MERMA CORRUPCIÓN A SELVA AMAZÓNICA
12.30.06 - Leído 423 veces. Enviar esta notaSufre Brasil para acabar con la tala ilegal. Enfrenta Gobierno el reto de crecer sin ocasionar daños al medio ambiente
BRASILIA, Brasil; 30 Diciembre 2006.- Medio centenar de personas fueron detenidas por la Policía Federal brasileña el pasado mes de agosto, acusadas de tráfico ilegal de madera del Amazonas.
De los 50 apresados al menos la mitad eran miembros del Instituto Brasileño de Medio Ambiente (IBAMA), el organismo encargado de fiscalizar y otorgar los certificados de transporte y venta de madera proveniente de la cuenca del río Amazonas.
No es una sorpresa. De las 272 personas detenidas en los últimos 3 años por tráfico ilegal de madera en Brasil, al menos 92 de ellas eran funcionarios del IBAMA, aquejado de una corrupción galopante.
“Combatir la corrupción es la clave para combatir la deforestación”, admite el presidente del organismo brasileño, Marcus Barros.
La facilidad con que los traficantes de madera compran los servicios de los técnicos del IBAMA está poniendo en peligro todos los esfuerzos del Gobierno brasileño de acabar con la deforestación ilegal del Amazonas.
El ecosistema amazónico desaparece y parte de la culpa recae en la tala y tráfico ilegal de madera de esta región del norte de Brasil.
Para explicar la magnitud del problema basta con un ejemplo: en las últimas 10 operaciones contra el tráfico fueron incautados 600 mil metros cúbicos de madera, suficientes para cargar más de 26 mil 500 camiones madereros.
Sin embargo, según los expertos, el negocio de venta de madera ilegal -que rinde unos 150 millones de dólares al año- es sólo la punta de lanza de la deforestación masiva.
“La extracción ilegal de madera comercial no es responsable por sí sola de toda la devastación forestal amazónica, pero son los madereros los que abren carreteras en el bosque, facilitando así la ocupación agropecuaria, que entonces derriba toda la vegetación, limpia el terreno”, explica Marcus Barros.
Las plantaciones de soya ocupan un 85 por ciento de toda el área deforestada del Amazonas, 640 mil kilómetros cuadrados.
Prácticamente todo el resto (12 por ciento) de la superficie deforestada está siendo dedicada a la cría de ganado vacuno.
De hecho, a costa de la selva amazónica, según denuncia Greenpeace, Brasil se ha convertido en los últimos años en el primer exportador mundial de soya y de carne de vacuno.
Por ello, la propia Ministra de Medio Ambiente brasileña, Marina Silva, ha reconocido en más de una ocasión que el problema es difícil de atajar.
No es fácil la posición del Gobierno brasileño, que de un lado se ve presionado por su propios votantes ecologistas, ONG y Gobiernos y autoridades extranjeras, y por otro por los trabajadores y empresarios de la industria maderera.
Asimismo, los ‘fazendeiros’ (hacendados) agropecuarios del interior del país y los Estados limítrofes con el Amazonas tienen todavía un importante peso en las decisiones políticas de Brasil y una gran influencia en el Congreso y el Senado de ese país.
Ejemplo de ello es la figura de Blairo Maggi, Gobernador del Estado de Mato Grosso, en el centro-oeste del país, que año tras año presenta los mayores índices de deforestación de selva amazónica y es responsable del 48 por ciento de la misma.
Maggi está considerado, además del principal político de esta región, como el “rey de la soya”, pues es el mayor exportador de este producto.
Este político ha vuelto a vencer en las elecciones del 1 de octubre, consiguiendo ser reelegido Gobernador con más del 60 por ciento de los votos.
Fruto del crecimiento económico abanderado por gente como Blairo Maggi y de los incentivos ofrecidos por el Gobierno brasileño al cultivo de la soya y la cría de vacuno, en el año 2003 se talaron 26 mil 130 kilómetros cuadrados de la Amazonia, la segunda mayor tasa de la historia, lo que provocó fuertes críticas por parte de los movimientos ecologistas a un Gobierno del Presidente Lula al que hasta entonces se había visto como una esperanza para el freno a los desmanes ecológicos en el norte del país.
De igual manera, los detractores de Lula le han acusado de vender la Amazonia a los intereses extranjeros tras la aprobación por parte de su Gobierno de la Ley de Gestión de Bosques Públicos este mismo año.
Mediante dicha ley, que ha contado con el apoyo en su elaboración de Greenpeace y World Wildlife Foundation (WWF), el Gobierno brasileño prevé arrendar a compañías privadas nacionales o internacionales el 3 por ciento de la superficie amazónica, para que extraigan de ella el rendimiento económico turístico, maderero o de investigación biomédica, bajo estrictos controles medioambientales.
Según Paulo Adario, coordinador de la campaña “Amazonia” de Greenpeace, con esta nueva ley el poder público se reapropia de sus tierras.
Y en una región marcada por la ausencia del Estado, eso es altamente positivo.
Para el activista de Greenpeace la industria maderera ya no podrá alegar que actúa en la ilegalidad por falta de áreas privadas económicamente viables.
Desde WWF-Brasil señalan que quien gana con el nuevo sistema de gestión de bosques son los estados, los municipios -que se llevarán la mitad de lo recaudado por las concesiones- y los madereros brasileños, que hasta ahora no tenían un marco legal definido.
El pulmón de la tierra
No son pocas las amenazas que enfrenta el delicado ecosistema del Amazonas.
