URGE REGULAR TURISMO DE AVENTURA
01.30.07 - Leído 623 veces. Enviar esta notaJalcomulco, con vacíos normativos. El impacto al medio ambiente también es motivo de preocupación
XALAPA, Ver; 30 enero 2007.- A poco más de una década haberse convertido en una importante actividad captadora de visitantes y de recursos económicos, el turismo de aventura en la comunidad de Jalcomulco sigue practicándose en medio de vacíos normativos, falta de visión de autoridades locales para impulsar la actividad, ausencia de políticas estatales y federales en la materia y empresas no certificadas que implican riesgos para la seguridad de los visitantes.
Al mismo tiempo, se advierte una saturación de la oferta que se manifiesta en la necesidad de regular la operación de las distintas empresas, como lo señalan los mismos prestadores de servicios. La regulación debe abarcar el aspecto normativo, donde hay carencia tanto de reglamentos específicos como de autoridades para hacerlos valer.
El impacto al medio ambiente también es motivo de preocupación. Un estudio elaborado en el 2001 por el Centro de Estudios Superiores en Turismo (Cestur, dependiente de la Secretaría de Turismo federal –Sectur–) y el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), alertaba que la sobreexplotación de los ríos ocasionada por el descenso en balsas, principalmente en Jalcomulco, podría acelerar el proceso de erosión de los mismos. Si bien no se ha documentado una relación directa entre la actividad y el deterioro del entorno natural, es evidente la disminución del caudal del río Pescados en los últimos años.
La modalidad tiene un gran potencial desaprovechado. A pesar de que la entidad es líder y pionera en este segmento, la actividad apenas representa diez por ciento de los ingresos por concepto de turismo.
En este contexto, el desarrollo del segmento de aventura ha quedado prácticamente sujeto a las actividades que implementan los mismos prestadores de servicios, sin lineamientos ni directrices por parte del sector turismo y sin autoridades que supervisen.
Sin rumbo
A pesar del enorme potencial económico y de desarrollo regional que representan para el país los segmentos de ecoturismo y turismo de aventura, apenas abarcan un ínfimo porcentaje del mercado turístico nacional (alrededor de cinco por ciento).
Sin embargo, en la última década la actividad en estos rubros ha crecido a un ritmo de entre diez y quince por ciento anual, generando expectativas y fortaleciendo la oferta de destinos en nuestro país.
No obstante, las autoridades de todos los niveles han dejado prácticamente a su suerte al sector, sin políticas claras que definan rumbos y objetivos, y que potencien las ventajas comparativas del país.
En Veracruz si bien se ha convertido en uno de los destinos de mayor importancia, no se han establecido programas específicos que den impulso al turismo alternativo, lo que resta fuerza a la posible demanda de visitantes. La identificación de recursos, el desarrollo del producto, su promoción y comercialización, se ven afectadas, refiere un estudio de la Universidad Cristóbal Colón. Para subsanar los vacíos, el documento plantea la necesidad de crear una Central de Reservación de Turismo Alternativo especializada en crear, promover y comercializar las actividades del segmento.
Aún más, el Programa Nacional de Turismo 2001-2006 dejó sin concretar una estrategia a largo plazo para impulsar al sector alternativo. A ello se suma que en la entidad, la Secretaría de Turismo y Cultura tiene apenas un año de haberse conformado como tal. Resultado, indefinición estratégica y vacíos en regulación y normatividad.
Municipios, dejados a su suerte
Un factor importante en el aprovechamiento de los recursos y el impulso del turismo en general, lo conforman las autoridades municipales. De acuerdo al documento Los desafíos del turismo mexicano (elaborado por la Sectur), “uno de los retos que enfrenta el sector turístico mexicano es el de fortalecer las capacidades locales, a través de acciones que fortalezcan la descentralización del sector turismo generada en 1993 y que ha permitido ir avanzando en la participación de estados y municipios en la toma de decisiones y en la conducción y definición de políticas turísticas ad hoc a la problemática de cada centro o destino turístico.
“La función del Gobierno Federal, en el trabajo conjunto con los estados y municipios, conlleva cada día más a que las funciones de la planeación y administración del turismo se definan en la esfera municipal, para que la correlación con otras actividades económicas y sociales se presente en apego a una planeación integral del desarrollo de las comunidades”.
“El municipio es esencial para el logro de la competitividad. La obtención de mayores funciones descentralizadas debe llevar consigo el fortalecimiento de esta instancia, para la mejora regulatoria y la no duplicidad de funciones, que permita mejorar la competitividad de las empresas y la función del municipio en la gestión de su propio desarrollo. Sustentabilidad y competitividad, como resultado del proceso”.
Sin embargo, la realidad dista mucho de acercarse a estas buenas intenciones. En general y en el caso específico de Jalcomulco, las autoridades municipales carecen de preparación y visión para impulsar el turismo de aventura, advierte Francisco Torres González, coordinador regional de Protección Civil de la Cuenca de Jalcomulco.
