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“TIRÉ MI CASA POR VARILLA RADIACTIVA”: DOÑA DELFINA

Daniel Blancas Madrigal

Una fuente de Cobalto 60 fue fundida por error con 6 mil toneladas de material de construcción en 1984, lo cual afectó 160 viviendas, según datos oficiales. A 33 años, doña Delfina recuerda cómo llegaron inspectores a advertir del peligro. “Nos salvamos de milagro de tener cáncer”

CIUDAD DE MÉXICO; 31 de agosto de 2017.- En las sobremesas o tardes de charla familiar, de repente le preguntan sus hijos:

“¿Mamá, te acuerdas cuando tuvimos que tirar la casa y nos pusimos todos a llorar?”.

Durante más de 10 años la familia Guerrero Reyes había ahorrado dinero para construir su casa, en la comunidad de Tepatitlán, Hidalgo.

Un día antes de “echar la losa”, cuenta doña Delfina, “vinieron los de Salubridad de Tula a decirnos que por el pueblo se había vendido varilla contaminada de radiación, luego que sacaron su aparato comenzó a dar vueltas la aguja”.

La orden fue tirar todo lo construido: tres recamaras, una salita-comedor, cocina y baño.

—¿Quién lo va a tirar?, ¿y el dinero que hemos invertido? —preguntó don Francisco, hoy de 73 años.

—Ustedes encárguense… Y el dinero se los vamos a recuperar –fue la promesa de las autoridades.

“Pero vino el sismo del 85 y ya ni caso nos hacían… Íbamos a diario a pedir el cheque, hasta que un día nos dijeron que la prioridad eran los afectados del temblor y que si queríamos volver a tener casa, nos pusiéramos a trabajar, que ahorráramos de nuevo”, rememora la mujer.

Crónica encontró esta historia a tres horas y media de la CDMX, en un pueblito inclinado a los festines patronales. Apenas el fin de semana pasado hubo cohetones y castillos. Y se agolparon los puestos de barbacoa, carnitas y pozole…

La mayoría de los hombres trabaja en el campo, o en la refinería aledaña, aunque no es el caso de don Francisco, el jefe de esta familia: durante mucho tiempo fue pailero, pero desde hace más de una década es bolero frente a una clínica de Pemex, a las afueras de Tula. Cobra a 15 pesos la boleada, y en sus mejores jornadas “se avienta 18 o 20 pares” en horario de 9 de la mañana a 5 o 6 de la tarde…

Doña Delfina y su familia en su vivienda actual, en Tepatitlán, Hidalgo.

Doña Delfina y su familia en su vivienda actual, en Tepatitlán, Hidalgo.

Entre diciembre de 1983 y febrero de 1984 se fabricaron alrededor de 6 mil toneladas de varilla contaminada con Cobalto 60 en la empresa Aceros de Chihuahua: 5 mil se distribuyeron en 15 estados de la República y mil fueron exportadas a Estados Unidos.

Todo comenzó en un hospital privado de Ciudad Juárez, donde se ingresó de contrabando una fuente radiactiva en desuso. Meses después, un trabajador aprovechó la falta de control en el sanatorio para venderla como fierro viejo en un deshuesadero. Y de ahí a la fundidora de varilla…  Según datos oficiales, hubo 160 casas afectadas, entre éstas, la de los Guerrero.

“Debieron pasar 15 años más para levantar otros cuartitos y mudarnos al fin a nuestra casa”, narra doña Delfina, cuya especialidad culinaria es el mole de olla.

En Tepatitlán fueron tres construcciones afectadas: dos se demolieron y una todavía es atracción de niños y jóvenes. “La casa radioactiva”, la nombran. O “la fantasmal”.

Cuando los inspectores de Salud ordenaron derribarla, sus dueños se asustaron y huyeron del pueblo.

“Quedó en el abandono y no sabemos si por eso se expandió tanto el cáncer entre los pobladores”, sospecha doña Delfina, de 68 años.

“Ya teníamos cimbrado, listo para colar y llegó esa noticia que nos desdichó la vida… Nos dijeron que debíamos tirar todo desde abajo, que no debía quedar nada”.

—¿Dónde vivían entonces?
—Con mi suegra, aquí mismo en el pueblo, pero andábamos chispados de tener nuestra casita propia. Ya teníamos cinco hijos, nos faltaba espacio. Sentimos re´te feo cuando nos dijeron que estaba contaminada, nos pusimos a llorar, pero ¿qué hacíamos? Era preferible a que nos enfermáramos.

—¿Ustedes conocían qué era la radiación o les explicaron las autoridades?

—Nomás nos dijeron que si no tirábamos nos iba a dar cáncer.

—¿Cómo la tiraron?

—No crea que nos dieron máquinas. A puro marro y pico. Y hasta del cascajo nos tuvimos que hacer cargo, ellos sólo vinieron por la varilla.

—¿Cuánto habían gastado en la construcción?

—Ya ni recuerdo, pero era mucho dinero, porque el terreno no era tan pequeño: unos 250 metros cuadrados. Y mi esposo trabajaba de sol a sol con la idea de terminarla.

—¿Qué institución les prometió que serían compensados?

—Salubridad y Obras Públicas, pero no cumplieron. Sólo nos dieron un poco de varilla, ya de la buena, sin radiación. Insistimos durante muchos meses, nos dábamos nuestras vueltas y hasta al Ministerio Público fuimos a parar, pero al final de cuentas nos dijeron que no: todo el dinero sería para los muertitos del temblor.

—¿Tuvieron alguna afectación física, se sintieron mal?

—Gracias a Dios nada. Todos nos salvamos de milagro.

—¿Y los albañiles?

—Tampoco, al menos que yo supiera… Salubridad nos checó y nos dijo que estábamos bien. De las otras casas ya no supe…

—¿Por qué una de las casas contaminadas quedó en pie?

—Los dueños se fueron, les dio miedo. Nunca la han habitado ni nadie se hizo cargo, hasta las autoridades se olvidaron del asunto.

—¿Y la radiación?

—Tal vez por eso muchas personas del pueblo han muerto de cáncer. Antes ni se escuchaba eso, y ahora puro canceroso. La gente también llegó a comentar que uno de los puentes del tren se había hecho con esa varilla, y tampoco lo tiraron.

—¿Cómo se levantó la familia de ese golpe tan duro?

—Moralmente quedamos por los suelos, pero poco a poco nos levantamos, echándole otra vez al cochinito. Seguimos con mi suegra y nos tardamos otros 15 años en construir tres cuartitos en el mismo terreno. El día que nos venimos, nos sentimos como reyes.

A doña Delfina le gustan los pájaros. Tiene parejitas en tres jaulas. Posa con sus nietos para la foto, ya con su mandil multicolor.

Quizá preparará mole de olla, el platillo favorito de su amado bolero.

Él regresará más tarde de Tula, la tierra donde se dispuso en aquellos años un cementerio nuclear, para enterrar la varilla de Cobalto 60, con todo y los sueños truncos de don Francisco, su esposa y sus cinco hijos…

(La Crónica de hoy)

Publicado por en agosto 31 2017. Archivado bajo 6 Principales, Nacionales. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Los comentarios y pings están cerrados por el momento.

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