UN DÍA EN UN SÓTANO ENTRE LAS NUBES
10.21.05 - Leído 943 veces. Enviar esta notaAdriana Domínguez y Miguel Á. Hernández Mendoza
Planeta Azul
El Sótano del Barro, una de las once zonas núcleo situada en la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda
Desde aquella entidad queretana, entrada la madrugada y en punto de las tres de la mañana, salimos el grupo de reporteros de Planeta Azul del centro de Jalpan de Serra con destino al poblado de Santa María de Cocos, en donde se encuentra uno de los lugares de mayor atracción para los turistas y ambientalistas, el Sótano del Barro, una de las once zonas núcleo situada dentro de la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda, al norte de ese mismo estado.
Así, tomamos la carretera que va de Jalpan hacia Río Verde; aproximadamente fueron 60 minutos los que transcurrieron para llegar al lugar, el cual nos hospedara durante algunos minutos antes de emprender el camino, sierra arriba, para llegar a un maravilloso lugar que alberga algunos ejemplares de una de las especies que hoy en día se encuentra en vías de extinción: la guacamaya.

Para aumentar las posibilidades de avistamiento, fue necesario salir temprano y subir durante casi dos hora en mulas o machos, una clase de equino muy resistente a este tipo de trabajo que, además, nos aseguraron el ascenso en la cambiante vegetación -a medida que ascendíamos- entre piedras y lodo, y ante la escasa luz del Sol con la que sólo nuestros rostros podían percibir el roce de las nubes a esa altura.
En el transcurso del camino y a punto de llegar al Sótano del Barro, esa extraordinaria y majestuosa formación geológica de gran tamaño -de aproximadamente 200 por 400 metros de diámetro, con una profundidad de 450 metros- ubicada a la mitad del cerro que lo alberga, el amanecer se hizo presente, y algunos rayos de luz comenzaron a aparecer, con lo que nos fue posible observar la elevación de la niebla, en particular, de aquella que envolvía al Sótano del Barro y que, hasta ese instante, impedía asombrarnos de cuan pequeños somos ante la imposibilidad de ver su fondo, cuya caída, según nos contaron los amigos del Grupo Ecológico Sierra Gorda, es uno de los más largos del mundo que, además, sirve de refugio para la última colonia de guacamayas verdes del centro de México.

Una vez iniciada nuestra aventura, observamos la boca del Sótano que se encuentra cubierta por encinos, con la característica humedad del bosque y altitud que logran esta armonía.
La mezcla de rocas que aparentan haber sido rebanadas, pintan de color marrón y beige. En el lugar, la vegetación es abundante, de toda clase; árboles por todos lados, incluso, en las paredes verticales del Sótano adquieren una belleza sin igual.
La mañana estaba en su plenitud cuando de nuevo la niebla amenazaba con impedirnos el avistamiento de las aves, pero el ruido que hacían alentaba al equipo a esperar. Poco más de 40 minutos fueron suficientes para que el clima favoreciera el espectáculo y la primera pareja de guacamayas se posara frente a nuestros ojos.

La distancia a la que nos encontrábamos nos motivó a acercarnos unos metros más al primer encuentro, movimiento que realizamos con sumo cuidado debido al vértigo que puede ocasionar la magnitud del lugar y el respeto que impone la naturaleza ante este tipo de panoramas.
Al parecer, el equipo de Planeta Azul tuvo suerte, comentó Rogelio, uno de los guías que nos acompañó, pues comentó que han habido ocasiones en que la gente sube desde muy temprana hora y le es imposible lograr ese contacto visual tan anhelado; hay quienes suben y a los pocos minutos, y muy de cerca, logran el objetivo, como fue nuestro caso.
Una vez situados, los ahí presentes preparamos cámaras y esperanzas para lograr el mayor número de avistamientos posibles; por lo pronto, iniciamos nuestro desayuno en lo alto de la sierra, en medio de la naturaleza y en los filos del Sótano.

Durante nuestra estancia en la cima de la sierra fue posible ver a varias de estas aves en su propio hábitat, un espectáculo realmente maravilloso y en un lugar majestuoso como el Sótano, frente a la variabilidad del clima, la interacción del hombre con las nubes y la naturaleza.
Pero como todo en la vida, cada una de las especies que habitamos este planeta tenemos un depredador, y esta no fue la excepción, parte del espectáculo fue observar la forma en que las guacamayas sortean la vida. En el escenario apareció un halcón peregrino, y fue entonces cuando los guías nos explicaron la razón por la que siempre vuelan en pareja. Bien se dice que la unión hace la fuerza, y esa es la manera en que ellas se protegen.

Sin percibir el acelerado paso del tiempo, minutos después del medio día, cada uno de los asistentes montamos, ahora, caballos, pues según nos dijeron son estos animales quienes realizan mejor el descenso sin tanto golpeteo. Fue hasta ese momento que gracias a la plenitud de la luz del día, nos percatamos de lo complejo del camino, mismo que nos hubiera resultado difícil subir sin el apoyo de los animales, pero que también nos permitió admirar la diversidad vegetal y el paisaje del pueblo a las faldas del cerro.
Transcurrió una hora y media para llegar de nuevo a Santa María de Cocos, en donde ya nos tenían preparado un suculento almuerzo.

Rogelio y David, nuestros guías, son nativos de ese lugar, tienen 28 y 15 años de edad, respectivamente, y una de las actividades que realizan para obtener ingresos económicos es la de acompañar a los turistas a la cima de la sierra, actividad que complementan con la agricultura. Son de complexión fornida y tienen buena condición física, pues nos guiaron hasta el Sótano del Barro y ellos lo hicieron a pie y con gran agilidad, demostrando su conocimiento del lugar.
Nos comentaron que este lugar lo visitan turistas de varios países del mundo, pero la mayoría de las personas que llegan son capitalinos mexicanos, y que los que desafortunadamente brillan por su ausencia son los queretenses.
En el albergue que se encuentra en las faldas de la sierra, Don Pastor cobra alrededor de 150 pesos por noche con derecho a una comida, y ahí mismo contactan a los guías y adjudican las mulas por 150 pesos más por cada guía.
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