SANA, SANA, COLITA DE RANA
08.6.07 - Leído 320 veces. Enviar esta notaOpinión de Homero Aridjis
Al entrar a la exhibición “Ranas: Un coro de colores”, abierta al público hasta el 8 de septiembre en el Museo Americano de Historia Natural en Nueva York, lo primero que se ve son un par de ranas regordetas mexicanas (Pachymedusa dacnicolor), especie arborícola endémica de México. Con suerte usted podrá ver una de estas ranas verde hoja con puntos amarillos colgada de una rama por un dedo del pie. Igual que los demás anfibios expuestos se encuentran en una recreación de su hábitat natural.
Este museo goza de fama mundial por su colección de fósiles y especímenes taxidérmicos, entre ellos esqueletos de dinosaurios como el Apatosaurio y el Tiranosaurio rex, alberga miles de piezas etnográficas, como los postes totémicos y las máscaras de indígenas de la costa del Pacífico noroeste de América. El enorme recinto dedicado a la vida en los océanos es presidido por una réplica tamaño natural de una ballena azul.
Pero de vez en cuando el museo abre sus puertas a especies vivas, y ahora ha montado esta cautivadora y fascinante exposición de más de 200 ranas, que van desde la diminuta Ranita dorada de Madagascar (Mantella aurantiaca) hasta la enorme Rana toro africana (Pyxicephalus adspersus), cuyo macho puede medir 18 centímetros y pesar un kilo, y es capaz de sobrevivir por meses en el desierto sin comer ni beber, hibernando bajo tierra para emerger con la llegada de las lluvias para aparearse. El macho vigila y defiende los huevos y los renacuajos, salvo cuando se los come él mismo, ya que su canibalismo empieza desde joven. Sólo se notan los ojos saltones y la boca grande de un escuerzo (Ceratophrys ornata) que, oculto en el hoyo que ha cavado en la tierra, espera inmóvil que pase alguna presa para comérsela. Es nativo de Uruguay y Argentina.
Quizás la joya de la exposición es el vivero donde coexisten unas 80 ranitas de la familia de los dendrobátidos, ranas venenosas de colores brillantes que habitan las regiones tropicales de América Central y Sudamérica. Sus llamativos amarillos, verdes, rojos, azules y naranjas avisan a los depredadores de su toxicidad, porque los dendrobátidos convierten las toxinas de los insectos que comen en algunas de las sustancias más tóxicas del reino animal. El veneno de una sola Rana de oro de dardo venenoso (Phyllobates terribilis) basta para matar a 10 seres humanos o a 20 mil ratones, atacando el sistema nervioso. Los indígenas Embera Chocó, de Colombia, frotan sus dardos de caza sobre el lomo de estas ranas (por cierto, esta etnia sufre una crisis de hambre y desnutrición, y su sobrevivencia puede ser tan precaria como la de estas ranas, cuyo hábitat en la selva húmeda tropical se está desforestando rápidamente). Estas mismas sustancias tóxicas tienen usos médicos como analgésicos. A través de tres cámaras el visitante puede seguir de cerca a ranas individuales. También puede escuchar el croar de ranas y sapos, y verlos en el campo por videos, informándose sobre su biología y costumbres.
Las ranas existen desde hace más de 200 millones de años, y se encuentran en casi todo el mundo, desde los bosques tropicales hasta las tundras heladas y los desiertos calientes, pero de acuerdo a la Evaluación Anfibia Global, hoy en día la tercera parte de las casi 6 mil especies de anfibios conocidas (88 por ciento son ranas) están amenazadas con extinguirse, y sus poblaciones están en declive globalmente a una velocidad que rebasa la pérdida de aves y mamíferos. Desde 1980, 129 especies han desaparecido de la faz de la Tierra, víctimas de la degradación y la pérdida de hábitat, de los efectos del cambio climático, y de la radiación ultravioleta. Son muy sensibles a la contaminación del agua, a los plaguicidas, a la lluvia ácida. Algunos científicos creen que la presencia del hongo chytrido en poblaciones de ranas en varios continentes es el mayor sospechoso en la rápida desaparición de los anfibios, ya que a través de investigaciones en América Central y Sur se ha comprobado una relación entre la mortandad de ranas atribuible a esta infección cutánea y al aumento de temperatura debido al calentamiento global. Ha dicho J. Alan Pounds, investigador en la Reserva de Monteverde en Costa Rica, que “la enfermedad es la bala que está matando a las ranas, pero es el cambio climático el que jala el gatillo. El calentamiento global está devastando a los anfibios, y pronto ocasionará incontables pérdidas en la biodiversidad”. El declive de las poblaciones de los anfibios se da sobre todo en el trópico americano, donde aun en selvas “vírgenes” en áreas protegidas han desaparecido especies de ranas. Como los canarios en la minas de carbón, los anfibios son el barómetro de los ecosistemas donde habitan, por ser tan vulnerables a los problemas ambientales. Se cree que hay alrededor de 10 mil especies de anfibios en el planeta, de las cuales muchas están condenadas a la extinción antes de ser nombradas por el ser humano. Tan sólo en México 198 especies de anfibios están en peligro de desaparecer.
Sana, sana, colita de rana, Si no sanas hoy, sanarás mañana. Desgraciadamente, nada parece indicar que las ranas estarán a salvo mañana ni que nuestro planeta cada día más malherido va sanarse. Dicen que para cocinar una rana viva no hay que tirarla al agua hirviente porque saltará de inmediato fuera de la olla. Más bien hay que meterla en agua fresca y subir el calor lentamente, un grado a la vez. Antes de que la rana se dé cuenta, estará cocida. Así nos está pasando con la Tierra, pero la gran mayoría no se da cuenta. Escuchemos lo que nos están diciendo las ranas.
(Reforma)
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