En territorio de vaquitas marinas
09.17.06 - Leído 892 veces. Enviar esta notaPor Harry Möller
Entre la belleza del oleaje marino y el eterno misterio del desierto bajacaliforniano, se halla San Felipe, poblado que lleva ese nombre en honor a San Felipe Neri desde hace 409 años y donde el Mar de Cortés da vuelta en “U” hacia Sonora.
Es el territorio de la “vaquita marina” o miniballena, igual que Puerto Peñasco, que queda enfrente, mar de por medio.
Al principio, por los años 60, esto no era más que un desolado paraje habitado por curtidos pescadores, con la única comunicación terrestre de un difícil camino de terracería por la que se aventuraban turistas americanos en toda clase de vehículos adaptados para acampar.
Actualmente hay carretera asfaltada y hasta una pista para avionetas, pero los acampadores continúan llegando a bordo de “motor homes” y campers, cada vez en mayor número.
Aunque también hay quienes optan por la comodidad que ofrece una docena de buenos hoteles, con tarifas de 120 a 150 dólares diarios y para los que se debe reservar con dos meses de anticipación.
Y todo este movimiento, ¿a qué obedece? Pues a la pesca deportiva. Aquí, en cualquier época del año se obtienen excelentes ejemplares de dorado, sierra, corvina, cabrilla, garropa, cochi y otras tantas variedades de una larga lista que justifican que el Golfo de California sea considerado internacionalmente como el mayor vivero de fauna marina en el mundo.
Toda una flota de embarcaciones modernas funciona a lo largo del año para dar abasto a la demanda de los pescadores procedentes de Estados Unidos y Canadá.
Aun cuando la población local ya es de unas 15 mil personas, San Felipe sigue siendo un gran campamento pesquero pero ya cuenta con instalaciones formales para realizar todos los servicios básicos, incluyendo los bancarios y comerciales.
¿Y qué es lo que hay que hacer en San Felipe? Primero que nada, sudar como locos porque el calor va en serio, 38 grados a la sombra, y sin mucha brisa que lo alivie.
Temprano por la mañana, o cerca del atardecer (¡qué paisaje celeste!), se te antojará dar un buen paseo por la playa o nadar a tus anchas entre un oleaje amigable.
Casi enfrente te despertará la curiosidad un gran promontorio peñascoso. Es la Roca Konsag (por el misionero jesuita Ferdinand Konsag). Además, los lancheros estarán listos para llevarte, en un viaje de 40 minutos, a explorar la isla y ver el espectáculo de los lobos marinos, las focas, y las aves marinas que aquí tienen su campo de aterrizaje.
Para llegar a San Felipe, cuya entrada anuncian dos enormes arcos blancos, hay que bajar 150 kilómetros desde Mexicali, pasando por el Valle de los gigantes, hogar de los cactos más altos del el mundo, los cardones de hasta 20 metros de altura.
El dato enciclopédico: aquí los hippies enriquecieron su lema: “Paz, amor y tacos de pescado”.
hmoller@mollermail.com
Fuente: Periódico Reforma
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