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EL CONSUMO DE COMBUSTIBLE Y EMISIONES CONTAMINANTES DE LOS VEHÍCULOS PESADOS

Opinión de Nicolás Domínguez Vergara*

El traslado de carga como madera, papel, vinos, electrodomésticos, ropa, perfumes, muebles, metales, materiales peligrosos, basura, combustibles y agua potables se lleva a cabo por tierra, aire y agua, usando sobre todo vehículos automotores, trenes, aviones y embarcaciones marítimas y de ríos. El medio de transporte que se usa depende de varios factores como es el tipo de carga, el lugar de origen y destino, el tiempo de entrega y el costo del transporte. El transporte por tierra usando vehículos automotores transporta más del 50% de la carga trasladada a lo largo y ancho del país, por lo que es un factor estratégico en las actividades económicas.

Los vehículos pesados son aquellos que tienen una masa de más de 3,857 kilogramos, por lo que existen clases muy diferentes de ellos, como las camionetas pesadas, los vehículos utilitarios como los torton, los “carros” de la basura, los que transportan cemento y los tractocamiones. La mayoría de los vehículos más pesados usan diésel como combustible. Una de las mayores preocupaciones en la industria del transporte de carga es el precio del combustible porque el gasto que las compañías hacen por su compra representa la tercera parte o hasta más de todos sus costos de operación. El precio del diésel aumentó de menos de 6 pesos por litro en enero del año de 2007 a un máximo de 17.36 pesos por litro el 14 de mayo de 2017. Por esta razón, a los vehículos pesados se les sobrecarga para disminuir el costo del transporte.

Los vehículos pesados que más se usan para transportar carga son los tractocamiones con uno o dos remolques. Estos vehículos transportan cargas de varias toneladas a lo largo de las carreteras del país, desafortunadamente muchos de los vehículos que circulan tienen una masa de más de 75,500 kilogramos y tienen una longitud de más de 31 metros violando los límites legales.

Es necesario y urgente aumentar la eficiencia energética de los vehículos pesados, o sea, el número de kilómetros que recorren por litro de combustible porque México importa más del 50 por ciento del que consume. Un problema relacionado al consumo de combustible es el de las emisiones de contaminantes por el uso del combustible en el motor de los vehículos; estos contaminantes son principalmente bióxido de carbono, óxidos de nitrógeno, óxidos de azufre, hidrocarburos no quemados y partículas muy finas. Los contaminantes listados ocasionan problemas al ambiente, puesto que algunos son gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global y algunos otros causan problemas a la salud. Otro problema importante respecto a los vehículos pesados, sobre todo tractocamiones de doble remolque, es el de la seguridad por su gran carga y dimensiones.

Lo que se puede ahorrar en el transporte de carga depende de varios factores, entre los principales se encuentran la calidad del combustible, la tecnología automotriz, el mantenimiento a las unidades y la capacitación de los operadores. En México hasta el momento no se ha podido proporcionar en todo el territorio nacional un combustible que tenga menos de 15 partes por millón de azufre, mientras que en Estados Unidos y en países europeos sus normas establecen que el diésel debe tener menos de 15 o 10 partes por millón de azufre. Por si fuera poco, en México no se sabe con certeza cuántos vehículos usan en su motor combustible de los huachicoleros y distribuido en varias partes de la República con el fin de disminuir los costos del combustible, aunque dañen parte del tren motriz. Con mejores combustibles se pueden usar motores que consumen menos energía, lo cual es redituable porque en el motor se desperdicia mucha de la energía química que se convierte en mecánica.

Una mejor tecnología automotriz se refiere al uso de vehículos con mejores formas aerodinámicas para ofrecer menos resistencia al aire cuando se mueven sobre todo a altas velocidades, mejores transmisiones, diferenciales y llantas. Sin embargo, el obtener mejores vehículos involucra un costo que muchas compañías de transporte pequeñas simplemente no pueden pagar. Las compañías de transporte más pequeñas se denominan hombre-camión y no tienen los recursos para comprar tractocamiones que cuestan más de un millón de pesos. Esas inversiones sí las pueden realizar compañías de transporte grandes o compañías que se dedican a otras actividades comerciales, pero que tienen su propia flota de transporte de carga. En México la edad promedio de la flota de vehículos pesados es alrededor de 17 años. Al no tener los suficientes recursos económicos el hombre-camión conduce Frankensteins, es decir, vehículos re-manufacturados con partes nuevas o usadas que van reemplazando a las desgastadas y sin dispositivos anticontaminantes efectivos.

México ha implantado programas para disminuir el consumo de combustible y las emisiones de contaminantes de los vehículos pesados, como la de chatarrización y el de transporte limpio. Otro esfuerzo que comenzó a finales del año de 2012 por parte del gobierno federal fue el de elaborar una norma de consumo de combustible y emisiones de gases de efecto invernadero de los vehículos pesados nuevos, sin embargo, a la fecha no se ha podido concretar; para su elaboración es necesario que el gobierno, los fabricantes, las cámaras de transporte de carga, las instituciones de investigación y desarrollo nacionales en el sector transporte, la academia y otros grupos de interés como las organizaciones no gubernamentales se pongan de acuerdo en su contenido, que debe estar respaldado por estudios técnicos sólidos realizados con las herramientas apropiadas.

El costo-beneficio de la norma debe ser claro. Si el gobierno que regula, la industria que será regulada y otros grupos de interés que puedan resultar afectados por la implementación de la norma no se ponen de acuerdo, se tendría una norma como muchas que existen en México, promulgada pero no acatada. La norma que se establezca no solamente debe cubrir la parte de eficiencia energética y emisiones contaminantes sino también la parte de seguridad en las carreteras, porque no necesariamente el vehículo más eficiente es el más seguro.

* Profesor-investigador del Departamento de Sistemas. Unidad Azcapotzalco. ndv@correo.azc.uam.mx

(La Crónica de hoy)

Publicado por en junio 7 2017. Archivado bajo Observatorio Ambiental. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Los comentarios y pings están cerrados por el momento.

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