MÉXICO, DE ESPALDA AL MAR
07.16.07 - Leído 61 veces. Enviar esta notaOpinión Gabriel Quadri de la Torre
El desencuentro mexicano con el mar es ancestral; desde sociedades prehispánicas ignorantes de la vela, hasta ineptitudes de gobiernos modernos, y ánimos depredadores generalizados en comunidades costeras. Prevalece la visión de que el mar territorial y patrimonial mexicano (1,000 kilómetros de costa por 200 millas mar dentro, casi el doble de su territorio terrestre) es apenas poco más que un sitio de extracción de cualquier ser vivo que signifique algunos pesos de ganancia. Lejos estamos de una visión integrada, de una cultura de responsabilidad, y de un sistema moderno de gobernación marinos. Rigen enfoques sectoriales miopes, y captura de instituciones de gobierno por parte de intereses creados.
El último “Programa Nacional Rector de Pesca y Acuacultura Sustentables” (sic) presentado hace algunas semanas es evidencia sobresaliente de incuria hacia el mar. Como discurso y óptica de gobierno es arcaico y decepcionante: el mar aparece como un estanque (ilusamente) lleno de pescados y mariscos; los ecosistemas marinos se miran sólo de soslayo, al igual que la infinidad de bienes y servicios ecológicos que ofrecen. No es casualidad que el secretario de SEMARNAT no haya sido invitado al evento de presentación del programa; esta omisión de forma es un mensaje claro y fuerte sobre el contenido de las perspectivas de gobierno con respecto al mar. Desconcierta que en México, donde oficialmente las tres cuartas partes de las pesquerías están en el umbral de sobreexplotación o en franco deterioro, en el programa de marras se haya propuesto duplicar la producción. Ni una sola mención a instrumentos modernos de gobernación pesquera y marina (refugios y áreas protegidas, cuotas transferibles, derechos territoriales exclusivos, etc.). Apenas, referencias a tímidas normas administrativas cuyo cumplimiento es inverosímil, y al ordenamiento pesquero (fantasioso propósito de siempre).
300 mil pescadores en 106 mil embarcaciones subsidiadas (con casi 2 mil millones de pesos al año) extraen y matan frenéticamente un millón y medio de toneladas anuales de peces, crustáceos y moluscos; el 50% de ello en el Mar de Cortés, el Acuario del Mundo. Desorden, ilegalidad, uso extensivo de tecnologías de pesca de exterminio cruel (redes de arrastre, palangres, redes agallaeras, “ pistoleros” asesinos de fauna en arrecifes), conflictos por recursos cada vez más escasos entre pesca industrial, artesanal y deportiva, saqueo de nuevas especies ante el agotamiento de otras, ausencia de derechos de propiedad y de regulaciones eficaces, flotas sobrecapitalizadas, subsidios irracionales, devastación de ecosistemas marinos, y extinción especies. Este desastre, que se configura como el verdadero perfil del sector pesquero mexicano, contrasta con el magro valor económico que representa: apenas 16,000 millones de pesos. Menos de dos milésimas del PIB nacional.
La pesca comercial (como se practica en México) es el uso más ineficiente de nuestros mares; implica el costo de dilapidar un capital ecológico de valor incalculable a cambio de beneficios miserables. Por ejemplo, el Mar de Cortés convertido todo en Reserva de la Biosfera , y etiquetado como destino turístico sostenible y de excelencia mundial (desarrollos limitados y bien regulados, pesca deportiva, turismo náutico, ecoturismo y buceo) podría arrojar rendimientos económicos y empleos varias veces superiores.
Es urgente sacar a los mares mexicanos de la esfera sectaria de pesca, y ofrecerles un nuevo sistema de gobernación, a cargo de una nueva agencia del Estado que reúna todas las competencias necesarias, capaz de diseñar y aplicar políticas eficaces con una visión territorial ecológica, y con base en una legislación marina integral.
gquadri@sigea.com.mx
(El Economista)
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