UN AÑO EN NUEVA YORK SIN PAPEL SANITARIO
04.2.07 - Leído 74 veces. Enviar esta notaPenelope Green
La cena transcurría como de costumbre, en una noche reciente, en el departamento 9F de un elegante edificio que data de la preguerra, en la parte sur de la exclusiva Quinta Avenida de Manhattan
Nueva York, E.U; 2 abril 2007.- Un olor agrio se cernía en el aire, característico del compostador casero. Isabella Beavan, de 2 años, caminaba tambaleándose alrededor de los muebles neomodernos, su silueta muy agrandada por sus pañales de algodón orgánico con su enorme cubierta de lana hervida asegurada al frente. Una invitada evitó ir al baño ya que sabía que no encontraría papel sanitario.
Los padres de Isabella, Colin Beavan, de 43 años, escritor histórico, y Michelle Conlin, de 39, escritora titular en Business Week, llevan cuatro meses en un experimento de estilo de vida de un año de duración, al que llaman No Impacto. Aunque sus reglas están en constante evolución, explica Beavan, a la fecha, incluyen comer solamente alimentos cultivados (orgánicamente) dentro de un radio de 400 kilómetros de Manhattan; no comprar nada (en gran medida) excepto la comida mencionada; no generar basura (excepto composta); no usar papel ni medios de transporte que operen con combustible de carbono.
Beavan dijo estar listo para un tema nuevo, con la esperanza de tratar bien al planeta y quizá servir de inspiración para otros en el proceso.
Además, necesitaba un nuevo proyecto literario y el año de No Impacto era la única de cuatro posibilidades que su representante pensó que vendería. De hecho, su agente le aseguró un contrato literario, con la casa editora Farrar, Straus & Giroux, y él y su familia son seguidos de cerca por Laura Gabbert, documentalista y la mejor amiga de Conlin.
La razón de que el público pueda estar interesado en las actividades de la familia Conlin- Beavan tiene mucho que ver con el rostro muy personal y muy urbano del ecologismo en la actualidad. Henry David Thoreau abandonó su hogar para irse a vivir al bosque, en el verano de 1845, para expresar su opinión (y asegurar su propio contrato literario para “Walden, or, Life in the Woods”); Beavan y Conlin, y otros como ellos, no se moverán de sus hogares en la sociedad burguesa.
“De eso trata esta ola actual del ecologismo”, dijo Andrew Kirk, catedrático de historia ecológica en la Universidad de Nevada, en Las Vegas. “Es lo que la gente real puede hacer en su casa u oficina o lo que sea. También es muy urbano. Es un giro crucial en el viejo adagio de la selva: sólo deja huellas, sólo toma fotografías. ¿Pero cómo se traslada eso a Manhattan?”.
Con partes iguales de elegancia y calamidad, al parecer. Pasado con una buena dosis de palabrería atractiva.
Así que, aunque el papel sanitario, los periódicos, aviones, elevadores y cualquier cosa nueva están excluidos, no han tenido el corazón para quitarle la aspiradora a su sirvienta, quien va una vez a la semana (hace poco, le quitaron sus toallas de papel).
Quizá el verdadero objeto de prueba en este experimento es el matrimonio Conlin-Beavan.
“Al igual que todos los escritores, soy un megalómano”, comentó Beavan con alegría, hace poco. “Simplemente intento darle buen uso a esa energía”.
(The New York Times)
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