‘PRONTO TE ALCANZARÁN ALDO’
05.19.07 - Leído 112 veces. Enviar esta notaEl ambiente tras el homicidio de Zamora se ha tornado tenso y violento en la zona
OCUILAN, EdoMex; 19 mayo 2007.- En el entierro de Aldo Zamora, el hijo asesinado de un ambientalista por una presunta venganza de talamontes, el coraje se impuso al dolor.
Los que lo acompañaron en el cortejo de su casa al panteón de San Juan Atzingo le prometieron no parar hasta encontrar justicia. A la buena… o a la que se pueda.
“Pronto te alcanzarán los malditos que te hicieron esto, Aldo”, gritó uno de sus familiares cuando la caja comenzó a cubrirse de tierra.
Alguien sacó entonces una pistola y disparó al aire. Primero cinco veces. Después otras tres.
La lentitud que los afectados acusan en la Procuraduría estatal para indagar el homicidio ha tensado el ambiente.
Y es que los peritos tardaron 22 horas en presentarse a la carretera donde la noche del martes ocurrió la emboscada.
Los casquillos y las balas sin percutir, calibre .45 milímetros, estuvieron expuestas a las pisadas de peregrinos que van a Chalma y de autos que recorren la ruta.
“Están dejando pasar el tiempo y eso enoja mucho”, dijo Ildefonso Zamora, presidente de Bienes Comunales de Atzingo y denunciante de los presuntos talamontes que, afirma, mataron a su hijo.
“Hubo testigos, están reconocidos los asesinos y a pesar de eso como que no tienen ganas de ir por ellos”, acusó.
El comunero participó en la mañana en una conferencia de prensa en Toluca, donde narró como dos de sus hijos y tres hermanos suyos regresaban de Santa Lucía, tras dejar una corona de flores a un velorio, cuando fueron baleados.
Aldo murió y su hermano Misael quedó herido; a los tíos no les pasó nada.
A la conferencia lo acompañó el Alcalde de Ocuilan, Félix Alberto Linares, quien aseguró que el crimen amerita la presencia permanente e indefinida del Ejército.
“Y más velocidad en las investigaciones, porque la gente está molesta”, insistió.
Al mediodía, Ildefonso regresó al pueblo y encontró en su casa a más de 400 personas con flores en la mano y ojos llorosos.
Teresa Baldomero, abuela de Aldo, estaba en crisis. Desde que llegó la caja de su nieto y hasta que lo dejaron en el panteón no dejó de hablarle como si lo tuviera enfrente.
“Mira cuánta gente vino a verte, mejor fuera tu boda y no tu velorio mijito, mijito”, decía.
(Reforma)
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