MALA PRÁCTICA VETERINARIA
04.13.07 - Leído 144 veces. Enviar esta notaOpinión de Marielena Hoyo Bastién
(Quinta y última parte)
Ofrezco una disculpa a quienes interesados en el seguimiento de esta serie “denuncial” no encontraron la correspondiente colaboración el miércoles pasado. Causas ajenas a mi voluntad impidieron la aparición de este envío en la edición del 4 de abril, texto que hoy expongo como cierre, lo que no significa que vaya a soslayar el asunto, pues, sin duda, esto de la mala práctica veterinaria da para mucho más. Definitivamente es una situación grave, delicada, más continua de lo que pensé y que cobra una especial dimensión en cuanto nos toca personalmente, partiendo de que incluye una total impotencia por indefensión que debe, simplemente por eso, jalar obligadamente la atención de los legisladores que entiendo no se decidirán por hacer algo basados exclusivamente en el sufrimiento animal, pero que deberán hacerlo en atención a un reclamo ciudadano bien fundamentado. Bueno será también saber de una reacción por parte del gremio veterinario, tan dañado por la impreparación, la falta de ética y sobra de mercantilismo, situaciones que han provocado la instalación de cliniquitas todolotengoytodolopuedo por doquier, muchas veces inclusive atendidas por personas que ni recibidos están.
Por otra parte, cierto es que muchas de las denuncias recibidas se me expusieron por pura venganza, pero muchas otras me conmovieron por tener como único propósito prevenir que a otros animales les pase lo mismo. Con base en esto último seleccioné tres casos más que seguidamente resumiré, aclarando que hasta el momento de escribir estas líneas no he tenido reclamo alguno sobre lo anteriormente expuesto y sí, en cambio, reconocimientos y remedios a las fallas.
Comenzando este año, Ricardo Ortiz y su madre solicitaron consulta para su querido poodle PORTOS al MVZ Edgar Delgado Guerrero, vecino de ellos y quien además de haber conocido al perrito desde cachorro tiene una clínica en Boulevard Valle Dorado No. 71-A, Tlanepantla, lugar hasta donde acudieron para tratar el malestar que presentaba el animalito, con diez años de edad y que hasta entonces había sido muy sano. Una vez en el consultorio fueron atendidos por el MVZ Juan Carlos Mendoza, quien no sólo equivocó el diagnóstico, sino que además programó una cirugía que no correspondía dejando al paciente completamente paralítico y con ello sentenciándolo a una muerte prematura provocada eutanásicamente por otro profesionista que certificó técnicamente la iatrogenia. Lección: siempre pedir una segunda o tercera opiniones cuando haya de por medio una intervención quirúrgica e investigar sin mortificación qué tan bien está preparado para ello el médico, teniendo siempre presente que aún no contamos en México con una herramienta legal en contra de una negligencia profesional del tipo.
Don Augusto Urquidi Mariscal adoptó a fines del año pasado una gatita callejera en la cual invirtió tiempo, cariño y esfuerzos suficientes y diversos hasta ganarse su confianza. Como ciudadano consciente y civilizado, una vez manejable la criaturita solicitó que se la esterilizaran, recurriendo para ello una clínica cercana a su domicilio llamada “Club de Bruno”, ubicada en Segovia No. 45-B, colonia Álamos, D. F. y propiedad, al parecer, del MVZ Raúl Cedillo, a quien le fue confiada la minina un sábado de febrero y para el lunes siguiente en que debió entregarla, resulta que… desapareció. ¿Explicación?… dizque el médico se la llevó a su domicilio particular para estar pendiente de ella, pero sin autorización del dueño y que al tratar de alimentarla se le escapó… La reparación tanto del daño material como del físico pudiera parecer fácil, pero… la recuperación del dolor que padece el señor Urquidi, ¿con base en qué puede determinarse? Lección: solicitar el protocolo de la clínica u hospital, asegurarnos de que cuenta con instalaciones adecuadas y aún así, visitar a nuestro animalito durante toda su convalecencia, mientras más veces al día mejor o cuando menos, llamar por teléfono constantemente para conocer su estado. Nunca permitir su traslado sin nuestra aprobación por escrito.
Hasta en los mejores lugares sucede… la señora Dinora Sánches de Arias está inconsolable por la pérdida tan absurda como increíble de su perrita KITY, una sharpei de manto oscuro, con 7 años de vida y que cursando un cáncer, con sobrepeso y faltándole dos dedos en la pata derecha, el pasado 10 de marzo salió despedida por una ventana del primer piso del “Hospital Darwin”, ubicado en Copérnico No.173, colonia Anzures, lugar al que llevada por sus propietarios acudió por tercera ocasión para recibir su quimioterapia. Nadie, a excepción de la doctora Ana Lilia García Alcántara y un auxiliar, saben con exactitud qué pasó y por qué el animalito tuvo esa reacción de pavor que le ocasionó su extravío ¿para siempre?. El MVZ Francisco Álvarez Cámara, dueño de la prestigiada instalación se pregunta, al igual que yo, cómo pudo suceder algo semejante con un ejemplar en tales condiciones y aunque me aseguró que pidieron a los dueños salirse del cubículo donde estaba siendo atendida la perrita a causa de que se ponía “indomable” con su presencia, ellos, los compañeros humanos de KITY no comparten la versión. La respuesta de la clínica fue, además de la búsqueda física de KITY, publicar avisos de recompensa en un periódico. Por su lado, Dinora no ha parado de buscar a su amada criatura, recurriendo a todo con tal de recuperarla. Lección: tratar de buscar un profesionista que nos permita estar presentes durante los tratamientos o auscultaciones a nuestros animales. Esos siempre serán los mejores médicos. Si alguien sabe dónde quedó este animalito, por favor no dude en contactarme. Gracias de antemano.
producciones_serengueti@yahoo.com
(Crónica)
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