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COLIBRÍES, POLINIZADORES INDISPENSABLES

El libro Colibríes de México y Norteamérica, fomenta la ciencia ciudadana en la búsqueda de una mayor generación de datos sobre las aves encargadas de polinizar más de mil especies de plantas

MÉXICO, D.F., 2 diciembre 2014.- En el siglo XIX los colibríes lograron cruzar hasta Europa, pero no gracias al llamado de la naturaleza, sino de la moda victoriana.

Las pequeñas aves disecadas adornaban sombreros en un forzado nido que compartían con plumas de quetzal y flores de seda.

Eran vistos como un manjar exótico listo para recrear la vista en un estupendo tocado extraído de tierras lejanas

Los colibríes eran vistos como un manjar exótico listo para recrear la vista en un estupendo tocado extraído de tierras lejanas. Cuando los continentes se separaron hace miles de millones de años, las diferentes especies de animales se confinaron a ciertos ambientes en los que encontraron mejores condiciones de adaptabilidad.

María del Coro Arizmendi Arriaga, doctora en ecología y coautora del libro Colibríes de México y Norteamérica, recientemente editado por la CONABIO y la UNAM, señala que estas aves se originaron en Eurasia.

Se han encontrado fósiles que así lo atestiguan, pero finalmente estas aves quedaron confinadas exclusivamente en el continente americano. Hoy existen 330 especies y en México habitan 57.

La tentación de poseer un colibrí sigue latente. Probablemente sus virtudes polinizadoras son las que los han hecho encarnar diversos mitos sobre sus propiedades en asuntos amorosos. Aún siguen vendiéndose en mercados como fetiches de plumajes iridiscentes, pero estas ventas furtivas en realidad no representan un problema para sus poblaciones. Sus enemigas son las presiones antropogénicas.

Humberto Berlanga García, también autor del libro y ornitólogo con más de 25 años de experiencia, señala que la deforestación y la pérdida en la calidad del hábitat son cuestiones que afectan a la mayoría de las aves, principalmente por cambios del área natural a terrenos para agricultura y ganadería.

El especialista señala que una especie residente, la que permanece durante todo el año en un mismo sitio, tiene mejor adaptabilidad a cambios locales. Las poblaciones que migran a través de grandes latitudes tienen otros riesgos, como la mortandad por depredación y agotamiento al no encontrar la disponibilidad de alimento sobre el que van trazando sus rutas.

Otros expertos también señalan al cambio climático como un peligro latente para la conducta migratoria de las especies. Actualmente el colibrí que emprende uno de los recorridos más largos del continente es el zumbador canelo.

Con un peso que fluctúa entre los tres y cuatro gramos, y una altura que no rebasa los nueve centímetros, este colibrí se desplaza en rutas siguiendo la floración de las plantas que los alimenta. Por su tamaño, no pueden acumular la suficiente energía para volar durante mucho tiempo, así que realizan pequeños tramos condicionados por los recursos existentes.

Democratizando la ciencia

La acción de los voluntarios ligados a programas de ciencia ciudadana ha sido fundamental para realizar un conteo de especies. Berlanga señala que desde los años 60 en EU se realiza un censo de aves, cuyos esfuerzos se prolongaron a Canadá.

Desde hace cinco años se está tratando de expandirlo al norte de México, sobre todo por las similitudes de los ecosistemas fronterizos.

Uno de los objetivos del libro es que pueda convertirse en una guía ilustrada que permita al público en general reconocer las especies, según sus características biológicas y los mapas originales de distribución que presenta la publicación. Para los autores, la conservación de una especie finalmente está dada por el interés y la participación real de la población en su protección.

“Nosotros verificamos la información y la utilizamos para documentar y hacer modelos. Hay gente que sin tener una especialización, desarrolla una poderosa capacidad para identificar especies y puede ser puesta al servicio de la ciencia, mientras el ciudadano se divierte”, señala Berlanga.

Según Arizmendi, en la actualidad fomentar el interés por las especies polinizadoras es de vital importancia: “Sabemos que los colibríes polinizan más de mil especies de plantas en nuestro continente. Esta relevancia ecología es también económica”, dice la investigadora y agrega que las fuertes disminuciones en grupos de abejas en todo el mundo han subrayado el papel de otros polinizadores, como los colibríes. “Una crisis en este tipo de especies, significaría una crisis en la alimentación mundial”.

Las poblaciones de abejas han bajado en el mundo por diferentes razones, como el uso indiscriminado de los pesticidas en los cultivos, a los que son más susceptibles por su tamaño, así como el crecimiento de los grupos de abejas africanas.

Berlanga señala que la labor de los polinizadores como un servicio ecológico de alta especialización, también permite que haya un entrecruzamiento genético e hibridación entre las plantas, lo que las vuelve más vigorosas genéticamente.

Territorios y territorialidad

En nuestro país existen dos especies endémicas en peligro de extinción: coqueta de Atoyac y tijereta mexicano. La primera se distribuye en la sierra de Atoyac de Álvarez, en Guerrero. La otra vive en el norte de la península de Yucatán y en el centro de Veracruz. Los especialistas explican que están consideradas en esta categorización porque su rango de distribución es mínimo.

María del Coro Arizmendi señala que el año pasado se intentó hacer un conteo de la coqueta de Atoyac para ver el estado de sus poblaciones, pero desde la guerrilla hasta la presencia del narco y el ejército han dificultado el proceso de observación.

“Es muy peligroso trabajar en esa zona. Se vieron poblaciones abundantes, pero sin la oportunidad de realizar un censo formal. Mientras más fieles son las especies a un lugar, más vulnerables son”.

La capacidad de revoloteo de los colibríes tiene que ver con sus hábitos de cortejo y patrones alimenticios. Su vuelo les permite desplazarse prácticamente en cualquier dirección y alcanzar exitosamente su fuente de alimento.

En el Distrito Federal el colibrí más común es el berilo, seguido por el colibrí pico ancho. “Este último era muy común en la Ciudad de México, pero sus números han caído porque le ha ganado la territorialidad del berilo, quien ha monopolizado los recursos alimenticios.

Se calcula que un bebedero artificial equivale a 2 mil 500 flores, pero es recomendable mantenerlos limpios y libres de mezcla fermentada, así como utilizarlos sólo en zonas sin naturación. Durante la época de reproducción, generalmente en verano, prefieren alimentar a sus polluelos con una mezcla de néctar e insectos que les permite abandonar el nido más rápido, de 15 a 20 días después de depositar los huevos.

La autora enfatiza que el principal reto de conservación de una especie es que la gente quiera contribuir a su cuidado. “Existen muchas especies que por rasgos culturales o biológicos son asociadas con cuestiones negativas, como las tarántulas o las serpientes, pero generalmente la gente identifica a los colibríes con cosas positivas. En este sentido es una especie afortunada”.

(El Universal)

Publicado por en diciembre 2 2014. Archivado bajo 6 Principales, Entre líneas. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Los comentarios y pings están cerrados por el momento.

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