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POCO EFECTO EN CONTAMINACIÓN Y DEMANDA POR BAJA EN GASOLINAS

Arturo Ramos

La demanda de gasolina y la emisión de contaminación derivada de su uso se verá muy poco afectada por la reducción en el precio del combustible, según se desprende de las proyecciones de economistas e investigadores que, durante la última década, han estudiado la demanda del carburante producido por Pemex desde el ámbito de la economía o bien en busca de impactos ecológicos.

MÉXICO, D.F.; 29 diciembre 2015.- A partir de un enfoque económico, pueden simplificarse estas conclusiones en términos de que la gasolina se ha convertido en un bien que se comporta como aquellos de primera necesidad (por ejemplo, el pan) cuya demanda se mantiene constante y sólo disminuirá ante alzas extraordinarias de precio.

A pesar de la percepción general del ciudadano durante el último lustro, la tesis central de los estudios es que el precio del litro de gasolina no modifica sustancialmente la demanda.

En el caso de las gasolinas de Pemex, las alzas acumuladas entre 2010 y 2015 a la Magna y la Premium fueron del 54 y 42 por ciento respectivamente, en donde la primera gasolina disminuyó 15 por ciento en la demanda diaria, en tanto la Premium aumentó 178 por ciento por el incremento de motores turbo de nueva generación. En 2015 la gasolina Magna domina el mercado en proporción de 3 a 1 sobre la Premium.

Uno de los estudios revisados por Crónica, firmado por Orlando Reyes, Roberto Escalante y Anna Matas, estableció en 2010 que la demanda está más ligada al crecimiento económico que al precio del carburante.

En aquel año, los autores estimaron que la tasa de crecimiento del PIB más probable rondaría los 2.6% y 4.6% anuales, lo que elevaría la demanda cerca del 4% anual. El escenario de estos investigadores resultó excesivamente halagüeño ya que el promedio real de crecimiento de 2010 a la fecha quedó por debajo.

Sin embargo, el modesto dinamismo económico tendió a estancar la demanda de gasolina, tal y como se desprende de su modelo de crecimiento más discreto.

En tanto, el estudio elaborado recientemente por Armando Sánchez, Suriel Islas y la ex secretaria de medio ambiente del DF, Claudia Sheinbaum, determinó que “un aumento en el ingreso (en las personas) implica mayor gasto en gasolina solamente para los deciles de bajos ingresos (de la población). Un aumento en el precio de la gasolina, aun cuando representa una disminución de la demanda de gasolina en todos los deciles, tiene mucho mayor impacto en los deciles de menor ingreso, es decir, los hogares de altos ingresos son más inelásticos al precio de la gasolina. No obstante, los cinco deciles de menores ingresos tan sólo representan 16% de la demanda total de gasolina”.

En torno a un impuesto ecológico. El Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático difunde desde hace años señalamientos en torno a que los subsidios a las gasolinas que existieron en México eran socialmente injustos.

Como parte del paquete de documentos “Enseñanza de Río+20 para México” (en referencia a la Conferencia de la ONU sobre el Desarrollo Sostenible que tuvo lugar en Río de Janeiro, en 2012), la presentación de John Scott señaló que los subsidios a combustibles en México estaban “entre los más altos del mundo. El precio al público de la gasolina entre los más bajos en la OCDE, las economías emergentes, y la gran mayoría de los países de América Latina y el Caribe. Sus costos incluyen impactos ambientales, pero también un enorme costo de oportunidad social en una país con baja capacidad fiscal, bajo crecimiento y alta desigualdad: apoyos al gasto corriente de estratos medios y altos, que pudieron haber sido invertidos en infraestructura para el crecimiento y servicios básicos, protección social o transferencias directas dirigidas a los más pobres”.

En estos estudios también es evidente la convicción de que el verdadero motor de un mayor consumo de gasolina (y mayor emisión de contaminantes) es que haya mayor ingreso en las personas.

Luis Miguel Galindo y Enrique Salinas, indicaban en un estudio publicado en 2005 que “el precio de este producto puede utilizarse para controlar el nivel del consumo pero que deben también contemplarse que los movimientos en el ingreso se traducirán inevitablemente en cambios en el monto del consumo”.

Concluyeron que la baja elasticidad-precio, es decir, la escasa reducción de la demanda de gasolina originada por el alza del precio, señalaría que para lograr una reducción sustancial en el consumo a través del precio, es indispensable que el aumento del costo por litro fuese muy importante (muy superior a lo que hemos vivido) y estuviera asociado a medidas adicionales.

El gobierno mexicano estableció como una estrategia la eliminación de subsidios (calificados de ineficientes) al uso de combustibles fósiles. Esto derivó en el aumento gradual de la gasolina, pero la rápida disminución en el precio del petróleo terminó por llevar el precio del carburante a un nivel similar al precio de venta sin subsidio.

El costo del subsidio llegó a representar cuatro veces más que la inversión en el Programa Oportunidades, según cálculos del propio INECC, además de considerarse profundamente regresivo, es decir, con impacto en los estratos de ingresos mejor acomodados de la sociedad mexicana.

(La Crónica de hoy)

Publicado por en diciembre 29 2015. Archivado bajo 6 Principales, EcoNegocios. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Los comentarios y pings están cerrados por el momento.

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