UNA ALIANZA PARA LOS BIOCOMBUSTIBLES
03.31.07 - Leído 90 veces. Enviar esta notaOpinión de Luiz Inacio Lula Da Silva
El día de mañana (hoy sábado) visitaré Campo David junto con el presidente George W. Bush, a fin de seguir una conversación que iniciamos hace semanas en Sau Paulo. Hemos dado un importante primer paso hacia el compromiso de nuestros países para desarrollar recursos de energía limpios y renovables, que garanticen la prosperidad de nuestros pueblos mientras protegemos el ambiente.
Estamos lanzando una alianza para impulsar el rol del etanol en las mezclas de energía de nuestros países, mientras nos movemos para hacer que el combustible de biodiesel esté más disponible. De forma simultánea estamos creando oportunidades para expandir estos programas al escenario mundial.
La iniciativa se basa en lo que Brasil ha logrado en materia de biocombustibles. Treinta años de investigación e innovación han hecho que mi país sea autosuficiente en petróleo, al reemplazar 40% de nuestro consumo de gasolina con etanol. Motores de “combustible flexible”, que usan una combinación de biocombustibles, han transformado el etanol en un recurso energético seguro y confiable.
Sin embargo, el etanol y el biodiesel son más que una respuesta a nuestra peligrosa “adicción” a los combustibles fósiles. Pretendemos establecer una reevaluación de la estrategia global para proteger el medio ambiente. Así como son renovables, los biocombustibles en Brasil son limpios y altamente competitivos.
El etanol hecho de caña de azúcar no deja residuos, es reciclado y los desechos de su producción se usan para enriquecer la tierra. Igualmente importante, la caña de azúcar toma carbón de la atmósfera, lo que ayuda a reducir los gases de efecto invernadero.
Estas fuentes alternativas de energía ayudan a reducir la dependencia global de sólo unos cuantos países para el abastecimiento de energía. El acuerdo entre Estados Unidos y Brasil ayuda a diversificar la producción de biocombustible, a través de alianzas triangular con terceros países. Esta red puede incluir a naciones productoras de petróleo que estén interesadas en agregar etanol o biodiesel en sus propias reservas de combustible fósil. Esta es una receta para incrementar los ingresos, generar empleos y aliviar la pobreza entre los muchos países en desarrollo donde los cultivos para producir combustible son abundantes.
Para que estos objetivos avancen, deben ponerse en marcha las bases para un mercado mundial en estos combustibles. Brasil y Estados Unidos junto con la india, China, Sudáfrica y la Unión Europea, lanzaron este mes el Foro Internacional de Biocombustible. Su meta es garantizar las condiciones para que el etanol, y luego el biodiesel, se conviertan en bienes que se vendan a nivel mundial. Esto sólo podrá lograrse si el comercio de biocombustibles no se ve afectado por políticas proteccionistas. Después de todo, los subsidios aportados bajo el programa de EU de etanol procedente del maíz han aumentado los precios de este cereal en cerca de 80%. Esto daña a los procesadores de carne y soya a nivel mundial y perjudica y amenaza la seguridad alimentaria global.
El éxito del programa de Brasil de etanol también ha contribuido a deshacer ciertos mitos. El etanol no es una amenaza directa para los bosques tropicales y el suelo del Amazonas muy poco indicado para sembrar caña de azúcar.
Más aún, bajo el compromiso de Brasil con la protección ambiental, la deforestación ha caído en 52% en los últimos años.
La caña de azúcar no amenaza la producción alimentaria. Menos de la quinta parte de los 340 millones de hectáreas arables en Brasil se usan para los cultivos. Sólo 1%, o tres millones de hectáreas, se usan para el cultivo de caña para etanol. En contraste, 200 millones de hectáreas son pastos, donde la producción de caña empieza a expandirse. El verdadero reto para la seguridad alimentaria estriba en superar la pobreza de quienes regularmente padecen hambre. Esa es la razón por la que hemos lanzado una campaña, en Brasil y en el extranjero, a fin de garantizar que todas las personas cuenten con el mínimo de ingresos requeridos para comprar tres comidas diarias.
Sí, las condiciones de trabajo para los cultivadores de caña de azúcar deben mejorar y estamos comprometidos a hacerlo. Sin embargo, este asunto difícilmente justifica las duras críticas hacia una actividad económica que emplea y ofrece esperanza a tantas personas en Brasil y en el mundo.
La agricultura aporta no sólo alimentos, sino también una forma de vida para millones de campesinos a pequeña escala a nivel global. La extensión de la caña de azúcar, de la soya y otros cultivos oleaginosos para los biocombustibles garantizará que las familias campesinas necesitadas tengan los medios financieros para alimentarse. Un incremento significativo en el valor de la producción agrícola y los ingresos financieros podrían lograrse si las naciones en desarrollo que puedan hacer cultivos para la producción de biocombustiubles no enfrentan una competencia injusta de los campesinos que se benefician de vastos subsidios en las naciones ricas.
Todos sabemos que el secreto de la seguridad energética estriba en diversificar las fuentes de energía. Brasil y Estados Unidos representan más de 70% de la producción mundial de etanol. Compartimos mercados y experiencia técnica para producir energía más limpia, eficiente y renovable.
Nuestros países siempre han puesto su fe en la capacidad empresarial de sus ciudadanos. Ahora, tenemos una oportunidad para impulsar la confianza en nuestras capacidades, a fin de responder a los nuevos retos y amenazas globales. Al invertir en biocombustibles, podemos unirnos con los países en desarrollo para extender la paz, la prosperidad y la promesa de un futuro mejor.
* Luiz Inacio Lula da Silva es presidente de Brasil
(The Washington Post)
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