COLECCIÓN NACIONAL DE EQUINODERMOS
01.4.07 - Leído 416 veces. Enviar esta notaResguarda más de 70 mil ejemplares de estrellas, ofiuros, pepinos, erizos y lirios de mar procedentes de nuestras costas y de otros litorales
MÉXICO, D.F.; 4 enero 2007.- Se llaman equinodermos, aunque se les conoce como estrellas, ofiuros, pepinos, erizos y lirios de mar. En todos los mares del mundo y en todas las latitudes del planeta se aprecia su belleza; no obstante, pocas personas conocen su importancia en el equilibrio ecológico marino.
La Colección Nacional de Equinodermos (CNE) María Elena Caso Muñoz, que resguarda el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML), consta de más de 70 mil ejemplares procedentes de las costas del país y otras regiones del planeta. Su valor radica en que es el registro científico más completo de este maravilloso grupo zoológico en México y América Latina.
Se compone de ejemplares de las cinco clases de equinodermos que hay en el mundo: crinoideos (lirios de mar), asteroideos (estrellas de mar), ofiuroideos (ofiuros o estrellas quebradizas), equinoideos (erizos de mar) y holoturoideos (pepinos de mar).
“Los equinodermos se encuentran en todos los mares, desde las pozas de marea, ubicadas donde revientan las olas, hasta las fosas oceánicas que se conocen actualmente, como las trincheras de las islas Marianas, a unos 15 kilómetros de profundidad. A veces, 90% de la biomasa marina a estas profundidades está compuesta por ellos. Tienen capacidad para resistir las enormes presiones oceánicas. Además, son valiosos porque representan un eslabón de la cadena trófica o alimenticia; es decir, desempeñan un papel clave en el equilibrio ecológico del mar. Así pues, si desaparece una de sus especies, puede dañarse todo un ecosistema”, informa Francisco Solís Marín, investigador del Laboratorio de Sistemática y Ecología de Equinodermos del ICML, y, también, responsable de esta colección.
Fuente de sustancias químicas
Los equinodermos más conocidos, después de las estrellas, son los erizos de mar, que además son comestibles. La hueva o “caviar de erizo de mar”, como se le dice popularmente, se comercializa y es muy apreciada en países como Chile, Japón y China.
En la costa norte mexicana del océano Pacífico, en la frontera con Estados Unidos, se practica el maricultivo de equinodermos: se crían larvas hasta que alcanzan su etapa juvenil; después se les arroja al mar para que sigan creciendo en encierros dispuestos ex profeso para ello.
Otra clase de equinodermos con importancia económica -pues su piel se destina al consumo humano- es la de los holoturoideos o pepinos de mar, que cierra, en términos zoológicos, el filum de los equinodermos. Desde el punto de vista ecológico, también resultan muy valiosos porque, al igual que las lombrices de tierra, remueven el suelo -en este caso marino- para intercambiar nutrientes.
El Isostichopus fuscus es una de las especies de holoturoideos que se explota en México. Ahora bien, como su sobreexplotación y la pesca furtiva la pusieron cerca del peligro de extinción, debió ser protegida por las leyes de conservación, especialmente de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, por sus siglas en inglés).
“Por si esto fuera poco, los pepinos de mar son cada vez más requeridos en la investigación biotecnológica porque resultan una fuente singular de sustancias químicas, como las holoturinas, que posiblemente ayuden en la lucha contra el cáncer”, asegura Solís Marín.
Describir, registrar e investigar
Una de las tareas de los investigadores de la Colección Nacional de Equinodermos María Elena Caso Muñoz consiste en describir y registrar las especies que se descubren en los litorales mexicanos.
Aunque la taxonomía es muy relevante, puesto que si no se tiene la información que procede de las especies no hay avance científico, hoy en día no se alienta la formación de nuevos taxónomos. En México trabajan menos de cinco taxónomos especialistas en equinodermos, pese a que en el país se registran casi 600 especies.
Además de este trabajo taxonómico (sistemática morfológica), los especialistas de la Colección Nacional de Equinodermos realizan también investigación en sistemática molecular; es decir, investigan los contenidos del ácido desoxirribonucleico (ADN) de los equinodermos para conocer sus relaciones filogenéticas.
“Nuestra intención -dice Solís Marín- es saber si están emparentadas unas especies con otras. A veces suponemos que especies que viven en ambos lados del istmo de Panamá, por ejemplo, son distintas, pero al analizar su ADN resulta que son la misma. A veces es lo contrario.”
Base del árbol evolutivo
Cientos de ejemplares de equinodermos tienen un lugar seguro y perfectamente diseñado en la Colección Nacional de Equinodermos. Los investigadores de México y de otras partes del mundo pueden acudir allí para corroborar e intercambiar información.
Entre los ejemplares más valiosos que residen en la CNE se encuentra la estrella de mar Platasterias ratiradiata, considerada mundialmente un fósil viviente que habita en el golfo de Tehuantepec.
Fue recolectado por primera vez en los años 40 del siglo pasado, pero por desgracia no se ha vuelto a localizar de nuevo. Investigadores de diversas instituciones académicas alrededor del mundo buscan esta estrella de mar, ya que representa un eslabón perdido entre las relaciones de parentesco del grupo.
De obtenerse otro ejemplar se sabría, por medio de su ADN, qué equinodermo apareció primero en la evolución del grupo: los asteroideos o los ofiuroideos.
“El ejemplar que tenemos en la Colección Nacional de Equinodermos podría equipararse a la base del árbol evolutivo de estas especies marinas. Pero debido a que fue recolectado hace más de seis décadas, su ADN se ha degradado a tal grado que no se pueden obtener muestras para avanzar en esa investigación”, apunta Solís Marín.
Las aguas territoriales mexicanas son hábitat de los ejemplares con mayor talla corporal de los equinodermos del mundo.
Entre los nuevos huéspedes de la Colección Nacional de Equinodermos se puede mencionar un ejemplar de Cucumaria flamma, un pepino de mar descubierto en 1999 en el litoral de Zihuatanejo, Guerrero, por Francisco Solís y Alfredo Laguarda. Su distribución abarca desde Mazatlán hasta Perú.
Más información:
Teléfono: 5622-5843
Correo electrónico
fasolis@icmyl.unam.mxfasolis@icmyl.unam.mx
CIENTÍFICA DE EXCELENCIA
Hija del rector Antonio Caso Andrade (1921-1923) y de Josefina Muñoz, María Elena Caso Muñoz fue la primera especialista mexicana en equinodermos.
Su obra -conformada por más de 60 artículos científicos, e incluso siete monografías- es, sin duda, la más sólida y completa que se conoce en nuestro país sobre este grupo.
Describió 17 nuevos taxa, entre ellos una subfamilia, géneros, subgéneros, especies y variedades nuevas de estos sorprendentes organismos del mar. Murió en 1991. Seis años después se le puso su nombre a la Colección Nacional de Equinodermos.
(El Universal)
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