Tala ilegal
Estas son las zonas más afectadas por la tala ilegal en la selva más grande del mundo y las rutas que sigue la madera.
Los principales compradores de madera ilegal brasileña son:
La Unión Europea 40%
Estados Unidos 31%
China 14%
Francia 11%
70% de la madera que se comercializa en o desde Brasil es ilegal.
680 mil kilómetros cuadrados de superficie deforestada tiene el Amazonas.
85% de este terreno se ha dedicado al cultivo de soja. El 12%, a la cría de ganado.
Muerte lenta
Baja superficie de selva en Brasil
(superficie forestal en miles de hectáreas)
1990 520,027
2000 493,213
2005 477,698
En México y el mundo
En sólo 15 años ha desaparecido el 8.1 por ciento de la superficie forestal en el mundo.
México Mundo
1990 69,016 4,077,291
2000 65,540 3,988,610
2005 64,238 3,952,025
Tesoro ecológico
El Amazonas requiere acciones urgentes para subsistir.
7 mil millones de kilómetros cuadrados es la superficie del Amazonas.
300 años sería el tiempo de vida que le quedaría a esa selva si continúa la devastación al ritmo actual.
16 % de la selva amazónica ya ha sido destruida.
60 mil especies de plantas alberga su ecosistema.
6 países abarca este terreno selvático.
USURPAN ‘GRILEIROS’ LA TIERRA
La mayor parte de la deforestación que sufre el Amazonas se lleva a cabo en tierras de titularidad pública, que constituyen el 60 por ciento del total de la región.
El descontrol del Estado brasileño sobre esas tierras es tal, que cientos de personas inventan títulos de propiedad falsos sobre enormes extensiones de terreno que, en la práctica, nadie controla.
Después, comienza la tala maderera, y más tarde la explotación agropecuaria.
La apropiación ilegal de tierras en el inmenso Brasil es un hecho tan extendido que la cultura brasileña inventó, ya en los tiempos de la colonia, una palabra específica para este delito, “grilagem”, y para quienes incurren en él, “grileiros”, en español, literalmente, “grillaje” y “grilleros”.
Al parecer, el origen de la palabra viene de los grillos y el burdo método empleado para hacer que títulos de propiedad nuevos y falsos pudieran pasar como antiguos y legales.
El “grileiro” guardaba los papeles falsificados en una caja con unos cuantos de estos insectos durante una semana. Al cabo de ese tiempo los papeles aparecían agujereados y sucios por el efecto corrosivo de las deposiciones de los grillos y podían presentarse ante notario como antiguas escrituras.
Hoy los métodos empleados para la falsificación de documentos son otros, y el “grilagem” ya no es un trabajo de granujas y buscavidas sino una lucrativa industria que el Gobierno brasileño no sólo relaciona con la depredación ilegal de los recursos del Amazonas, sino también con el narcotráfico y el lavado de dinero.
En la lista de los principales “grileiros” del país aparecen siempre una serie de nombres, algunos de ellos falsos o de los que se sabe apenas nada.
Así, el Estado brasileño ha descubierto recientemente que una tal Glaucia Alençar Meirelles Rocha, ciudadana desconocida, a la que se acusa de haberse apropiado de 2 millones de hectáreas en el estado de Pará.
Alguien que se oculta bajo el nombre falso de Carlos Medeiros y que se adjudica el título de abogado tiene títulos de propiedad falsos sobre 12 millones de hectáreas.
Por último, Falb Saraiba de Farias está acusado de haberse apropiado de 10 millones de hectáreas en el Estado de Amazonas.
Entre los golpes más sonados de Farias está el haber vendido 6.6 millones de hectáreas que no poseía a un grupo de ONG estadounidenses y europeas que pretendían salvar esas tierras de la depredación humana.
EL PANTANAL, UN PARAÍSO AMENAZADO
Menos conocida que el Amazonas, pero con una biodiversidad mayor y el mismo interés ecológico, el Pantanal es una amplia superficie de 191 mil 600 kilómetros cuadrados engarzada en la zona del centro-oeste de Brasil, en la frontera con Paraguay y Bolivia.
Es una de las mayores planicies inundables del mundo, que queda anegada por las aguas la mitad del año y se seca de mayo a septiembre, cuando miles de mamíferos, reptiles -la población de caimanes supera los 10 millones- y aves acuden a los pequeños charcos y ríos llenos de barro para abrevar, cazar o ser cazados.
Como le ocurre al Amazonas, los mayores enemigos para la supervivencia del Pantanal son el cultivo de la soya y la expansión de la cría del ganado vacuno, así como las grandes obras de infraestructura, que prevén la profundización del lecho del río Paraguay, para permitir la navegación de gran calado desde esta zona hasta el océano Atlántico.
En opinión de varios expertos, esa obra sería catastrófica para el frágil sistema hídrico del Pantanal.
Por otra parte, la deforestación para la agricultura a 300 kilómetros al norte de allí, en la cabecera del Río Negro, afluente del Pantanal, está provocando la acumulación de lodo en el río, cambiando el ecosistema.
Pero existe una amenaza aún mayor. Todo lo que rodea al Pantanal brasileño está cambiando, las ciudades están creciendo con un inadecuado tratamiento de las aguas y por todas partes aparece el cultivo de la soya, la caña de azúcar y el algodón con el uso intensivo de productos químicos que contaminan los afluentes que van a dar al Pantanal.
(Reforma)
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