MÉXICO, ¿AMA A LAS BALLENAS?
01.20.07 - Leído 648 veces. Enviar esta notaOpinión de Eduardo Viadas
Hablar de ballenas y cazadores en este momento cuando el maíz, la tortilla y el frío roban la atención de los reflectores podría parecer ocioso y hasta insensible, sin embargo, porque en nuestros mares nacen muchas de ellas, porque la mayoría sus especies en algún momento tienen que ver con nuestras aguas patrimoniales y porque de ellas sobreviven un buen número de connacionales, retomo lo que le escuche a un buen amigo hace años y me pregunto si realmente, México, ¿ama a las ballenas?..
Durante dos décadas, Japón, ha luchado por poner fin a la moratoria a la caza de ballena impuesta en 1986, en México por cierto, por la Comisión Internacional Ballenera (CBI).
Desde 1987 barcos japoneses salen a cazar ballenas minke, Bryde, sei, cachalote, jorobada y de aleta en la Antártica y el Pacífico Norte, justificando su violación a la moratoria con el pretexto de investigación “científica”.
Una “investigación”, que contra todos inició su segunda etapa y de la que, de la primera, hasta ahora no se ha revelado nada salvo cómo conservar testículos de ballena en congelación.
En esta temporada la flota japonesa -que zarpó el 15 de noviembre hacia la Antártica-, pretende matar 935 ballenas minke y 10 de aleta o rorcual común concentrando su caza ilegal, como si de una afrenta se tratara, en el Santuario Ballenero Austral decretado en 1994 por la CBI como un paraíso para las ballenas que se alimentan en sus aguas.
Aunque esta el dicho de lo científico vale la pena señalar que la verdadera razón por la que, estimo, el gobierno nipón lleva a cabo esta sangrienta matanza es la de la pesca y no la ciencia ni la cultura porque aun cuando se ha querido esgrimir este último argumento como factor de tradiciones, Japón, tiene almacenada mucha carne de ballena que enfrentado a la población sensible al tema en ese mismo país y que llevó al fracaso el intento oficial de incrementar el consumo de ballena a través de las ballenoburguesas.
A pesar de las numerosas negativas a las solicitudes de entrevista que año con año formulo a la Embajada de Japón asentada en nuestro país para charlar de este tema, basta recordar a su director de la Agencia de Pesca, quien, en 2001, justificó la caza de ballenas minke llamándolas “cucarachas del mar” por ser “demasiado numerosas”.
De hecho, el gobierno nipón, desde hace años emprendió una campaña internacional para culpar a las ballenas y demás cetáceos de estar agotando las pesquerías que alimentan al ser humano.
Pero me temo que hay que señalar que el culpable del despoblamiento de los océanos es el propio ser humano, y le doy ejemplos: en los últimos 10 años los japoneses excedieron en 100 mil toneladas su cuota oficial para la pesca del atún de aleta azul. Y en los últimos 42, la captura anual de pescado para consumo humano en el orbe pasó de 20 a 84.5 millones de toneladas.
Dando un paso hacia atrás en la conservación, el otoño pasado, Islandia –tal como lo hiciera Noruega en 1993-, violando la moratoria, decidió volver a la caza comercial, desafiando la veda internacional al tiempo que sus biólogos afirman “cómodamente” también que las ballenas minan las poblaciones marinas al consumir peces y krill en demasía y sus congeladores están repletos de carne de ballena, y ya no saben qué hacer con ella.
En México, las vemos nacer; aquí, las zonas marinas que forman parte del territorio nacional y aquellas sobre las que la nación ejerce su soberanía y jurisdicción son Santuario Ballenero desde hace casi cinco años y aunque hemos tenido extraordinarios liderazgos en lo internacional bajo las batutas del Embajador Rosental, de Exequiel Ezcurra y ahora con Lorenzo Rojas no hay que olvidar que, al interior, todavía tenemos importantes tareas pendientes; todavía hoy, tratamos a nuestros mares como basureros para desechos industriales, agrícolas, petroleros y radiactivos; agotamos pesquerías aceleradamente y, también hoy, muchos mamíferos marinos, como nuestras ballenas, colisionan con buques o peor aun quedan atrapados en redes de pesca producto de un ordenamiento al sector “pendiente” desde hace años.
Amigos, yo soy Eduardo Viadas y este es un fragmento de nuestro Planeta Azul, Hasta Pronto.
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