo anterior pudiera representar una recolección costosa y pudiera exponernos a potenciales demandas que pudieran tener un impacto negativo en nuestras ventas, nuestras utilidades y en el precio de nuestra acción”, señala el texto.
Un año después, en febrero de 2006, la organización ecologista Greenpeace reveló los resultados de pruebas de laboratorio hechas a nueve muestras de harina de Maseca elaboradas en siete plantas de México, a fin de descubrir si esa procesadora utilizaba transgénicos.
Estas pruebas arrojaron que cuatro de nueve muestras de harina de maíz de Maseca tenían maíz transgénico.
“Claro, Maseca nos compra el maíz porque no tiene forma de cómo determinarlo. Nosotros no tenemos una ley que nos obligue a etiquetar el producto y además, hasta ahora, no se ha comprobado ningún daño”, aseguró el productor hondureño Rigoberto Erazo.
No obstante, comentó que hace dos años la compañía dejó de comprarles durante un tiempo por, según cree él, un rumor sin ningún sustento que circuló en aquel país.
“En una ocasión, hace dos años, Maseca no nos compraba nuestro maíz porque un dirigente dijo que el maíz transgénico era portador de VIH, entonces la gente temía”, relató el campesino.
Por su parte, Orlando Izaguirre, también agricultor, comentó que no les preocupa vender el maíz transgénico sin ponerle una etiqueta, porque ellos y sus familias se alimentan con él.
“Nosotros lo que queremos es producir, y aparte lo que buscamos es dinero, es billete; lógicamente sin causar ningún efecto ecológico y ningún efecto malo, si dicen que esta variedad mata… yo como, mi familia come, y hasta ahorita no nos ha hecho daño todavía”, acotó.
NO SE PUEDE DISTINGUIR
En el campo El Cedral, en Olancho, sólo un árbol divide al maíz transgénico del natural. Bajo él, se está justo a la mitad de los dos plantíos.
Aunque todo parece igual a simple vista, dos tipos de grano conviven en un mismo campo sin que se pueda saber cuál es cuál. Lo mismo pasa en el mercado, en el que todo el maíz se comercializa sin distinciones.
Este paisaje es una imagen de la discusión que sobre estos productos se ha dado en el mundo.
La diferencia es que Honduras es el único país centroamericano con una legislación que permite liberar los cultivos modificados genéticamente.
En julio, el ministro de Agricultura de ese país quiso revertir esa ley.
“Hace unos meses un agente del Ministerio y algunas organizaciones de corte ecologista quisieron anular la ley, pero desde hace seis años está vigente el permiso de uso, investigación y comercialización (de transgénicos). O sea que nosotros, como productores, teníamos miedo de que nos cambiaran el juego una vez que esté ya sembrado, pero no pasó nada. Él (el ministro) vino a ver los campos personalmente y se dio cuenta de lo que se estaba haciendo”, afirmó el productor Rodolfo Rubio.
En Honduras hay 600 agricultores que se dedican a cultivar la semilla genéticamente modificada para la comercialización. En este país centroamericano se cultivan 50 mil hectáreas de maíz transgénico, es decir, con protecciones y modificaciones en su ADN contra plagas de gusanos barrenadores, eloteros y cogolleros,
Un recorrido por los campos del departamento de Olancho, cuyo territorio es más grande que El Salvador, permitió conocer la experiencia de los hondureños en el uso de esta tecnología.
Para los campesinos, las ganancias por la producción de maíz transgénico son de 77%; el resto es para pagar el costo del paquete biotecnológico que utilizan.
Aseguran que, si no aplican el gen que modifica al maíz para combatir la plaga y la maleza, su rendimiento bajaría hasta en 25%.
Por eso sus ingresos se han incrementado: “Una hectárea de maíz le puede dar casi dos mil dólares de ingreso neto, cuando antes estaríamos hablando de 300 a 500 dólares.
Nosotros tenemos rendimiento por hectárea de 172 quintales (7 mil 801 kilos) y eso sacamos en un ciclo de producción de 90 días”, agregó Rubio.
Reiteró que sembrar maíz convencional no era negocio y que la ventaja de cultivar trasgenicos se ve en los bolsillos: “Esta biotecnología protege todo el ciclo. Desde que se siembra la semilla ya está protegida contra insectos y maleza; entonces, el rendimiento se potencializa. Esa protección de rendimiento es lo que los hace diferentes y al agricultor le facilita la vida muchísimo”, aseguró.
En Olancho se produce 60% de todo el maíz de Honduras.
“Entonces todo este grano va para consumo humano, porque es blanco”, finalizó.
(Excelsior)
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