CHINA Y SU RUTA VERDE
03.31.07 - Leído 135 veces. Enviar esta notaOpinión de José Luis Lezama
China, nación con una cultura milenaria, pieza fundamental en las grandes adquisiciones de la humanidad, tanto en los terrenos del espíritu como en los del progreso técnico-científico, parece ser hoy día el país de moda. El inmenso crecimiento de su economía, su emergencia como potencia militar, su numerosa población, que como mano de obra y mercado es esencia de ese crecimiento, se ha convertido también en ejemplo a seguir, esperanza del mundo no desarrollado y modelo de crecimiento que ha hecho emerger mitos y fantasías. Todos ven en China la realización de sus sueños frustrados por formar parte de la globalización, pero no en el sitio de los perdedores, sino en el más feliz y anhelado: el de los triunfadores. El reciente despunte de la economía china se ha dado, no obstante, sobre la base de inmensas contradicciones, efectos perversos, e inconmensurables daños al medio ambiente y a la calidad de vida de importantes sectores de la población.
No es demasiado lo que se puede añadir a lo mucho que ya se ha dicho con relación a los costos ambientales locales, regionales, nacionales y globales del estruendoso despertar de la economía del todavía país más poblado del planeta. El último cuarto de siglo ha sido testigo de una tasa promedio de crecimiento económico cercana al 9 por ciento anual. En ese mismo periodo el consumo de petróleo aumentó 100 por ciento, el gas en más del 90 por ciento, el acero en 143 por ciento, el cobre en 189 por ciento, el aluminio en 380 por ciento, para citar sólo algunos ejemplos. Eso que podría llamarse el milagro chino no sólo es producto de los bajos salarios, la contaminación, deforestación, agotamiento de minerales y demás materias primas nacionales, sino además está sustentado en los recursos naturales de otras regiones del mundo, con efectos significativos sobre problemas globales, como es el caso del calentamiento de la Tierra, que tiene entre sus causas las grandes emisiones de gases de efecto invernadero proveniente de la obsoleta planta industrial china: en ese país por cada kilogramo de energía se generan productos por un valor de 0.75 dólares americanos, en Estados Unidos esa misma cantidad de energía resulta en productos equivalentes a 3.4 dólares, en Alemania a 7 dólares y en Japón a 10.5 dólares. La presión sobre los recursos sería aún mayor si se cumplieran las metas del Plan de Desarrollo diseñado por el Estado chino, consistente en alcanzar una economía del confort para el año 2020 la cual implicaría, no sólo mejorar los estándares de vida de la población, sino en lograrlo dentro de un marco de rescate y preservación de la naturaleza. Para el año 2050 el gobierno chino pretende alcanzar un producto bruto per cápita de alrededor de 4 mil dólares al año, muy por arriba del valor actual que se ubica en poco más de 700 dólares.
China hoy día tiene el récord mundial en materia de contaminación. Por ejemplo, ha producido 10 de las ciudades más contaminadas del mundo, incluyendo la más infectada del orbe: Linfen, en Shanxi, provincia que alberga a tres de estas ciudades y es el centro de la industria del carbón, aportando dos terceras partes de la energía que el país consume. Las otras nueve son: Yangquan, Datong, Shizuishan, Sanmenxia, Jincheng, Shijiazhuang, Xianyang, Zhuzhou y Luoyang.
La magnitud del daño ambiental que tiene lugar en China y sus repercusiones a nivel planetario están causando preocupación en el mundo entero. El gobierno de China es consciente de esta situación, por ello ha buscado alternativas para conciliar sus metas de desarrollo económico, bienestar social y ambientales. Una de estas es la llamada Economía Circular, la cual consiste en una propuesta para intentar encontrar un punto de equilibrio entre el desarrollo económico, la protección y la preservación de los recursos que la naturaleza provee. En esta nueva forma de crecimiento económico toda la energía y los materiales utilizados en los procesos productivos se hallan interconectados, de tal manera que se facilite la reducción del consumo de materias primas, el reuso y el reciclamiento (las llamadas tres Rs). La estrategia a favor de esta eficiencia productiva-ambiental en las unidades productivas, que busca integrar los sectores públicos y privados, productores y consumidores, sólo adquiere su verdadero sentido al llevarse a cabo en un nivel más amplio, encadenando firmas industriales, redes, parques eco-industriales e infraestructura en los ámbitos urbano y regionales. El propósito final es desvincular el desarrollo económico de la destrucción de la naturaleza, lograr en fin, el ansiado balance entre economía, bienestar y medio ambiente. La idea de la economía circular se sintetiza en lo siguiente: “es el intercambio de materiales donde el depósito de desechos de unos, incluyendo energía, agua, lo mismo que información, es la materia prima de otros” (Z. Jianyu 2007).
La tarea no es sencilla, las críticas abundan a este enfoque considerado por algunos como impuesto de arriba hacia abajo, inviable en un sistema de planificación burocrática, altamente centralizado y con serias deficiencias en los niveles locales en los que se pondría en práctica. No obstante, la naturaleza y China requieren de algún alivio de este tipo para apaciguar y mitigar los daños de su incesante economía.
Página de internet: www.jlezama.cjb.net
(Reforma)
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