CUESTIONA DOCUMENTA EL ARTE CONTEMPORÁNEO
07.9.07 - Leído 87 veces. Enviar esta notaSituada en el corazón de Alemania, Kassel recibe cada cinco años más de medio millón de visitantes a lo largo de cien días, quienes acuden a Documenta para ver la exposición de arte contemporáneo más importante del mundo
KASSEL, Alemania; 9 julio 2007.- Con una historia de 60 años, Documenta presenta en su 12 edición, a cargo del director artístico Roger Buergel, 530 obras de un centenar de creadores. ¿Es la modernidad nuestra antigüedad?, es uno de sus lemas, a la vez que se interroga sobre la verdad que brota a veces de un gesto mínimo.
Piezas como una jirafa disecada de Peter Friedl, un tapete persa del siglo 19, 1001 chinos que recorrerán Kassel convocados por el artista Ai Weiwei y la cocina de diseño del catalán Ferrán Adriá forman parte de la propuesta artística, que ya ha generado voces de rechazo.
“Es la peor exhibición que he visto en mi vida”, aseguró el crítico de arte del periódico británico Daily Telegraph, mientras que el del periódico alemán Berliner Zeitung resumió: “Es el regreso de la decadencia”.
Buergel decidió apostar por un lenguaje artístico nacido al cobijo de la idea, por eso invitó al chef Adriá, un gesto que muchos calificaron de mediático.
“Adriá creó su propio lenguaje y es lo que me interesa. La inteligencia artística no depende del soporte, no hay que identificar el arte sólo con fotografía, escultura o pintura, pero tampoco con la cocina en un sentido general”, precisa Buergel.
Cada día, un director artístico escoge dos personas al azar entre los visitantes de Documenta para invitarlos a una “experiencia artística” en el prestigiado restaurante El Bulli, en la Costa Brava. Los gastos de traslado y estancia corren a cuenta de Documenta.
“Arte es lo que resulta accesible para todos, y no una experiencia para la que te seleccionan”, opina Crista, una profesora alemana de 45 años que visita su segunda Documenta.
En el Museo Friedricianum de Kassel, cuna de los hermanos Grimm, el chino Weiwei ha situado su Cuento de hadas, nombre que recibe una obra dividida en dos tiempos, que ha generado también gran expectación: 1001 sillas pertenecientes a la dinastía Quing (1644-1911) propiedad del artista anteceden la visita de igual número de sus compatriotas.
Weiwei traerá a Kassel a chinos procedentes de distintas regiones del país y pertenecientes a diferentes clases sociales para que convivan con otra cultura.
Han Tian, estudiante de arte en Shanghai, tiene 20 años y forma parte del primer grupo de 200 chinos llegado a la ciudad. Tian sólo habla chino; armado con una cámara fotográfica, ríe y asiente cuando oye una palabra que cree correcta, como su nombre.
La labor de los invitados, según Weiwei, es consignar todo lo que hacen en un archivo de computadora para que la información pueda después ser analizada. “Deben observar sin dejar huellas. El arte contemporáneo necesita del conocimiento; luego, como todo migrante, volverán a China y hablarán de Alemania. Construirán una utopía”.
Los 1001 chinos de Fairytale nunca estarán juntos. “No se podía por cuestiones de logística”, aclara el artista, quien afirma que seguirán llegando en grupos de 200 y permanecerán dos semanas para luego dejar su lugar al siguiente grupo.
Buergel se planteó también incluir obras de siglos pasados para dar una carga histórica al arte contemporáneo.
“Queríamos salirnos del sistema cuadrado de una obra, un artista, una sala, e intercalar creadores de diferentes épocas y países. El espacio lo debe permitir y las obras deben de establecer un diálogo”, explica.
Ruth Noack, comisaria del encuentro, señala: “Necesitamos mirar hacia las raíces. Vivimos un tiempo de migración de las formas y hay que comparar distintas expresiones”.
Así, puede verse cómo se comunican un colorido velo de novia de Tayikistán del siglo 19 y tapetes musulmanes de los siglos 17 y 18 con gigantescos perros de peluche y videoinstalaciones en espacios definidos por colores.
“En la primera Documenta, en 1955, las obras estaban hechas de colores y formas raras, y me preguntaba qué era arte. Hoy me sigo haciendo la misma pregunta, aunque con objetos diferentes. Para mí, el arte es más sencillo, debe tener amor y capacidad para comunicar”, dice Karl, un ingeniero alemán de 71 años que vive a las afueras de Kassel.
Los críticos se preguntan ya si esta polémica Documenta, que concluye el 23 de septiembre, romperá el récord que impuso la de 2002: 650 mil visitantes.
(El País)
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