Mitos de la comida orgánica
09.18.06 - Leído 3,468 veces. Enviar esta notaPor Enrique Goldbard
A partir de la última década del siglo pasado y en lo que va de este, se ha registrado un importante aumento en el consumo de los que se han dado en llamar “alimentos orgánicos”, que en términos generales son “productos obtenidos sin emplear fertilizantes sintéticos, pesticidas artificiales, técnicas de ingeniería genética, hormonas de crecimiento o radiación germicida”.
Esto sucede al tiempo que la “revolución verde”, encaminada a alimentar a una población en crecimiento, se ha convertido en la forma convencional de agricultura.
A pesar de que los apologistas de los alimentos orgánicos sostienen que sus beneficios son múltiples y comprobables, en realidad, los hallazgos científicos que esgrimen como prueba no han sido adecuadamente confirmados, y los peligros para la salud humana de la agricultura convencional, tampoco. La discusión se centra en los siguientes puntos.
Contaminación química. El uso de pesticidas en los productos alimenticios convencionales se encuentra estrictamente vigilado y se han establecido niveles máximos de residuos químicos, debajo de los cuales se considera como seguro el consumo de estos alimentos.
De hecho, los “pesticidas naturales”, empleados por los productores de alimentos orgánicos, son menos efectivos que los sintéticos y definitivamente no son más seguros; algunos (rotenona, pyretrum) se han asociado con la enfermedad de Parkinson y el cáncer, pero como en el caso anterior, para que estos provocaran alguno de los padecimientos mencionados habría que emplearlos de manera masiva, cosa que normalmente no sucede.
Desde luego, en países con reglamentación agrícola de laxa aplicación, los riesgos asociados a residuos químicos aumentan y esto es válido tanto para productos convencionales como para los orgánicos.
Por otro lado, la posibilidad de contaminación con bacterias (E. coli) y hongos patógenos al emplear fertilizantes, como el abono animal, es sin duda mayor en los alimentos orgánicos.
Sabor. Se insiste en que la comida orgánica tiene mejor sabor, tal vez pudiera ser cierto; sin embargo, probablemente no se debe al hecho de que sean “orgánicos” sino a que están frescos porque se cultivan localmente y en sitios cercanos a donde se venden.
Impacto ambiental. La idea original de quienes iniciaron la producción de alimentos orgánicos fue evitar la degradación de los suelos agrícolas a causa de los monocultivos, los fertilizantes artificiales, la eliminación de la flora y fauna nativa, la erosión, la salinización, etcétera, consecuencias comunes de la agricultura convencional a gran escala. Lo que contrasta con la rotación de cultivos, el manejo integral de las plagas y el barbecho que practican los pequeños productores. Parece difícil, no obstante, el regreso a este tipo de agricultura por su demostrada incapacidad de resolver la demanda mundial de alimento.
Precio. Los productos orgánicos están dirigidos a la clase social con capacidad para pagarlos y habitualmente son más caros que los alimentos comunes, a veces considerablemente. Pese al precio, en Estados Unidos más del 60 por ciento de la población los considera superiores a los convencionales, incluyendo los orgánicos de origen animal (pollo, huevos, carne de res, leche). Al percatarse de ello, las grandes compañías que dominan el mercado de los alimentos (Kraft, Unilever, Heinz, Coca Cola, Pepsi, Campbell’s, entre otras) ni tardos ni perezosos han adquirido importantes secciones del mercado de comida orgánica.
Valor nutritivo. Se han obtenido resultados heterogéneos e incluso contradictorios en diversos estudios emprendidos con el fin de demostrar las diferencias entre los alimentos producidos por vía convencional y los orgánicos. La FAO ha concluido que no existen datos claros o concluyentes de la superioridad nutritiva de estos últimos.
Aún cuando muchas personas bien intencionadas crean a ciegas en las maravillosas propiedades de los alimentos orgánicos, estos parecen ser una trampa más de la sociedad de consumo.
hgoldbard@medscape.com
Fuente: Periódico Reforma
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