ENERGÍA VERDE
05.24.07 - Leído 82 veces. Enviar esta notaOpinión de David Shields*
Está de moda hablar de las energías alternas, limpias y renovables en México, en particular, la energía del viento (eólica) y el etanol. Han aumentado su presencia en la discusión pública sobre la energía. Las autoridades analizan estas alternativas. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) acaba de anunciar acciones en apoyo a proyectos eólicos. Los legisladores han aprobado una ley de biocombustibles.
Pero, ¿por qué sucede ahora, si estas opciones no son nuevas? En parte, es porque crece la importancia de las energías alternas en el panorama energético mundial. Pero la razón principal es que ha crecido la preocupación por la seguridad energética nacional por el riesgo de desabasto o por insuficiencias en la producción de petróleo, gas y combustibles. La declinación de Cantarell ha sido tomada en serio por las nuevas autoridades federales, quienes subrayan la conveniencia de diversificar fuentes de energía, no crecer la generación eléctrica con base en gas natural y reducir las importaciones de gasolina. Esto demuestra, por si alguien lo dudaba, que el discurso energético nacional sí es capaz de evolucionar.
Le ha caído de perlas al Gobierno de Felipe Calderón el renovado interés por la energía verde. El Gobierno quiere que el debate energético se dé públicamente, por el momento, sólo en esta cancha, porque ya se tomó la decisión política -apoyada por el senador Francisco Labastida al frente de la Comisión de Energéticos del Senado- de promover la reforma de Petróleos Mexicanos (Pemex) hasta septiembre próximo, junto con la discusión de la reforma fiscal y el paquete económico. Además, en materia petrolera no hay avances en el diagnóstico, ni en las propuestas, ni en los resultados. Tampoco hay voluntad oficial para aprovechar estos meses y consensar reformas con la sociedad.
¿Las energías alternas y la diversificación energética han llegado para quedarse? ¿O sólo es un tema que el Gobierno usa como una cortina de humo para no hablar todavía de la agenda petrolera y eléctrica? En el caso de la energía eólica, el futuro es promisorio, ya que tanto los productores privados como el Gobierno y la CFE están formulando planes y asumiendo compromisos firmes que son de largo plazo.
La CFE convocó en días pasados a una “temporada abierta” para que los desarrolladores de parques eólicos en el Istmo de Tehuantepec reserven espacio en una nueva línea de transmisión que conectaría sus proyectos a la red nacional. Durante años, muchas compañías han obtenido permisos para proyectos eólicos, pero no habían podido avanzar por la falta de un compromiso de CFE para integrar sus operaciones a la red.
Ahora se ha dado ese paso que debe propiciar un crecimiento muy rápido de la generación eólica. No era posible que México, con un potencial eólico muy superior a los 10 mil megawatts (MW), continuara con menos de 100 MW instalados, cuando Alemania tiene 16 mil MW y España 8 mil MW ya operando. Además, con las eólicas México podrá aprovechar el negocio del mercado de bonos de carbono al generar ingresos mediante la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
El caso del etanol es más complicado. México no tiene terrenos tan extensos como Brasil y Estados Unidos. Los azucareros no parecen muy convencidos de las bondades de este negocio y el Gobierno, al parecer, quiere desestimular que el maíz se utilice para combustibles. Pero, al parecer, industriales extranjeros invertirán en la producción masiva de etanol a base de sorgo y remolacha en el Valle del Yaqui, Sonora.
Otra inquietud es cómo asegurar un abasto constante y confiable de etanol, resolver la generación de residuos en su destilación, y lograr que la industria petrolera -Pemex- acepte integrarlo como oxigenante de sus gasolinas. Sobre todo, habría que elaborar estrategias precisas de producción y uso de etanol, sin que esto signifique abrir las fronteras a importaciones masivas. Aunque hay dificultades, debe haber nichos de mercado para producir y utilizar etanol. Si, además, puede ser un buen negocio para agricultores, productores y distribuidores de combustibles y consumidores, no habría razones para oponerse a su introducción al mercado.
Hay quienes dicen que el Gobierno quiere impulsar las energías alternas como una forma de meter a los particulares por la puerta trasera del sector energético en detrimento de los monopolios estatales. Es una actitud que niega los cambios y la evolución en la industria energética, donde la búsqueda de opciones sustentables de desarrollo es una máxima prioridad global. Por eso, esta moda no será pasajera y en la medida en que los particulares sepan convertir las energías alternas en buenos negocios que sean útiles para la sociedad, las debemos ver con entusiasmo.
*David Shields es consultor de la industria energética. shields@energiaadebate.com.mx
(Reforma)


