EL LLANO INFINITO
08.4.07 - Leído 323 veces. Enviar esta notaRedacción Planeta Azul
¿Te vas de viaje? Lánzate al centro de Canadá. En la vasta región de Manitoba, osos polares y humanos conviven desde tiempos ancestrales
MÉXICO, D.F; 29 julio 2007.- He visitado las grandes metrópolis del este de Canadá, como Toronto y Montreal, y, en general, todo el este del país me parece un sitio compuesto por varias culturas: rasgos ancestrales vikingos y franceses, ingleses e inuit, junto con mi’kmaqs, conviven con la más reciente migración latina y árabe.
Ahora me dirijo al centro del país, volando hacia Winnipeg, en Manitoba, donde comienzan las Praderas. Al bajar del avión, se siente el verano continental: altas temperaturas como para andar en traje de baño por las calles.
De inmediato voy a The Forks, la confluencia de los ríos Red y Assiniboine, donde se han reunido diversas culturas para intercambiar bienes desde hace seis mil años.
En este antiguo centro internacional de transporte, conocido como el corazón de Norteamérica, también hay enclaves culturales como Gimli, la población islandesa más importante fuera de su país, y Saint Boniface, la comunidad francesa más significativa de Canadá, fuera de Québec.
He llegado a tiempo para disfrutar del festival Folklorama, que se lleva a cabo por toda la ciudad a principios de agosto, con 21 pabellones en los que hay danza, teatro y música de distintos países y regiones.
Al día siguiente voy al pueblo de la Herencia Menonita: un grupo religioso que fue perseguido desde su formación en Holanda, y que mantiene su tradicional estilo de vida del siglo 16. Bajo el viejo molino del lugar, le platico a un menonita que pienso ir hacia Churchill.
“Tal vez te convenga esperar unas semanas si de todas formas andarás en Canadá”, me dice, “la temporada de los osos polares va de septiembre a noviembre. Desde aquí son 36 horas en tren, quizás es mejor volar”.
Aunque Churchill está en la misma provincia que Winnipeg, es muy lejano, y aunque está en el mismo país que Montreal, está más cerca de Europa.
Churchill es un poblado muy tranquilo, probablemente porque la única ciudad subártica en el mundo desde la cual se puede llegar es Winnipeg; aquí estoy bastante más abrigado: la temperatura es cercana a los cero grados y, según me comentan, en verano no suele subir de los 15.
En una pequeña tienda me recomiendan -en tono de broma- no caminar con tanta calma por las calles, especialmente si alguna vez he temido a los perros, pues aquí me podría topar con un oso polar. Durante la temporada en que el mamífero va de caza a la Bahía Hudson, unos trescientos de ellos cruzan el pequeño poblado: husmean los botes de basura y persiguen algunos automóviles hasta que son capturados para ser enviados a las afueras de la ciudad.
Es por ello que me quedo frente a la ventana del hotel, buscando algún cuadrúpedo merodeando las calles. Más tarde tomaré el Tundra Buggy, un vehículo con ruedas especiales para este clima, desde el que se ven a los osos en su hábitat.
Ellos observan nuestro vehículo sin sorpresa y continúan su calmada cotidianeidad; sólo algunos de ellos corren por momentos: quienes estamos en el vehículo no separamos la cara de las ventanillas, emocionados.
Contento y de vuelta en Churchill decido ir al Lazy Bear Café -Café del Oso Perezoso- del boulevard Kelsey, y me tomo una cerveza Boréal, la que tiene el dibujito de un oso polar en la etiqueta. Le platico mi experiencia a Oliver, un habitante de la ciudad que se acerca interesado.
Él es inuit, y comienza a hablar orgulloso al respecto.
“Descendemos de los Thule, una de las primeras tribus que habitaron Canadá, se expandieron desde Alaska hasta Groenlandia”, me informa.
Agrega que la mayoría de los descendientes, los inuit, habitan Alaska y el territorio de Nunavut, al norte de Manitoba, así como el norte de Québec. Viven de la caza de ballenas, cuyos huesos utilizan para hacer sus casas.
Tras visitar el fuerte Príncipe de Gales, una construcción del siglo 18, parto en avión hacia Winnipeg, la primera escala en mi regreso a México.
SABÍAS QUE…
El oso polar está en riesgo de desaparecer si el calentamiento global sigue en aumento. En 2005 había de 25 a 30 mil en el mundo, 15 mil de ellos en Canadá.
Se estima que en la Bahía de Hudson hay unos mil 200.
Los adultos miden cerca de 2.5 metros de largo y 1.5 de alto, en cuatro patas y pesan de 300 a 800 kilos.
Los machos viven hasta 25 años, mientras que las hembras alcanzan los 30.
Su piel es negra y tienen dos capas de pelaje: una sobre la piel, que los protege del clima ártico, y otra de pelos grasosos que sirve para deshacerse rápidamente del agua.
BRÚJULA
CÓMO LLEGAR
Se puede volar de la Ciudad de México a Montreal y de ahí a Winnipeg. Existen empresas especializadas que llevan al viajero de Winnipeg a Churchill y organizan los tours por la Bahía de Hudson para observar osos polares. Algunas de ellas son
DÓNDE DORMIR
Lazy Bear Lodge and Cafe, www.lazybearlodge.com.
DONDE COMER
Lazy Bear Cafe; 313 Kelsey Blvd, Churchill. Tel.: (204) 675-2969. Seaport Hotel; 299 Kelsey, Churchill. Tel.: (204) 675-8807.
Traders Table; 141 Kelsey Blvd, Churchill. Tel.: (204) 675-2141. Tundra Inn; 32 Franklin St, Churchill. Tel.: (204) 675-8831.
MÁS INFORMACIÓN
www.travelmanitoba.com
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