Opinión de Marielena Hoyo Bastien
(Cuarta parte)
Nada más fue abrir el tema y… no saben cuántas quejas se me arrejuntaron a las que de por sí recibo naturalmente con respecto a negligencias médico—veterinarias o sobre casos de deficiente, prepotente y majadera atención en las clínicas respectivas. De igual forma, me han estado llegando denuncias por maltrato y lastimaduras durante los servicios de baño y peluquería —que son las más— y por deficiencias no equiparables al costo, con respecto al adiestramiento canino, tantas también, que estoy planeando abrir un capítulo especial para citarlas cada miércoles, al estilo de mi cuatacho Germán Dehesa en su columna diaria del Reforma… ¡no se crean!, pero es un hecho que mi despacho ya parece sucursal de la Profeco. Es más, se me ocurre que si algún patrocinador se interesa, tiene ante sí un nicho muy interesante inexplorado donde puede lucir diariamente su “marca”, contando siempre y puntualmente con material, suficientemente alarmante además, al menos hasta que el honor por la profesión logre meter en cintura a todos aquellos que la están avergonzando y que, créanme, no son pocos. Por supuesto que evaluando cada una de las acusaciones que me han estado turnando, no todas corresponden a fallas en cuestiones estrictamente médicas, aunque no dejan de tener un trasfondo extraño y, curiosamente, hasta de interés fiscal.