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OTRO NEGOCIO EN EL BOSQUE

Opinión de María Amparo Casar

Un poco de historia sobre el Bosque de Chapultepec. En 1974 se inaugura la Tercera Sección con una superficie de 205 hectáreas. Mediante una concesión “tramposa”, Hank González otorgó (1982) a la empresa Complejo Turístico, S.A., el uso por 20 años renovables de una superficie de 19,500 m2 para establecer un “balneario para las clases populares” con alberca de olas, chapoteadero y toboganes, con el nombre de Aguas Salvajes (después La Ola y finalmente El Rollo).

En 1981, se había concesionado a la empresa Convimar por 10 años prorrogables con una superficie similar para el parque llamado Atlantis. El primero cerró sus puertas en 2007 y fue recuperado por el gobierno en 2015, tras revocar la concesión por incumplimiento en las obligaciones. El segundo cerró en 2012 y actualmente enfrenta un litigio con el Gobierno de la Ciudad, para la revocación de la concesión.

En 1992, se declaró al Bosque área natural protegida (zona prioritaria para la preservación y restauración del equilibrio ecológico, y sobre las cuales se ordenan medidas necesarias para conservar sus propios elementos naturales) y se anexaron 81 hectáreas más a la Tercera Sección, gracias a la expropiación justificada en la necesidad de recarga de los mantos acuíferos y otros beneficios ambientales.

En 2003, López Obrador declaró al Bosque área de valor ambiental con categoría de bosque urbano y se asignó su administración a la Secretaría del Medio Ambiente del DF. En 2006, el GDF publicó el Programa de Manejo del Bosque en el que se detallaron los usos de cada sección, señalando que la Tercera Sección es un área cuya vocación esencial es la de conservación de valor ambiental.  Creímos que la Tercera Sección había quedado, por fin, a salvo. Pero no. Cada gobierno tiene sus intereses y sus necesidades para hacerse de dinero a costa de lo que sea: del medio ambiente y de la ley.

Ahora resulta que el 28 de octubre de 2016, la Secretaría del Medio Ambiente lanzó una convocatoria para convertir en parque recreativo y cultural “un predio abandonado de la Tercera Sección”. Aunque la extensión del predio mañosamente no se especifica, por declaraciones de la propia autoridad sabemos que la superficie es la que corresponde a la de El Rollo. La concesión sería por 20 años. En la convocatoria se establece que “La fecha límite de registro será en el plazo de 5 (cinco) días hábiles contados a partir del día siguiente a su publicación en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México”. No sabemos a quién se busca beneficiar, pero sí que los requisitos de la convocatoria (amplísimos y detalladísimos) NO pueden ser cumplidos en ese plazo, salvo que se haya otorgado al posible beneficiario la información por adelantado.

Sorprende que en la propia convocatoria se afirme que la Tercera Sección es ya una “zona impactada ambientalmente”, para después dar paso a la posibilidad de una mayor afectación en lugar de mantener su vocación ecológica. Pero, por fortuna, el numeral 7.4 de la convocatoria dice textualmente que: “En cualquier momento, el Gobierno de la Ciudad de México podrá cancelar esta Convocatoria, sin responsabilidad alguna”. Con base en esta disposición, la delegada Xóchitl Gálvez, el presidente del Club de Industriales y un conjunto de organizaciones ciudadanas han pedido al jefe de Gobierno que el predio en cuestión no se concesione a un particular y que el área sea reforestada. Los que esto solicitan han hecho un espléndido trabajo calculando que el retiro de las estructuras y construcciones de esa superficie (que son un pasivo ambiental para el bosque) tendría un costo de aproximadamente 1.8 millones de pesos y la reforestación de 2.4 millones. Es obvio que esta cantidad no representa un gasto significativo ni incosteable para el Gobierno de la Ciudad. Estas organizaciones coinciden en que la superficie en cuestión no puede dejarse como está, pues está causando un daño ambiental y porque se ha convertido en una “zona de maleantes y vividores”. Por eso, y ante los comentarios de la secretaria del Medio Ambiente, Tanya Müller, quien sostiene que la concesión es necesaria, dada la precaria situación que guarda el espacio conocido como El Rollo, han puesto en pesos y centavos el costo del rescate de la superficie que quiere concesionarse. Con ello quieren mandar el mensaje de que la sociedad organizada está dispuesta y puede hacerse cargo de lo que al parecer ellos no pueden y que la concesión de El Rollo no es solamente innecesaria, sino también indeseable.

Es importante recordar que la Ciudad de México proporciona a cada habitante 5.4 m2 de área verde, muy por debajo de los parámetros internacionales, que sugieren una extensión de 9 a 16 m2 por habitante, y considerar que la vocación de la Tercera Sección del Bosque de Chapultepec es la de bosque urbano, por lo que esta zona es vital para la recarga de los mantos acuíferos, además de que su reforestación es indispensable para la disminución de la contaminación ambiental por la captura de carbono.

No se trata de oponerse sin dar solución. Estamos ante un caso en el que los ciudadanos ven el mal, idean el remedio y proporcionan el trapito.

Twitter:@amparocasar

(Excelsior)

Publicado por en marzo 13 2017. Archivado bajo 6 Principales, Observatorio Ambiental. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Los comentarios y pings están cerrados por el momento.

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