BUSCAN PONER FIN A LA BASURA
08.20.07 - Leído 122 veces. Enviar esta nota“Basura”, dice el personaje interpretado por Andie MacDowell en Sexo, Mentiras y Video (Sex, Lies and Videotape). “Toda la semana, sólo he pensado en basura…es que tenemos tanta. Algún día se nos tienen que acabar los lugares en dónde ponerla”
ESTADOS UNIDOS; 20 agosto 2007.- En 1989, la basura preocupaba a Estados Unidos. California ordenó a sus ciudades a reciclar el 50 por ciento de su basura para el 2000, o enfrentarían multas. La tasa de reciclaje nacional era de 16 por ciento.
Hoy en día, San Francisco tiene una tasa de reciclaje del 68 por ciento, la mejor de cualquier ciudad estadounidense, y tiene la intención de mejorar mucho más.
Aunque San Francisco y Wal-Mart no tienen mucho en común, sí tienen esto: ambas tienen la meta de producir cero basura.
Comparten la meta ciudades y pueblos desde Boulder, Colorado y Carrboro, Carolina del Norte, hasta Buenos Aires y Canberra, Australia, al igual que un número sorprendente de compañías, entre ellas Toyota, Nike y Xerox.
Ya avanzan: Toyota ha eliminado los desperdicios de su sede estadounidense de 5 mil empleados cerca de Los Ángeles. Los Gobiernos intervienen para regular la eliminación de computadoras, teléfonos celulares y empaquetado.
Crear cero deshechos es como suena: producir, consumir y reciclar productos sin tirar nada. Alcanzar un mundo sin desperdicios requerirá nada menos que un rediseño total de la economía global, lo que pensadores como el arquitecto William McDonough han llamado la Siguiente Revolución Industrial.
“No hablamos de eliminar los desechos”, explica McDonough. “Hablamos de eliminar todo el concepto de desechos”.
Falta mucho para que esta visión utópica se vuelva realidad. No obstante, la cambiante economía de la eliminación de desechos, los avances técnicos y el activismo popular -junto con el ardiente deseo de las grandes compañías de parecer ecológicas- la acercan más de lo que uno podría pensar.
Cuando se realiza de manera correcta, el reciclaje ahorra energía, conserva los recursos naturales, reduce las emisiones de gases con efecto invernadero e impide que se filtren toxinas de los rellenos sanitarios.
Entonces, ¿por qué no lo hace todo el mundo? Porque a menudo es más barato tirar las cosas. La economía del reciclaje depende de las cuotas de los rellenos sanitarios, del precio del petróleo y de la demanda de los bienes reciclados.
Con el tiempo, la economía del reciclaje deberá mejorar. Los costos de las mercancías vírgenes probablemente subirán al tiempo que las reservas disminuyan; las cuotas aumentarán en los rellenos a medida que se saturen.
Entre tanto, el reciclaje se ha convertido en un negocio de 238 mil millones de dólares, que emplea a 1.1 millones de personas, según la Agencia de Protección Ambiental. A pesar de todo eso, las tasas de reciclaje se han estancado.
“Tenemos que volver a involucrar al consumidor”, dice Kate Krebs, directora de la Coalición Nacional de Reciclaje, un grupo de la industria cuyo consejo incluye a ejecutivos de Dell, Coca-Cola y Time Inc. “Si no lo hacemos, entonces todos los compromisos que Wal-Mart, Dell y otros han hecho serán difíciles de cumplir”.
Rene St. Denis, ejecutiva de Hewlett-Packard, fue a China en 1994 para ver qué les pasaba a las impresoras y computadoras después de que eran tiradas. En la ciudad de Guanjo, vio a cientos de personas destrozar máquinas para llegar a los metales del interior.
“El proceso de desensamblaje consistía en pegarle a las máquinas con una piedra”, recuerda. “Le pagas a alguien 2 dólares al día para que saque cobre con valor de 3 dólares, y es un negocio muy bueno”.
También es un negocio peligroso porque las computadoras pueden contener materiales
tóxicos como plomo, mercurio y cadmio.
En un año, St. Denis había comenzado a enderezar el proceso de HP. Ayudó a formar una sociedad con una firma de metales y minería canadiense llamada Noranda para construir una planta de reciclaje cerca de Sacramento.
Impresoras y PCs viejas llegan a ese lugar para morir: después de que técnicos recuperan las partes reutilizables, las máquinas son despedazadas por potentes trituradoras, hechas pedazos por un granulador, y las partes son separadas por imanes y corrientes de aire.
Los metales preciosos son enviados a Noranda; el aluminio, vidrio y plástico son vendidos a recicladores. Nada termina en los rellenos sanitarios.
HP ofrece el reciclaje sin costo a algunos clientes, aunque les cobra a otros entre 13 y 34 dólares por artículo. Aun así, la operación de reciclaje de la compañía registra una pequeña pérdida, que es vista como una inversión en la reputación y los valores de la compañía.
“Hasta donde entienden el proceso, los clientes tienen una mejor opinión de HP”, señala St. Denis, quien actualmente dirige el programa de reciclaje de la empresa.
Wal-Mart ha empezado a medir cuánto empaquetado usan sus proveedores; reciben una tarjeta de puntuación basada en nueve factores, entre ellos las emisiones de dióxido de carbono producidas, la proporción de producto-paquete y el uso de contenido reciclado. Wal-Mart quiere reducir el empaquetado en un 5 por ciento, lo cual, calcula, ahorrará a la compañía y sus proveedores alrededor de 11 mil millones de dólares.
(Fortune)
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