UN BLINDAJE LLAMADO PREVISIÓN
05.22.07 - Leído 80 veces. Enviar esta notaOpinión de Sergio Aníbal Martínez*
En la actualidad vivir en la Ciudad de México representa tener la conciencia de que se habita en un lugar que ha sido vulnerable a fenómenos naturales que han definido su historia.
Grandes catástrofes han dejado huella en la sociedad, desde las erupciones volcánicas en la época Prehispánica, inundaciones en la época Colonial, sismos en años recientes marcan la frágil resistencia que la ciudad opone ante muchos de estos fenómenos naturales.
De la mayoría de las calamidades provocadas por los extremos climáticos o la posición geológica de esta metrópoli, sometida constantemente a sismos, erupciones volcánicas, riesgos hidrometeorológicos, sequías, sólo nos salvamos relativamente por daños directos provocados por tsunamis y ciclones.
Pero cómo tener tranquilidad ante estos hechos que son impredecibles y que causan grandes pérdidas humanas y materiales, dejando huellas imborrables en la mayoría de los habitantes.
Mucho se ha dicho que nuestro carácter no es de previsión y mucho menos de la planeación de nuestro futuro; sin embargo, en el tema de la previsión de desastres naturales no podemos darnos el lujo de reafirmar nuestra idiosincrasia.
Proteger a la población y a nuestro patrimonio debe ser una prioridad para las autoridades, el asegurar la reducción de riesgos ante desastres es una tarea que es indispensable identificar y vigilar para prepararnos ante diversas eventualidades. Recordemos que cuando se han presentado los fenómenos naturales los estratos sociales más desprotegidos económicamente son los que llevan las mayores consecuencias de pérdidas materiales y humanas.
La instalación de viviendas precarias en los lechos de antiguos ríos o canales, asentamientos irregulares en predios minados, siempre son los que cargan con las mayores consecuencias. Aunque también se han recibido lecciones positivas a raíz de sufrir estos fenómenos; pocos pueden dudar que a partir de los sismos de 1985 los ciudadanos rebasaron en la acción a las autoridades y la verdadera solidaridad entre los habitantes se dio con mayor apoyo entre las propias víctimas, donde nació una nueva relación entre gobernantes y gobernados.
Sin embargo, la improvisación y el desatino se deben sustituir por la previsión y el monitoreo de los riesgos latentes.
La mayoría de eventos catastróficos provocados por la naturaleza no se pueden predecir, pero sí prepararse para actuar con seguridad cuando suceden.
La elaboración de planes de contingencia deben ser una tarea constante de difusión y actualización, recuérdese que sólo tomamos conciencia de los sismos después de que suceden. Muchos de los fenómenos como inundaciones, erupciones y sismos afectan directamente a la infraestructura de la ciudad y en muchas ocasiones directamente en el medio ambiente.
Contar con una visión clara para cada tipo de evento que pueda suceder, construir escenarios para elaborar predicciones y medir consecuencias. Establecer alertas tempranas entre la población para informar con tiempo suficiente para actuar ordenadamente ante la ocurrencia de diferentes fenómenos son sólo algunas de las acciones que necesariamente estamos todos obligados a considerar para anticiparnos ante los desastres.
Con el cambio climático se incrementarán en número y fuerza de los desastres en el futuro cercano.
Se deben reforzar medidas para evitar la instalación de asentamientos humanos en lugares de alto riesgo, así como crear conciencia en la población de lo vulnerable que somos a los fenómenos naturales.
Debemos de superar la falta de capacidad para sobrevivir, resistir y recuperarse del impacto de una amenaza natural, fomentar una cultura de prevención que permita simular escenarios de desastres y emitir recomendaciones para reducir los daños físicos y materiales.
Conviene recordar dónde estamos parados.
*Perito en Desarrollo Urbano
(Reforma)
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