REACCIÓN QUÍMICA
04.7.07 - Leído 105 veces. Enviar esta notaNicholas Varchaver
De la pólvora a los polímeros, DuPont sobrevive por medio de la adaptación. Ahora la meta de la compañía es mejorar el medio ambiente y ganar una fortuna mientras lo hace
WASHINGTON, E.U; 7 abril 2007.- No hace tanto tiempo la escena en el interior del Salón 406 del edificio Dirksen del Senado estadounidense hubiera sido inconcebible. Ahí, se encontraban ejecutivos de tres gigantes de la vieja economía: DuPont, la compañía científica de 205 años; la petrolera BP, y PG&E, la empresa de gas y electricidad más grande de California. Los jefes corporativos no estaban ahí para rechazar normas, sino para solicitarlas.
“Se necesitan acciones rápidas del Congreso” en cuanto a los cambios climáticos, dijo Chad Holliday, director ejecutivo de DuPont, al Comité de Medio Ambiente y Obras Públicas del Senado. DuPont es parte de un nuevo grupo llamado Asociación Estadounidense de Acción Climática (USCAP, por sus siglas en inglés), que propuso un plan que obligaría a las compañías a reducir sus emisiones de gases con efecto invernadero y además implementaría un mecanismo de mercado que reduciría los costos de hacerlo.
La idea de negocios verdes ha pasado de ser excéntrica a ser convencional. Pero DuPont comenzó desde mucho antes que la mayoría. Desde 1990, la compañía ha estado atravesando las dos etapas de la sustentabilidad: primero, reduciendo drásticamente la cantidad de contaminación que produce (un esfuerzo que continúa), y después, adoptando la sustentabilidad como una meta estratégica.
El trayecto de DuPont hace que sea un buen caso de prueba para examinar las oportunidades -y los retos- para las compañías industriales que quieran hacer del medioambientalismo tanto un imperativo operacional como un principio básico.
Según la definición de DuPont, 5 mil millones de sus 29 mil millones de dólares provienen de productos sostenibles. Éstos pueden ser materiales completamente ecológicos, como el bio-PDO, una sustancia hecha a base de maíz que puede ser convertida en una fibra para trajes o alfombras o incluso en soluciones descongelantes para aviones. O pueden ser productos como el Tyvek -un material de base química que se remonta a los 50-, que puede ser usado en nuevas formas de mejorar la eficiencia de la energía.
Lo que aún no está claro es si este esfuerzo será redituable, para DuPont o para cualquier otra compañía que declare su devoción por el planeta.
“La gente no paga por lo verde en nombre de lo verde”, dice David Begleiter, analista del Deutsche Bank. “Pagan por lo negro, que son las ganancias. El verde no es el nuevo negro. El negro sigue siendo el negro”.
Chad Holliday no lo discutiría; también le gustan los números negros. Él tiene razones muy prácticas para solicitar una legislación para los gases de invernadero. Para empezar, él piensa que las normas referentes a los cambios climáticos son inevitables y le gustaría ayudar a darles forma, en particular asegurarse de que DuPont reciba crédito por las reducciones voluntarias de emisiones que ya ha hecho: 72 por ciento desde 1990 (con planes de otro 15 por ciento para el 2015).
Sin duda tampoco le molestaría que sus competidores se enfrentaran a las mismas restricciones que DuPont se ha impuesto a sí misma. Holliday, igual que Jeff Immelt, de GE, quien ha adoptado una táctica similar, cree que se podría ganar mucho dinero en un mundo con el carbono limitado, con todo desde combustibles alternativos hasta materiales que ahorren energía.
A pesar de su actitud cordial, Holliday está consciente de que las acciones de su compañía se encuentran alrededor del 10 por ciento por debajo del precio que tenían cuando ocupó su puesto en febrero de 1998. Una razón importante de su débil desempeño ha sido la lucha por reinventar a DuPont. Sí, la cifra de 5 mil millones de dólares en ingresos por productos sostenibles es impresionante, sin embargo llegar ahí ha costado muchísimo dolor -además de alguna esporádica salida del carril.
La estrategia de sustentabilidad de DuPont nunca se ha sentido más oportuna. Wall Street lo ha notado, enviando las acciones de DuPont hacia arriba más de un 25 por ciento en los últimos seis meses. En gran medida, eso se debe a que la compañía ha estado demostrando una nueva disciplina financiera: ha elevado 7 puntos porcentuales sus rendimientos sobre el capital invertido, en los últimos tres años. Wall Street incluso ha mostrado algo de respeto por el tema verde.
“No hay duda, su desarrollo de biocombustibles es real”, dice Begleiter. “Aún es relativamente pequeño desde un punto de vista de contribución de ganancias, pero creo que todos están muy emocionados acerca del biobutanol y el potencial para la refinería integrada con productos de maíz”.
Eso parece haberle facilitado un poco la vida a Holliday.
Holliday parece haber sobrevivido a la tormenta, al menos por el momento, y puede señalar resultados fuertes del 2006. Pero un año no crea un legado en una compañía de 205 años, y aún es muy pronto para saber si Holliday es el hombre que vio el futuro -o quizá lo vio demasiado temprano.
(Fortune)
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