Y EN SAN JOSÉ TEJALCA SE QUEJAN DE DIARREAS Y RONCHAS
10.30.06 - Leído 194 veces. Enviar esta notaAsunción Paz, habitante del poblado de San José Tejaluca, asegura que los adultos ya son inmunes al agua de la presa Valsequillo.
PUEBLA, Pue; 30 de Octubre de 2006.- Sin embargo, los niños y adolecentes padecen con frecuencia de enfermedades gastrointestinales y de salpullido en la piel.
“La gente grande aguanta, pues de años usamos esta agua, y como si nada; pero los chiquillos a cada rato andan con la diarrea, con dolores de panza y a unos les han encontrado lombrices.
“Muy pocos toman agua de la presa, la mayoría tomamos del pozo, pero dicen que también está contaminada, ha de ser por eso que se enferman”, manifiesta doña Asunción.
San José Tejaluca, inspectoría del municipio de Tzicatlacoyan, se encuentra a sólo un kilómetro de las aguas de Valsequillo, pero uno de sus tres pozos está localizado a 5 metros de la presa.
Una situación similar sucede en San Baltasar Tetela, en donde los niños sufren de déficit de atención.
Telésforo Serrano, habitante de esa comunidad del municipio de Puebla, coincide con doña Asunción.
“Aquí, el problema es que uno, ya grande, no siente nada, ni nos pasa nada, pero los niños son los que tienen el problema por la contaminación del agua de los pozos, porque ahí llega el agua de Valsequillo, por filtración.
“Yo pertenecía al comité de padres de familia de la escuela (primaria Melchor Ocampo) y a cada rato los niños se enfermaban de diarrea, del estómago, y también nos dimos cuenta de que muchos tienen problemas para sus clases”, manifiesta Serrano.
Alejandra Pérez, también de San Baltasar, coincide en que los menores son enfermizos en esa zona.
“Los niños son los que se enferman, porque sabemos que tenemos un problema de contaminación. Nadie toma del agua de Valsequillo, pero se filtra al pozo, y ahí nos amolamos”, explica.
Pero la contaminación importa poco. Decenas de personas llevan a su ganado a pastar en la orilla de la presa y lo alimentan de lirio acuático.
Margarita Yarce, de 60 años de edad, lleva, al igual que otros vecinos a sus cinco vacas a comer lirio en la presa, después vende la leche y a los animales para consumo humano.
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