DESAPARECE PRECIADO ATÚN DEL MAR MEDITERRÁNEO
10.24.06 - Leído 629 veces. Enviar esta notaLos barcos de arrastre europeos pescan el atún agresiva e ilegalmente, y exceden con creces las cuotas internacionales fijadas: WWF
Redacción Planeta Azul
México, D.F. a 24 de Octubre de 2006.- Hace dos décadas, los canales que separan las islas croatas en el Mar Adriático rebosaban de atún aleta azul, una especie tan abundante que los turistas solían subirse a escaleras a orillas del mar para observar los bancos que nadaban ahí.
Hoy, rara vez se capturan estos majestuosos depredadores. “Tienes que trabajar mucho más duro para atrapar cualquier pez que sea”, indicó Lubomir Petricivic, pescador que acaba de abrir un restaurante en el puerto de Sucuraj. “¿Atún? Imposible. No tenemos; es imposible de atrapar”.
Un reporte del World Wildlife Fund concluye que la población de atún está al borde de la extinción en el Mediterráneo, con un 80 por ciento menos de peces atrapados en los últimos años, incluso en el caso de barcos de arrastre de alta tecnología que ahora peinan rincones remotos del mar en busca del enrarecido pez.
La contaminación y la pesca intensiva han provocado fuertes menguas en muchas poblaciones de peces comestibles en el Mediterráneo y su prolongación, el Adriático, de acuerdo con la Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU. El atún aleta azul está en crisis gracias a una nueva y lucrativa red europea de compañías de pesca y granjas pesqueras que proporcionan el preciado pescado a los mercados de sushi y sashimi japoneses.
Con precios de más de 30 dólares el kilo de atún en Tokio, los barcos de arrastre europeos pescan el atún agresiva e ilegalmente, y exceden con creces las cuotas internacionales fijadas para proteger la especie, de acuerdo con científicos. El problema se ve agravado por el reciente desarrollo de granjas de engorda de atún en Croacia, España, Turquía y otros países mediterráneos.
Ahora, hasta atunes jóvenes de tamaño pequeño pueden ser encerrados en las extensas jaulas submarinas que bordean la costa croata, donde son alimentados durantes meses o años, hasta estar listos para su venta.
Por ello aunque hay poco atún en las aguas croatas y ninguno en sus restaurantes, constituye una de las exportaciones alimenticias más lucrativas del país. La totalidad del atún croata es engordada en granjas y termina convertida en toro- el preciado y grasoso atún crudo.
En el mediterráneo, barcos atuneros franceses, italianos y españoles de alta tecnología emplean sonares y localizadores aéreos para encontrar bancos de atún en sus últimas zonas de poblamiento, frente a las costas de Chipre, Egipto y Libia.
Sin embargo, Croacia, con su costa extensa y prístina, resulta ser un lugar ideal para las granjas de engorda. Abiertas hace menos de una década, emplean ahora a cientos de croatas, 95 de ellos ex pescadores.
Un barco del grupo medioambiental Greenpeace recientemente siguió durante una semana barcos atuneros franceses, italianos y españoles hasta los máximos confines del Mediterráneo con el fin de confrontar a un barco involucrado en prácticas de pesca ilegal; las esperanzas de la tripulación se vieron frustradas, sin embargo, cuando se dio cuenta de que no habían logrado encontrar un solo atún para pescar.
Nedo Vrgoc, del Instituto de Oceanografía y Pescaderías en Split, Croacia, dijo que, debido a la sobre pesca, “cambios negativos significativos” se han dado en las poblaciones de peces del Adriático.
Agrego que, debido a una fuerte reglamentación de las aguas litorales de Croacia y a la flotilla mal equipada del país, la situación es relativamente mejor en las aguas croatas que en las aguas abiertas del Adriático o en todo el Mediterráneo.
“Las aguas abiertas del Adriático están expuestas a la explotación de la flotilla pesquera italiana, mejor equipada y varias veces más numerosa”, indicó, “y casi no hay reglamentación”.
Añadió que las granjas de atún operan bajo licencia del Gobierno y deben llevar a cabo un estudio de impacto medioambiental.
El enorme frenesí alimenticio llevado acabo tres veces al día en las granjas ejerce presión sobre las poblaciones locales de peces, ya que el “alimento” se le compra frecuentemente a los pescadores locales, y los desechos resultantes pueden provocar contaminación.
(The New York Times)


