ECOSISTEMAS EN PICADA
02.15.07 - Leído 136 veces. Enviar esta notaOpinión de Sergio Aníbal Martínez*
Ante la alarmante posición que el DF ocupa como la quinta entidad del país (donde Tlaxcala lidera en degradación de suelo con el 74%) en tener casi el 65% de superficie verde erosionada, conviene reflexionar sobre cómo incide la expansión urbana en las zonas boscosas de conservación.
Considerando que el 59% del territorio en el DF es suelo de conservación, que es una clasificación que el Programa de Desarrollo Urbano valoró para las zonas rurales de la ciudad, y que ha tenido una importancia estratégica por los servicios ambientales, productivos, recreativos, culturales y de identidad que nos proporciona.
Basta decir que el 60% del agua potable que consumimos proviene del suelo de conservación donde se recargan los acuíferos.
Estas áreas de ordenamiento territorial comprenden la totalidad del territorio de Tláhuac, Xochimilco y Milpa Alta, y las secciones de suelo de conservación ubicadas en la línea de conservación de las delegaciones de Cuajimalpa Álvaro Obregón, Magdalena Contreras y Tlalpan.
Incluye también las áreas de suelo de conservación localizadas al norte de la Delegación Gustavo A. Madero (Sierra de Guadalupe) y el Cerro de la Estrella y la Sierra de Santa Catarina, en Iztapalapa, y los 44 poblados rurales consolidados, de los cuales 36 se ubican dentro del suelo de conservación.
Las causas del deterioro de suelos son principalmente los asentamientos irregulares, tiraderos clandestinos de basura y cascajo, tala indiscriminada y en general el avance de la mancha urbana.
Todos los días estas fábricas de agua y oxígeno se ven amenazadas por estas acciones que surgen de la expansión urbana y de la necesidad de dar alternativas al crecimiento explosivo de la ciudad.
Aun con todo esto, no se han podido revertir los procesos de deterioro para detener la tendencia negativa de acabar con la erosión de los suelos.
Tomar conciencia que más de la mitad de nuestro territorio es suelo de conservación, y que es indispensable para la supervivencia de la ciudad, tiene que ser indispensable tomar acciones más drásticas para no perder el suelo boscoso.
No se pretende absurdamente poner una barda o frontera a las zonas de conservación, sino guardar un frágil equilibrio entre la ciudad y su periferia de conservación, para que con ello se logre existir con sustentabilidad, en donde se establezcan políticas a largo plazo para recuperar el suelo.
Es posible dirigir el crecimiento urbano a zonas dentro de los mismos limites, aprovechando la infraestructura ya existente, reciclando zonas decadentes, recuperando espacios públicos y saturando espacios urbanos que ya cuentan con los servicios necesarios.
*Perito en Desarrollo Urbano
(Reforma)
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