EJECUTIVO DE ALFOMBRAS PREDICA SUSTENTABILIDAD
07.2.07 - Leído 105 veces. Enviar esta nota“Estaba al frente de una compañía que saqueaba a la Tierra”, comprendió. “Pensé: ‘¡diablos, algún día van a meter a la cárcel a gente como yo!’
VININGS, Georgia; 2 julio 2007.- Lo que Ray Anderson llama su “experiencia de conversión” sucedió en el verano de 1994, cuando le pidieron que le hablara a la fuerza de ventas de Interface, compañía de alfombras que él fundó, sobre el enfoque de la compañía respecto al medio ambiente.
“Muy sencillo”, recuerda Anderson haber pensado, “acatamos la ley”.
Sin embargo, como herramienta de ventas, “acatar” carecía de fuerza inspiradora. Así que empezó a leer sobre cuestiones ambientales y a pensar en ellas, hasta que pronto le quedó claro: “estaba al frente de una compañía que saqueaba a la Tierra”, comprendió. “Pensé: ‘¡diablos, algún día van a meter a la cárcel a gente como yo!’.
“Fue una puñalada en el pecho”.
Así que en lugar de abordar las regulaciones ambientales, dedicó su discurso a su recién descubierta visión del aire contaminado, los rellenos sanitarios desbordados, los disminuidos mantos acuíferos y los agotados recursos. Sólo una institución era lo suficientemente poderosa y penetrante para darle un giro de 180 grados a estos problemas, les dijo a sus colegas, y se trataba de la institución que los causaba en primera instancia: “Los negocios y la industria. Gente como nosotros. ¡Nosotros!”.
Retó a sus colegas a establecer un plazo para que Interface se convirtiera en una “empresa restauradora”, una operación sustentable que no le quitara a la Tierra nada que no pudiera ser reciclado o rápidamente regenerado, y que no dañara a la biósfera.
La fecha límite que finalmente establecieron es el 2020, y la idea se ha afianzado por toda la compañía. Anderson explicó que mediante la reducción de desechos, el reciclaje, la eficiencia de energía y otras medidas, Interface llevaba un avance de “aproximadamente el 45 por ciento de donde estábamos a donde queremos estar”.
El uso de combustibles fósiles ha disminuido el 45 por ciento, indicó, mientras que las ventas han incrementado el 49 por ciento. Globalmente, la producción de alfombras de la compañía utiliza una tercera parte del agua que empleaba. La contribución mundial de la compañía a los rellenos sanitarios se ha reducido en el 80 por ciento.
Y en el proceso, Anderson se ha convertido en quizá el principal evangelista corporativo de la sustentabilidad. Reconoce que tuvo una ventaja, porque dirigía su compañía y controlaba sus acciones con derecho a voto. Sin embargo, lo respaldan los hechos, dijo, porque su experiencia en Interface muestra que la sustentabilidad “no cuesta, sino que reditúa”: en lealtad de los clientes, en el ánimo de los empleados y en dinero. Señala que los esfuerzos de sustentabilidad de Interface le han ahorrado a la compañía más de 336 millones de dólares, desde 1995.
De hecho, la sustentabilidad ha sido una estrategia tan exitosa que Interface estableció una división de consultoría el año pasado, para comercializar sus métodos a otras compañías.
Como es propio de un evangelista, Anderson, de 72 años, predicó el sermón de la sustentabilidad en por lo menos 15 discursos alrededor del mundo, tan sólo en el año pasado.
En el futuro, dijo, el progreso llegará “en muchos pasos pequeños y pocos pasos muy grandes”.
Desarrollar nylon reciclable, “ése es un gran paso”, dijo. Sustituir “carbohidratos”, mediante el uso de dextrosa de maíz en lugar de petróleo, sería aun más grande. La energía renovable a un precio razonable sería otro gran paso. La transportación aún es un “problema enorme”, pese a los créditos de carbono.
Anderson indicó que una clave para el éxito del esfuerzo fue su enfoque amplio y general a nivel empresa. “Si empiezas con una compañía y dices: ‘vamos a volver ecológica a esta compañía al adoptar rápidamente estos programas ecológicos’, vas a terminar con costos mayores, no menores”, señaló. “Nosotros dimos un paso atrás y dijimos: ‘analicemos todo el sistema’”.
El público presente en sus discursos también está en proceso de cambiar. Al principio, hablaba a menudo ante otros que compartían sus opiniones, dijo Anderson, pero en los últimos cinco años, su público ha estado conformado con más frecuencia por grupos empresariales.
(The New York Times)
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