LAS ACCIONES DE MITIGACIÓN EN LA ESTRATEGIA NACIONAL DE CAMBIO CLIMÁTICO DE MÉXICO: ¿ATOLE CON EL DEDO?
06.27.07 - Leído 91 veces. Enviar esta notaOpinión de Odón de Buen R.
Hace ya unas semanas, rodeado del verde jardín trasero de la casa presidencial, el Presidente de México presentó, con expresiones de gran compromiso, la Estrategia Nacional de Cambio Climático
Acompañado por el Premio Nobel de Química y varios secretarios de estado, Felipe Calderón hizo un apasionado posicionamiento personal sobre la necesidad de acción en México para combatir el Cambio Climático que incluyó una serie clara de acciones que se pueden llevar a cabo en diversos ámbitos de la economía y la sociedad mexicanas y, además, claras referencias a las resistencias que en el sector energético (y en el propio gabinete) hay para que México actúe con mayor vigor y determinación para ser ejemplo al mundo de lo que se puede hacer para enfrentar este problema planetario.
Fue, indudablemente, el discurso más claramente ambientalista de un Presidente de México del que tengo memoria.
Sin embargo, tan pronto los participantes recogían y ojeaban los ejemplares del documento que, en papel reciclado tipo libro de texto gratuito, era entregado a la salida, la realidad de los compromisos de algunos de los que conforman la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático se hizo evidente.
Primero, porque la estrategia no lleva asociada compromisos de metas ni recursos para llevarla a cabo. Segundo, porque en lo que se refiere a mitigación muchas de las acciones son solo sugerencias que ya han sido hechas antes sin cumplirse o parecen lograrse con la pura inercia de lo que ya está establecido (como las NOMs de eficiencia energética).
Así, a unos días de presentada la estrategia (que para mitigación tiene a la Secretaría de Energía como principal actor) el Subsecretario de Electricidad ya anunciaba el estar “considerando” la energía nuclear, una medida importante de mitigación que no está en la estrategia (pero que tiene otras implicaciones ambientales que no hay que perder de vista). A su vez, en CFE se hicieron declaraciones en el sentido de se que está considerando el uso del carbón (el peor combustible en relación al Cambio Climático) en el largo plazo. Igualmente, como referimos en un artículo hace algunas semanas, CFE no tiene en este momento incentivos para entusiasmarse por cualquier medida que reduzca sus ventas (como el ahorro de energía y el autoabastecimiento con energías renovables).
Asimismo, de las medidas de mitigación resalta el hecho de que las Normas Oficiales Mexicanas de eficiencia energética tengan el primerísimo lugar. Aparte de que este es un hecho que personalmente me llena de orgullo y que reconoce la labor de muchos años y de mucha gente que, dentro y fuera de la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía, las han hecho posible, me quedo con la impresión de que las reducciones que se comprometen son las que se logran con el trabajo intenso de 1993 a 2003 y no con acciones nuevas.
Igualmente, estas intenciones no parecen estar inmersas en las estrategias actuales de la Conae, donde sus funcionarios de más alto nivel, en eventos públicos relacionados a vivienda y construcción, no argumentan con la intencionalidad que debería corresponder a favor de las normas establecidas o consideradas para eficiencia energética en inmuebles, aún y cuando los inmuebles (de uso residencial o comercial) consumen tanta electricidad como la industria.
A su vez, como anotaba un reportero de Canal 11 a la salida del evento en la casa presidencial, la estrategia no incluye acciones específicas en las operaciones del Gobierno Federal. Este comentario me hizo pensar en el sentido de que hubiera tenido un enorme valor simbólico que el Presidente de México comprometiera, para todos los edificios de la Administración Pública Federal, reducciones significativas de su “huella de carbono” a través de una intensificación del programa de ahorro de energía que la Conae estableció para ese propósito desde hace ya varios años y/o de compromisos de un porcentaje de uso de “energía verde” para esos edificios. O a nadie se le ocurrió o alguien no lo permitió (lo cual hace ver mal a todos).
En fin, que las buenas intenciones de Felipe Calderón para hacer de México un ejemplo mundial en la lucha contra el Cambio Climático tendrán que enfrentar las barreras y las resistencias inmersas en las reglas de operación y la cultura institucional de una administración pública estancada en el pasado y amarrada a las necesidades políticas del corto plazo.
Por lo mismo, quizá el recurso más importante del Presidente, más allá de la burocracia que lo rodea, sea la sociedad informada y atenta al quehacer gubernamental que identifique y proponga acciones para ese loable objetivo.
En otras palabras, nosotros también tenemos nuestra tarea.
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