Opinión de José Luis Lezama
China, nación con una cultura milenaria, pieza fundamental en las grandes adquisiciones de la humanidad, tanto en los terrenos del espíritu como en los del progreso técnico-científico, parece ser hoy día el país de moda. El inmenso crecimiento de su economía, su emergencia como potencia militar, su numerosa población, que como mano de obra y mercado es esencia de ese crecimiento, se ha convertido también en ejemplo a seguir, esperanza del mundo no desarrollado y modelo de crecimiento que ha hecho emerger mitos y fantasías. Todos ven en China la realización de sus sueños frustrados por formar parte de la globalización, pero no en el sitio de los perdedores, sino en el más feliz y anhelado: el de los triunfadores. El reciente despunte de la economía china se ha dado, no obstante, sobre la base de inmensas contradicciones, efectos perversos, e inconmensurables daños al medio ambiente y a la calidad de vida de importantes sectores de la población.