CONSULTA VERDE… CORAJE
08.2.07 - Leído 54 veces. Enviar esta notaOpinión Marielena Hoyo Bastien
Recibí grata invitación para acudir este pasado domingo 29 de julio a resolver mi boleta para la CONSULTA VERDE en el Hemiciclo a Juárez, sitio donde según supe, también se presentó para lo mismo el Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard, poco tiempo antes de que yo llegara. El canijo no me esperó. “Estaremos desde las 11 y hasta las 15 horas, vente a la hora que puedas”, se me dijo, abriéndome una posibilidad absoluta para no negarme. Además, se me vino a la cabeza lo diferente y bonito que me resultaría ir al Centro el domingo por la mañana, pasear por la Alameda, disfrutar de cuanta chuchería se expende en ese lugar, escuchar a los merolicos, admirar a los caballotes de la policía charra y echarle ojo a uno de los edificios que más me gustan en la vida… el de Correos. Total, de todas formas mi interés en participar estaba definido pese al tipo de preguntitas, con sabor a respuesta positiva. El único “pero” estaba en hacerlo a una distancia considerable de casa, pero… ¿cuál sería el problema?
Así pues, ahí tienen a su mensa con rumbo a Bellas Artes, donde mal supuse que podría dejar el automóvil y caminar, dado que desde donde vivo y hasta el lugar de destino no hay comunicación pública factible, segura y puntual y eso de despacharme a pie, en bicicleta o en moto no me latió, un poco por el cambiante clima de esta época, que lo mismo puede pasar de un calor bochornoso a pleno diluvio y otro tanto, por el sobrepeso en que la angustia me tiene (ya saben… estrés… chocolatito… estrés), pero más que nada por las actividades que tenía posteriores a mi participación en la encuesta ciudadana pues, para que se entere la autoridad por aquello del inminente no circula sabatino, habemos mexicanos que trabajamos los 7 días de la semana, lo que obligará nuevamente a la adquisición de un segundo vehículo, nuevo o carachento, pero que igual aportará contaminación y abultará con sólo llevar en la placa el color permitido para su uso. En fin, para empezar, topeme conque los bicicleteros, patinadores y caminadores domingueros —bastante pocos, por cierto— habíanse adueñado de gran parte de Avenida Reforma, quedando bloqueado el paso para los automotores que fueron desviados hacia las laterales en vez, ¡por Dios!, de que sea al revés, convirtiendo esa alternativa en un caos. Despasititito avanzábamos entre vende chicles, limpiaparabrisas y demás, escuchando toda clase de propuestas y ofertas. Hubo quien también regaló bolsitas “sirveparanada” con la promoción de la CONSULTA VERDE, pero que de seguro tuvieron un costo inútil para la Ciudad. Aún con todo, no me mortifiqué, sólo que… permitir o provocar ejercicio del tipo a un día de haber estado en fase de precontingencia llamó particularmente mi atención, deduciendo que lo que en realidad importa a la autoridad capitalina no es la salud, bienestar y diversión de la gente, sino las medidas populistas y demagógicas. Allá cada quien. Me concreté entonces a buscar cómo llegar a mi compromiso librando cierres de calles por obra y por las pistolas de quien sea. En una de esas, viendo cómo transcurría el tiempo, bajeme del auto sabe Dios en qué calle (soy absolutamente desorientada) dejele el volante a quien me acompañó y caminé firme y decidida a ejercer mi derecho al voto ambiental, pero… mi apresurada marcha hacia el Hemiciclo fue disminuyendo conforme encontré una Alameda repleta de gente a la que lo último que le importaba era el cuidado del Planeta. ¡Qué felicidad! me dije, pero… quedándome con una preocupación extra. Había basura tirada por todas partes, botellas de plástico, chicles, escupitajos y para colmo, me tocó hasta el típico patán sonándose la nariz al aire, lanzando su asqueroso moco a la acera; en algunos tramos, inclusive, me resultó imposible circular ante la ola de personas haciendo “cola” para darse ¡un “toquecito” eléctrico por 5 pesos! o para adquirir el producto mágico que les vende un sinvergüenza bajo promesa de curarles desde una diabetes hasta el mal de ojo y… todavía me faltaban las fuentes con espectaculares esculturas, pero con agua de tono verde limón o para que mejor se me entienda, color “moco de King Kong”. Triste, desilusionada, pero sobre todo harto preocupada porque esa fuera la gente que opinó sobre las decisiones ambientales del presente gobierno defeño, por fin llegué al módulo.
Por supuesto ya no estaba nadie de quienes me convocaron, ni modo, lo importante era emitir juicio, sin embargo y por el apuro de llegar, terrible cosa fue haber dejado la credencial de elector en el coche y era requisito indispensable. De otro modo no valdría mi opinión. Le pongo mi nombre y datos, señor, le dije a don Abelardo Simonín, trabajador —según me informó— de Transportes Eléctricos a cargo de esa mesa de votación. No, me dijo, si no trae el documento marque una cruz en el recuadro de mayor de 12 años, menor de 17. La verdad, me resultó muy atractivo hacerlo de esa forma por aquello de la edad… ya saben como nos gusta a las mujeres mentir en ese aspecto, pero… los chicos tienen otras preguntas ¿no?, aseveré preguntando. Dejarán inválida mi participación, insistí. Chiflaron en la loma el citado y una compañera que presurosa, mejor me amarró una pulserita-listón promotora de la CONSULTA y tan tan. Lucí la joya durante el resto de la jornada en que según he leído participaron poco más de 350 mil personas y menos de 400 mil. Sobre ese mínimo voto, cuyo resultado aún no es dado a conocer, “democráticamente” y por lo pronto, ya se decidió el no circula sabatino. Bien, pero antes, el gobierno debe cumplir con proporcionarnos un transporte eficiente, seguro y puntual, con comunicación por toda la Ciudad en cualquier horario. Proporcionar los recursos para que cada Delegación cuente con camiones recolectores de basura en buen estado y sobre todo con elementos capacitados para el correcto manejo de los desechos. Promover los créditos suficientes y servir de aval, para que los transportistas adquieran unidades no contaminantes. Terminar con las tremendas fugas de agua que hay por toda la Ciudad y… ¡chin!, ya se me acabó el espacio.
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(Crónica)
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