EL AUGE DEL ETANOL
01.29.07 - Leído 490 veces. Enviar esta notaOpinión de Eduardo Viadas
Hace unos días, para la conclusión de una entrevista para Proyecto 40, me preguntaron que cuál sería la solución al cambio climático global y, sin duda, eso yace en la modificación de los modelos de producción y consumo que hemos heredado y consentido.
No obstante, he de admitir que esas soluciones no dejan de tener enormes paradojas y talvez, ahí, reside el porqué de mi fascinación por los temas del desarrollo sustentable.
Me explico. A bote pronto, luego de reconocer que el principal responsable de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera es el hombre a través de la quema de combustibles fósiles, de inmediato se piensa: hay que cambiar eso, dejar de utilizar gasolinas, diesel, turbosina y esa enrome gama de derivados del petróleo.
El razonamiento se calienta aun más cuando, los medios, informamos sobre las alternativas y los biocombustibles como el etanol. Usualmente se dice: si ahí están las soluciones ¿por qué no se toman?
La verdad sea dicha: ese pensamiento está muy bien pero, recuerdo a uno de mis mentores en el Colmex que suele decir: pocas cosas más interesantes hay en la vida que ver cómo se aterriza, en los hechos, el deber ser.
Y es que en las últimas semanas hemos sido presa de una cobertura informativa bárbara alrededor del alza del precio del maíz y por consiguiente de la tortilla; además, se ha hablado ya –por millonésima ocasión- de la necesidad del rescate del agro mexicano y, los más aventurados, parecen encantados de pronosticar un fracaso total a cualquier plan que no garantice los “legítimos” intereses del “pueblo”.
Permítame usted lectora/lector queridos abordar entonces una serie de reflexiones ambientales sobre este tema.
Y es que, aunque sea un elemento que el resto de los medios parece no considerar, a mí se me antoja fundamental para pensar el mundo que queremos.
El maíz se usa en toda clase de artículos, desde jarabes azucarados hasta para aves, ganado y tortillas.
No sé de dónde, mis colegas periodistas, se sorprenden de tal manera por el alza del maíz que ya para principios del último trimestre del 2006 marcaba una tendencia para alcanzar precios exorbitantes.
¿Por qué? A cualquiera de ellos, si realmente lo hubieran deseado, les podría haber quedado claro que esto respondía a una demanda cada vez mayor del etanol en el mundo; ese biocumbustible que se produce en base a caña de azúcar o de maíz, que es más limpio, mas “barato” y que promete ser la esperanza del mundo futuro.
Así pues, luego de que alrededor de una veintena de estados en la Unión Americana han promulgado leyes contra el cambio climático y a favor de las energías limpias (y lo mismo ha ocurrido en otras partes del planeta), la demanda por el combustible rebasó por mucho la oferta y así, los productores, empezaron a ser mucho más selectivos de a quién venderle y a cuánto en aras de mejorar su ingreso y el resultado es de todos conocido: los afectados van desde Wall Street y los fabricantes de bebidas hasta los vendedores de tortillas.
El precio del maíz se ha duplicado en los últimos 12 meses llegando a US$3,66 el bushel. Y pese a una abundante cosecha en Estados Unidos, uno de los mayores productores de maíz en el mundo, los precios se están acercando a la barrera de US$4 por bushel, una marca rara vez vista.
Sobre los perdedores de esta situación, y enfatizo en ello, derivada de una noble intención, no hay mucho que agregar: somos todos. Desde quien va a comprar su kilo de tortillas hasta las grandes empresas.
Y no solo porque compañías como Heinz, Coca-Cola y PepsiCo ven encarecido uno de sus insumos clave sino que, hasta los fabricantes de etanol, se están viendo perjudicados por una combinación del alza de los precios del maíz y la caída en los precios del petróleo.
Ahora, imaginemos qué significa esto para una economía, como la nuestra, basada en el petróleo.
Sin embargo, el alza del precio del maíz también ha sido un dolor de cabeza para los ganaderos estadounidenses, que consumen casi 60 por ciento de todo el grano producido en aquella nación.
Pero no todo son pérdidas, también hay ganancias; por esta nueva demanda, muchos agricultores están pensando cambiar sus cultivos al maíz o se encuentran ya ampliando los existentes para aprovechar el alza en los precios. Esto, a su vez, los lleva a adquirir nueva maquinaria. Por otro lado, productores de fertilizantes e insecticidas se frotan las manos y gigantes como Monsanto y DuPont han capitalizado el momentum para recibir órdenes de compra por su maíz transgénico que, en otro momento, hubiera estado en amplísima discusión en países como el nuestro que es centro de origen del grano.
Bueno, ahora, como si de tapar el pozo después de ahogado el niño se tratara, legisladores, empresarios y todo tipo de organizaciones campesinas han “clamado” por una apertura hacia los transgenicos ya que, según ellos, será una de las respuestas más ciertas hacia los desafíos de producción en México del maíz, ¿será? Yo creo que no.
Como sea, tal y como lo advertimos hace meses en este mismo espacio, lo que podemos tener cierto es que, no solo será muy complicado que el maíz alcance el precio que tenía hacia mediados del año pasado sino que lo mismo el huevo, que ya ha empezado a resentir esta ola expansiva de encarecimiento, como la carne, habrán de experimentar sus respectivos ajustes.
Ante este espectro me parece fundamental, primordial, que como sociedad nos tomemos en serio las cosas del medio ambiente que, esta visto, no solo nos afecta en lo estético, la salud o la calidad de vida sino también en lo económico y, derivado de ello, tratemos estos asuntos con visión integral, multidisciplinaría.
Y que no sirvan estas líneas para sugerir que hay que detener el cambio hacia los biocombustibles, no; se trata de considerar que estos cambios se tienen que hacer adoptando varias medidas a la vez para evitar este tipo de tropezones. Si todo esto ha ocurrido con el maíz ¿qué será el día que China, India o un bloque de 26 naciones asiáticas como el que se anunció la semana pasada, de golpe y porrazo, decidan por el bien del Planeta dar el golpe de timón en el consumo de energías y terminen encareciendo la caña, su azúcar y todos sus derivados?
Amigos yo soy Eduardo Viadas y este es un fragmento de nuestro Planeta Azul. Hasta Pronto
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