POBREZA
09.17.06 - Leído 478 veces. Enviar esta notaGabriel Quadri de la Torre
Ningún país ha logrado vencer la pobreza y lanzarse al desarrollo a través de aventuras populistas. Todos los experimentos de ese cuño han fracasado, dejando una cauda de mayor pobreza, dictaduras militares, o por necesidad y decepción, alternancias más o menos liberales siempre abrumadas por deshacer los entuertos heredados. Ahora, México ha visto renacer al ansia populista, y estado a punto de encumbrar a un nuevo y carismático taumaturgo social, intérprete directo del pueblo, y con ascendencia sobre leyes e instituciones. Venturosamente hemos logrado eludir – apenas – el costoso experimento. La conducta y el talante real de El líder, revelados en esta secuela electoral, ofrecen una muestra elocuente de lo que hubiera sido el siguiente sexenio. La opinión pública ya lo percibe y calcula, y revierte la pulsión cíclica hacia el populismo que – por razones misteriosas – de cuando en cuando resurge y siempre está latente en el ánimo latinoamericano. El Líder se inmola en su incontinencia, y el país acabará por digerirlo, y colocarlo en la carpa idiosincrática de la política nacional, junto a Marcos.
Habiéndose ahorrado los pobres otra regresión y otra decepción, hay calma para ver a la pobreza con una lente verde, el de la biodiversidad. ¿Porqué hay una correlación entre riqueza biológica y pobreza? ¿Porqué las zonas de mayor importancia biológica y ecológica coinciden con las de mayor pobreza? Los casos de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, la Huasteca, y la Sierra Madre Occidental en Jalisco y Nayarit saltan a la vista. ¿Es posible diseñar y aplicar políticas que logren combatir con eficacia la pobreza rural, y conservar la biodiversidad, como algunos lo pretenden?
Para empezar, aunque es evidente, no es tan fácil definir de manera inequívoca a la pobreza, ya que es algo multidimensional en la que influyen bajos ingresos y muchas condiciones precarias de alimentación, salud y educación, al igual que la violencia, y la ausencia de libertades (como lo hace notar Amartya Sen). La biodiversidad no es más fácil de precisar y medir; incluye variabilidad genética y de poblaciones, de especies, de géneros y familias (desde luego, hablando de taxonomía biológica), y también de ecosistemas y paisajes. Aparte de que es poco probable la existencia de instrumentos de política que como balas de plata disminuyan la pobreza al mismo tiempo que conserven la biodiversidad, dificilmente estaremos seguros con cuál de los componentes o dimensiones de la pobreza y de la biodiversidad estaremos tratando: ¿con especies o ecosistemas, con libertades o con niveles de ingreso?
Por otro lado, sabemos que la pobreza es resultado de una baja productividad, generalmente por escasos educación y capital e instituciones deficientes.. Entonces, combatir la pobreza implica promover y acelerar el desarrollo económico a través de cambios institucionales, ahorro e inversión en capital, y educación para aumentar la productividad. Por su lado, conservar la biodiversidad requiere regulaciones del Estado sobre los derechos de propiedad – de la tierra y de los recursos naturales – o bien, contratos con los propietarios que signifiquen algún pago a cambio de conservar (asumir los costos de oportunidad de la conservación). ¿Hay alguna conexión virtuosa entre estos dos ámbitos? Es poco probable.
De todas formas es interesante explorar los vasos comunicantes entre conservación de la biodiversidad y lucha contra pobreza. La biodiversidad es mayor en zonas accidentadas, con cambios notables de altitud y de clima, y cercanas a los trópicos. No obstante, en estas áreas, los suelos son someros y la vegetación natural sólo se sostiene gracias a una acelerada circulación de nutrientes. Si se desforestan, quedan expuestos suelos exánimes, desnudos, frágiles y fácilmente erosionables por la lluvia y el viento. Es decir, no pueden soportar actividades agrícolas intensivas y rentables a largo plazo, por lo que el valor de la tierra es bajo. Siendo así, no es eficiente establecer derechos de propiedad privada individual (no vale la pena) dado que es costoso, por lo que permanecen como áreas de propiedad colectiva y/o de acceso libre en ejidos y comunidades, en donde se practica la roza-tumba-quema y el pastoreo extensivo. La propiedad colectiva, como todos saben, es poco propicia para el desarrollo económico. En resumen, coinciden la baja productividad (y bajos ingresos), propiedad colectiva de la tierra e instituciones ineficientes, la pobreza, y una gran biodiversidad (también su destrucción, por razones obvias). Como las áreas de pobreza extrema corresponden a zonas indígenas (por causas difíciles de explicar aquí), algunos analistas insisten en asociar a las culturas indígenas con la biodiversidad. Sin embargo, no es una relación virtuosa.
Hay conexiones entre la biogeografía y la pobreza; lo que no hay son instrumentos unívocos que aseguren la conservación de la biodiversidad y reduzcan la pobreza. Cada objetivo de política, como lo dijo Jan Tinbergen, requiere sus propios instrumentos, separemos la política social y económica, de la política ambiental, evitando inconsistencias entre ambas.
Fuente: El Economista
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