A través del programa federal Agenda 21 se pretende impulsar acciones para garantizar un desarrollo sustentable. Jalcomulco es uno de los dos municipios de Veracruz que se han sumado a la agenda. Pero ningún proyecto se ha podido concretar debido a que las propuestas chocan con la apatía de la autoridad local, afirma.
Se solicitó que mediante el reglamento de protección civil municipal, el ayuntamiento se involucrara en una normatividad para regular el turismo de ventura y que se asumiera la responsabilidad de certificar a los guías, entre otras cosas. Nada se ha hecho.
Del mismo modo, hay normas inoperantes, como el reglamento de urbanización. “Cualquier persona llega y construye a su gusto”. Al respecto, Ángel Nieva, director general de la consultoría Asesores en Desarrollo Turístico Sustentable, subraya que Jalcomulco es un claro ejemplo de un desarrollo mal planeado. La comunidad sufrió una transformación sociocultural muy drástica con el boom del rafting, al pasar de ser eminentemente agrícola a prestadora de servicios turísticos. Una de las consecuencias fue la fuerte especulación de tierras. Gente del Distrito Federal, de Puebla y del mismo estado negociaron con ejidatarios para rentar o comprar terrenos. Muchos vendieron sus parcelas.
Por otra parte, si bien la llegada de empresas representó una opción laboral para los habitantes de la comunidad, mucho se ha criticado la calidad de los trabajos que ofrecen y los salarios. Camaristas, jardineros o guías, es a lo único a que aspiran, destaca Nieva.
En cuanto a la derrama por los servicios que ofrece la localidad, no es sustantiva. La mayor parte de la oferta de las empresas es del tipo todo incluido. Los visitantes poco consumen en el lugar. “No hay mayor involucramiento activo de la población local”. Hay cierta inercia de participación, pero la falta de políticas y programas por parte del Gobierno Estatal para involucrar a la gente, capacitándola y dándole herramientas para ser autogestiva de modo que desarrolle sus propias empresas, marginó a los lugareños a abrir algunos restaurantes y tiendas de artesanía, sin mucho impacto.
Pero los prestadores de servicios opinan distinto. Rodolfo García Estrada, director operativo del campamento Río Salvaje, señala que la gente ganaba menos en el campo, y ahora llegan a percibir tres salarios mínimos.
Francisco Torres, quien también es director general de Expediciones Río Aventura, apunta que los guías, que requieren de mayor capacitación, llegan a ganar hasta mil 200 pesos en un fin de semana. Sin embargo, el empresario reconoce que se necesita que las comunidades concreten proyectos propios y para ello precisan apoyos financieros, ya que mediante su experiencia en las empresas establecidas conocen el manejo de este tipo de negocios. Agrega que el nicho del turismo rural y las áreas para acampar pueden ser explotados por los lugareños.
La actividad puede resultar un espejismo para comunidades como Jalcomulco, en donde hasta setenta por ciento de la población participa directa o indirectamente en ella. Los mayores beneficiarios han sido los operadores y empresas de servicios que se asentaron en sus terrenos, advierte Ángel Nieva. Sin embargo, considera que el segmento de aventura puede ser una opción viable de desarrollo económico y para ello debe capacitarse a la gente de las poblaciones rurales y mediante programas respaldados con recursos financieros, promover sus propios desarrollos turísticos.
Normas sin cumplir
El estudio de Cestur refiere que un número importante de empresas y guías parecen no tener la capacitación adecuada y exhiben desconocimiento de prácticas sustentables de aprovechamiento. En este sentido, el documento recomienda diseñar mecanismos para hacer que se cumpla el marco jurídico.
Existen operadores que prestan servicios sin cumplir con los permisos y ajustarse a las normas. “En particular, el descenso de ríos en Veracruz ha sido identificado por empresarios y funcionarios públicos como UN GRAVE PROBLEMA. Sólo una parte de las empresas cumple con la Manifestación de Impacto Ambiental, la autorización del proyecto y el permiso de la Comisión Nacional del Agua”.
El documento subraya que el incumplimiento de los requisitos tiene como consecuencia prácticas de competencia desleales y graves daños ambientales en la región.
Al respecto, Rodolfo García subraya que desde hace tiempo se viene exigiendo la regulación de la actividad. Hay empresas que nacen un día y desaparecen al siguiente. De unas veinte empresas asentadas en Jalcomulco, sólo siete cuentan con los registros debidos. No hay quien supervise el cumplimiento de las normas. La Sectur no es coercitiva.
Asimismo, la norma oficial mexicana para el descenso de ríos no está perfectamente especificada, afirma el también delegado en Veracruz de la Asociación Mexicana de Turismo de Aventura y Ecoturismo (Amtave). Por ejemplo, habla del uso de equipo pero no detalla qué tipo de cascos y salvavidas se deben utilizar.
