SALDOS EN EL DF
03.19.07 - Leído 113 veces. Enviar esta notaOpinión de Gabriel Quadri de la Torre
Aunque es una metrópolis vibrante y con bolsones indudables de esplendor urbano, a la Ciudad de México no le ha sentado bien la transición democrática. De la efectividad del voto es preciso avanzar ahora a la eficacia de gobierno. El prestigio y la legitimidad de nuestra democracia, y la supervivencia, habitabilidad y prosperidad de nuestra ciudad dependen de saldar numerosos pasivos acumulados durante los últimos lustros. El crecimiento del PIB en el DF ya es inferior a la media nacional, mientras que el ingreso mediano y promedio de las familias se ha rezagado con respecto a otras entidades federativas. Prácticamente no se han creado empleos netos formales en la última década, y más de la mitad de los existentes son informales y están fuera de los sistemas de seguridad social. La deuda pública es la mayor de entre todos los estados (43,000 millones de pesos), mientras la competitividad de la ciudad en el plano nacional y a escala global decae de manera preocupante por burocracia, corrupción, falta de proyecto económico a largo plazo e inseguridad.
Tal vez lo peor: se han erosionado rápidamente en los últimos años el estado de derecho y los sistemas de gobernación, al tiempo que mafias corporativas llenan vacíos de autoridad cada vez más anchos. Es la asfixia del interés público y del futuro de la ciudad. La impunidad es la norma en calles, plazas, espacios públicos y zonas de conservación ecológica, invadidos y privatizados por organizaciones clientelares ancladas verticalmente en el partido gobernante. Las infraestructuras y el paisaje urbano también han sufrido, al relegarse las tareas vitales de alcaldía e intendencia, despreciadas en aras de fines políticos más pretenciosos. Salta a la vista el deterioro acumulado de la ciudad física: los sistemas de agua, la recolección de basura y el aseo urbano, el mantenimiento de parques y jardines, pavimentos y guarniciones, vehículos de transporte público, el metro, entre otros muchos elementos, han sido despreciados. La vivienda construida a partir de planos de manipulación electoral, violentó criterios de uso del suelo y de dotación de servicios; peor aún, sembró la ciudad de irregularidad y de incertidumbre jurídica para los más pobres; la mayor parte carece de escrituras. El segundo piso quedó como monumento al capricho político/parroquial trasplantado a la metrópolis. Destellos fortuitos como el metrobús (empañado por la mala calidad), el remozamiento de reforma, el Bando 2, y el despeje del ambulantaje en algunas cuadras del Centro Histórico quedaron muy lejos de equilibrar la extensa acumulación de pasivos urbanos.
Hoy sin embargo, se abren oportunidades para saldar pasivos y cambiar del rojo al negro el balance de nuestra ciudad. Por un lado, está la ventana de oportunidad demográfica; la población en el Distrito Federal casi no crece ya y tiende a estabilizarse en unos 9 millones de habitantes. También, con algo de optimismo (o de candor), podríamos esperar las reformas estructurales que dinamicen a la economía nacional, y por tanto a la de la ciudad, facilitando la inversión y la generación de empleos formales. Por el otro lado pueden percibirse aires de lucidez y responsabilidad en el nuevo gobierno de la Ciudad de México, ideas sensatas y funcionarios capaces, apertura, e interés genuino por los asuntos metropolitanos.
El desarrollo sustentable de la ciudad y la calidad de vida de sus habitantes dependen de inversiones y gastos corrientes cuantiosos en infraestructuras, seguridad y espacios públicos. Esto sólo es posible en una prosperidad económica que permita mayor recaudación fiscal e inversión privada de manera autónoma o en alianza con el gobierno. Es urgente rehabilitar y ampliar la red de distribución de agua, así como el drenaje profundo, construir plantas de tratamiento gigantescas y sistemas de reuso. La basura requiere de nuevos esquemas de disposición final, reciclaje y aprovechamiento energético. El servicio eléctrico demanda nuevas plantas de generación distribuida dentro de la ciudad para evitar los perniciosos apagones, bajo modalidades creativas y eficientes de gestión (¿lo permitirá el SME?). El Centro Histórico aguarda una caudalosa inyección de recursos para restaurar inmuebles y repoblarlos. El metro debe ampliarse, renovarse con unidades modernas el transporte colectivo automotor (incluyendo nuevas líneas de metrobús), y emplazarse radialmente trenes suburbanos hacia los cuatro puntos cardinales. Es imperativo disolver nudos viales con pasos a desnivel y soluciones de superficie, y construir novedosas autovías de cuota (túneles a Santa Fe y un anillo externo en el poniente: ¿ La Venta – Colegio Militar?). Es indispensable igualmente más vivienda popular digna, eficiente, y de calidad urbana y arquitectónica. La lista de saldos sería interminable y abrumadora.
Sin embargo, hoy, que despuntan oportunidades de lucidez gubernativa, la ciudad puede empezar a cubrirnos.
(El Economista)
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