En la práctica no hay sanciones para quien no cumple las normas, admite Antonio García, gerente del campamento Cotlamani. La última supervisión de la Sectur fue hace tres años.
La regulación es también necesaria porque se está llegando a un punto de saturación por la oferta de servicios. Por ello se ha planteado la figura de una capitanía que ordene desde la operación en los ríos hasta la supervisión de registros y certificaciones, en la cual participen diversas instancias tanto estatales como municipales.
La modalidad de aventura aún tiene potencial que ofrecer, pero se hace necesario su ordenamiento y el establecimiento de políticas de promoción, porque hay otros factores que juegan en contra. Una parte del año no hay demanda de servicios en días hábiles, sólo los fines de semana debido a que no se ha logrado establecer Jalcomulco como destino para convenciones o congresos, explica Francisco Torres.
Por otro lado, la llegada de visitantes se ve desalentada por el descenso del caudal del río Pescados. El nivel durante el estiaje es mucho más bajo que en años anteriores y en época normal, ya no alcanza el volumen que presentaba hace un par de lustros, advierte Antonio García.
Penurias oficiales
Las autoridades locales evidencian su desconocimiento del tema. El presidente municipal de Jalcomulco, José Luís Zapata Cuellar, ignora cuánto percibe la gente empleada en el turismo de aventura y el impacto social y económico de la actividad en la comunidad. Del mismo modo, la situación en torno a una posible saturación de la oferta y si hay posibilidad de que se establezcan más empresas, le es ajena. Afirma que todas están debidamente establecidas.
Por su parte, la directora de Turismo del municipio, Jacqueline Gallardo Soriano, reconoce que no se tienen registros sobre la derrama que propicia el turismo de aventura por los servicios indirectos. Asimismo, desconoce cuántas empresas se asientan en la comunidad ni los requisitos que deben cumplir.
Humberto Torio Sánchez, director de Turismo de Coatepec y presidente del Consejo Regional de Cultura y Aventura, advierte que ya hay problemas de saturación de la oferta. “Me parece muy digno de valorarse y tomar algunas medidas. No se puede dar un crecimiento ilimitado”.
A su vez, el diputado panista Alejandro Vázquez García, vocal de la Comisión de Turismo del Congreso local, señala que falta planeación y difusión al segmento de aventura. Considera que hay potencial, pero la actividad turística está en “pañales”.
Para el secretario de Turismo y Cultura, Gustavo Sousa Escamilla, hay capacidad de recibir más visitantes e instalar nuevas empresas. Además, se necesita que los estados cuenten con mayores facultades para hacer sus propios ordenamientos y no ser simples gestores de las visitas de autoridades federales. En este sentido, se requiere de una Ley General de Turismo que permita que la autorización, supervisión y en su caso sanción de empresas recaiga en el ámbito estatal.
El funcionario reconoce que los habitantes de las comunidades donde se asientan los prestadores de servicios no siempre se benefician con los empleos que se generan, por falta de preparación.
Impacto ambiental
Los prestadores de servicios descartan que el turismo de aventura impacte negativamente el entorno natural. Rodolfo García destaca que para fomentar la cultura del cuidado, se constituyó hace un año el Consejo de Protección al Medio Ambiente de Jalcomulco. Varias veces al año, las empresas organizan campañas para limpiar la rivera del río de basura y desechos sólidos, añade.
Algunos prestadores de servicios cuentan con sistemas para tratar el agua y evitar la contaminación del río. El principal mecanismo son las fosas sépticas. Sólo México Verde cuenta con su propia planta. Pero muchas empresas no tienen el mismo cuidado, reconoce García, debido a que no están debidamente establecidas, carecen de instalaciones propias y sólo rentan casas de la comunidad.
En este sentido, el secretario de Turismo y Cultura, Gustavo Sousa, admite que muchos desarrollos se hicieron sin contar con sistemas de tratamiento, dando como consecuencia que se vertieran las aguas residuales en el río. Agrega que se dará un plazo perentorio, quizá este mismo año, para que todos los operadores se regularicen.
Por su parte, Antonio García advierte que la planta de tratamiento de aguas del municipio no opera adecuadamente por falta de recursos, por lo que las aguas residuales de la comunidad se vierten directamente al río Pescados.
Sin embargo, según análisis de la Comisión Nacional del Agua, a pesar de que se detectan organismos coliformes fecales en el río, la calidad bacteriológica es aceptable mientras que la calidad fisicoquímica es buena, considerando que recibe una cantidad importante de aguas residuales urbanas de comunidades que se ubican arriba de Jalcomulco. El reporte afirma que la capacidad de asimilación y dilución de la corriente se ve ampliamente favorecida por el volumen y la velocidad de la misma, logrando una buena auto depuración.
(Milenio)
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